Ventana a la Tierra Media – Recensión: “De los Anillos al Señor en J.R.R. Tolkien. Una aproximación con afecto”. ¡Aumentada la recensión!

Eleuterio Fernández Guzmán

 

De los Anillos al Señor en J. R. R. Tolkien – Una aproximación con afecto, del P. José Miguel Marqués Campo

Traemos hoy al blog un libro especial. Y lo es porque trata de un autor tan especial como es el profesor J.R.R. Tolkien. Lo ha escrito un sacerdote, de la Archidiócesis de Oviedo de nombre José Miguel Marqués Campo, que estuvo encargado, durante cinco años, de conducir el programa sobre el Compendio del Catecismo en Radio María.

En primer lugar, vamos a reproducir el “Reprólogo” escrito por quien esto presenta (digamos que como editor del libro del que hablamos) para, luego, reproducir el Prólogo escrito por el autor del libro en cuestión.

“Reprólogo

Ciertamente, cuando alguien tiene una idea que puede aprovecharse no se le puede hacer ascos a la misma porque, reconociendo el esfuerzo, vale la pena servirse de ella, agradeciendo, claro está, tal intención y logro.

Este es el caso de Luis Enrique de la Villa Gil que, en el libro de título “El Derecho en Tolkien”, escrito por José María Miranda Boto y publicado por Ediciones Cinca (2017) hace uso del término “Reprólogo” para hacer lo mismo que el Prólogo pero dejando el segundo, lógicamente, a las manos escritoras del autor del libro que se ocupa del contenido y del qué de su texto mientras que en el reprólogo se abunda en lo que puede afectar, en lo bueno, a quien lo escribe, el citado libro. Y eso mismo hacemos nosotros avisando, de antemano, acerca de que lo que aquí es de importancia es el que viene después, el Prólogo que, escrito por el P. José Miguel Marqués Campo dice mucho de la génesis de su texto que ahora reprologamos.

Hace ya algunos años que el que esto escribe conoce, no personalmente pero, como tantas veces pasa hoy día, mediando formatos de conocimiento, digamos, especiales (vía emisora de radio, vía medios internáuticos, etc.) al P. Marqués. Y nos honramos, verdaderamente, con tal conocimiento aunque el mismo no sea, por decirlo así, de largos años ni de largas conversaciones.

Cuando llegó a nuestras manos el trabajo original que nos envió el P. José Miguel, no podemos negar que nos ilusionó recibir de un sacerdote que dirigía un programa en Radio María en el que trataba más que bien el tema del Compendio del Catecismo, programa del que fue Director desde el 1 de octubre de 2007 al 1 de octubre de 2012. Y es que, a quien poco conoce a un escritor como J.R.R. Tolkien que haya quien le ilumine el camino, no podemos negar, está más que bien. Y eso es lo que pasó con aquel trabajo, de título “El catolicismo en Tolkien y en El Señor de los Anillos. Una aproximación con afecto” pues tal era, y es, la intención primera y última de su autor.

Es bien cierto que, dadas las circunstancias por las que pasó el citado texto, que ahora se titule como se hace en este libro, es digno de tener en cuenta porque es bien cierto que da forma al programa de Radio María al que hace referencia el P. Marqués en el Prólogo de este libro.

Al respecto del contenido del texto que aquí traemos, es bien cierto que Tolkien no quería ser un autor católico, digamos, expreso. Es decir, que no tenía su obra escrita la intención de hacer apologética católica como se puede hacer en otros ámbitos y de otras formas. Sin embargo, a tenor de lo que se puede leer en el libro del P. Marqués, el catolicismo del profesor inglés es evidente y dice mucho más del mismo con la forma de escribir que si lo hubiera expresado de forma, digamos, más cruda. Al fin y al cabo, lo que se ha de buscar en obras que no son, en sí mismas, teológicas y apologéticas es otra forma de decir las cosas queriendo decir, y diciendo, lo mismo. Y eso es lo que hace el autor de El Señor de los Anillos, El Hobbit, El Silmarillion, etc., cuando el sustrato del mismo y, claro, la tierra sobre la que se siembra la semilla de la fe católica es tan buena como es la que sostiene a alguien que, como J.R.R. Tolkien era de fe tan sólida y arraigada en un corazón noble y fiel.

Sea bienvenido, pues, este libro donde el P. José Miguel Marqués Campo, a la sazón sacerdote en la Diócesis de Oviedo, tan profundamente nos habla de algo que, a primera vista, podría creerse ser sólo literatura. Y es que, como sabemos, los caminos de Dios son inescrutables…”

Reproducimos, ahora, el Prólogo del libro aquí traído donde se explica, más que nada, el origen del texto que aquí traemos hoy. Y lo hace su autor, el P. José Miguel Marqués Campo.

“Prólogo

“Hacia finales del año 2003, recibí una amable invitación de la Librería San Pablo de Oviedo (Asturias—España) de hacer una conferencia sobre J.R.R. Tolkien y las influencias del catolicismo en su vida y en su obra literaria. El motivo fue por las veces que un servidor visitaba dicha librería y solía hacer referencias al respecto.

Entre otras cosas, siempre les sugería a que procuraran poner los libros de Tolkien bien a la vista, pues están llenos de espiritualidad católica. Eso había intrigado a la directora de la librería y fue cuando tuvo la amabilidad de hacerme la invitación… Se comenzaron, pues, las primeras consideraciones y redacciones el 27 de diciembre de 2003, festividad del Apóstol San Juan, dentro de la Octava de Navidad, una fecha providencial.

Y tal conferencia finalmente tuvo lugar el 5 de marzo de 2004, felizmente con notable asistencia de todas las edades.

El ensayo llegó a compartirse por Internet, en sitios dedicados a Tolkien y a su literatura. Asimismo hubo interés por parte de la prensa local en hacer entrevistas sobre el tema. Tras una primera revisión, en mayo de 2004 llegó al blog elfenomeno.com, donde hubo ocasión de intercambiar interesantes comentarios y pareceres con los lectores de dicho blog.

Hubo una segunda revisión en 2009, ampliando contenidos, llegándose a publicar en 2010 como artículo en dos partes en la revista católica tradicional, Verbo, dedicada al derecho natural y social.

Una tercera revisión en los años 2012-2013, muy ampliada en contenidos, llegó a ser la base para la amable invitación de Radio María España a realizar una miniserie radiofónica especial sobre Literatura y Fe. En total se grabaron siete episodios de unos 55-minutos cada uno, que se pueden pedir a Radio María para escucharlos en formato de audio mp3.

Fue la providencial ocasión para cambiar el título, pasando a llamarse De los Anillos al Señor en J.R.R. Tolkien: Una aproximación con afecto… que sin lugar a dudas es más indicativo de su contenido, amén de resultar muy sugerente…

En la Cuaresma de 2017, recibí otra amable invitación a dar otra conferencia al respecto en la parroquia de San Félix de Lugones, muy cerca de Oviedo. Pero para entonces, con las tres revisiones y ampliaciones de contenidos, era demasiado larga de modo que se abordaron sólo algunos de los grandes temas, aunque muy por alto.

Así, pues, amigo lector, tras unas pequeñas correcciones, la versión publicada ahora en 2019 es sustancialmente la misma versión radiofónica emitida por primera vez en la primavera/verano de 2013, si bien no es una transcripción literal de la misma. Con todo, en la opinión personal de un servidor, la versión radiofónica es la mejor de todas, si bien ésta que tiene en sus manos, es la versión escrita que más se asemeja a aquélla.

Quiera el Señor conceder la gracia al lector de acercarse más a Él, gracias al inspirado corazón y mano de J.R.R. Tolkien…”

Cierto es que este libro vale mucho la pena porque se adentra en lo que Tolkien pensaba, en el fondo, acerca de aquello que había escrito y estaba escribiendo. Y es que hay por ahí quien piensa que de la obra de J.R.R. no puede extraerse nada que vaya más allá de lo literario o lingüístico. Pues bien, este libro demuestra que eso no es cierto. Pero nada de nada.

Les ponemos, aquí mismo, el índice del libro, avisando, de antemano, de que se puede conocer mejor a Tolkien, aunque no se sea creyente, leyendo esta obra.

Reprólogo

Prólogo

Introducción

1. Tolkien: el hombre detrás del mito cristiano

2. El Señor de los Anillos: la Verdad cristiana detrás del mito de Tolkien

Sobre El Silmarillion

Sobre La Comunidad del Anillo

Sobre Las Dos Torres

Sobre El Retorno del Rey

Pero como, con justicia, un lector de la recensión me ha dicho, falta algo que aporte, digamos, algún dato distinto a lo que contiene tanto el Reprólogo como el Prólogo. Por eso, pongo algunos ejemplos de lo que el autor del libro, el P. José Miguel Marqués Campo, ha dejado dicho. Y perdonen si me extiendo demasiado…:

-Sobre la subcreación de Tolkien:

“Pero la sugerente teoría literaria de subcreación de Tolkien, es asimismo de gran raigambre bíblico-teológica. Así como Dios Creador, al principio, creó todo de la nada con su Palabra todopoderosa, haciendo que por la Palabra empezaran a existir las criaturas, según la dinámica litúrgica-semanal de siete días del relato del libro del Génesis 1: Y dijo Dios… y se hizo, así también un autor inspirado que es sub-creador, hace que por su palabra empiecen a existir los personajes y los lugares. Y Tolkien dijo que exista la Tierra Media, que existan los hobbits y que exista La Comarca, y se hicieron, es decir, empezaron de hecho a existir como creación literaria—o para ser más exactos, como subcreación literaria. Pero la Tierra Media—sus personajes, sus pueblos y razas, su variada geografía y su épica historia—es real aunque sea una ficción literaria, porque todo empezó a existir literariamente por la fuerza sub-creativa de la palabra de un autor católico e inspirado como lo fue Tolkien.” (p.15)

– Sobreabundando sobre este tema, nos dice esto que sigue:

“Nuestro autor no era formal ni propiamente un filósofo ni teólogo, era un extraordinario filólogo, pero ante todo era profundamente católico, de alma, cuerpo y corazón, y por tanto conocía muy bien la dinámica de la Creación que aparece en Gn 1, 1-5: Al principio creó Dios los ciclos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía, y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día y a las tinieblas llamó noche, y atardeció y amaneció, día primero (Gn 1, 1-5) y en Jn 1, 1-3: Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba al principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho (Jn 1, 1-3). Así como en el principio sin principio, sin comienzo en el tiempo, existía el Verbo o la Palabra eterna, el Autor de la vida, y luego fueron creadas todas las cosas—según la expresión de S. Pablo, por Cristo, en Cristo y para Cristo (Col 1, 12-20), así también existe en el principio la palabra del autor humano, y luego surge su subcreación literaria. Así como en la tradición judeocristiana, el acto de crear le corresponde sólo a Dios Creador, creando de la nada, al tratarse de un autor humano y no el Autor divino, la palabra de tal autor humano no “crea” propiamente, sino que “sub-crea”, es decir, crea por debajo de la Creación de Dios como decimos, pero que eso mismo es una cierta participación, por gracia, de la creatividad divina. Y así como el eterno Verbo o eterna Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14), la palabra temporal del autor humano se hace relato literario que permanece entre nosotros.” (p. 21)

-También, sobre la presencia tácita del Creador en las páginas de El Señor de los Anillos:

“D. Eduardo Segura Fernández, de 45 años de edad, Profesor de Humanidades en distintas Universidades Católicas de España, y cuya tesis doctoral se centró en un análisis narratológico de El Señor de los Anillos y la teoría literaria de Tolkien. Hablando conmigo en cierta ocasión, me comentó que era realmente impresionante cómo Tolkien pudo escribir una novela tan larga y sobre una aventura de dimensiones tan épicas, sin mencionar expresamente a Dios, pero cuya presencia se podía percibir en cada página de El Señor de los Anillos…” (p. 29-30)

– Y sobre lo que el catolicismo tiene que decir al respecto de ciertas realidades que contiene El Señor de los Anillos:

“El final de El Señor de los Anillos es un triunfo de la Providencia sobre el Destino, pero también el triunfo de la Misericordia, en la cual el libre albedrío, auxiliado por la gracia, es plenamente vindicado. En términos cristianos, es una plegaria por la perseverancia en el bien obrar hasta el final, a que no sobreestimemos nuestra parte en la historia, y a que nos demos cuenta de que las cosas pequeñas pueden muy bien ejercer un impacto grande en el esquema general de las cosas.” (p. 121)

– Y, ya, por último (tampoco hay que ser, en exceso pesado con las citas) esto que sigue:

“El desenlace de El Señor de los Anillos después de la destrucción del Anillo tiene otro clímax en la progresiva purificación de la Tierra Media. Hay numerosas separaciones y la despedida de Bárbol es muy significativa: Es triste que sólo ahora, al final, hayamos vuelto a vernos. Porque el mundo está cambiando: lo siento en el agua, lo siento en la tierra, lo huelo en el aire. No creo que nos encontremos de nuevo… Pero Galadriel dijo: No en la Tierra Media… {pero} quizá volvamos a encontrarnos… en la primavera. ¡Adiós!

Los miembros de la Comunidad del Anillo se separan: Gandalf se queda para ayudar en los comienzos del reinado de Aragorn, que se casa con el amor de su vida, con la princesa élfica Arwen, que voluntariamente renuncia a su vida inmortal para asumir una vida mortal; Legolas y Gimli se hacen cada vez más amigos, cuando tradicionalmente los Elfos y los Enanos tenían sus diferencias; Faramir, ahora príncipe de las hermosas tierras de Ithilien, se casa con Éowyn, cuyo hermano Éomer sucede a Théoden como Rey de Rohan; y los Hobbits regresan a La Comarca. Pero el realismo de la Tierra Media muestra que, como en la vida misma, las cosas no pueden volver a ser como eran, los acontecimientos traumáticos y el paso del tiempo afectan y cambian las cosas y las personas, al igual que el pecado de Adán y Eva hace imposible un mundo antes de la Caída.” (p. 130)

Ciertamente, resulta difícil sostener que nada se puede deducir, de su catolicismo, de este y otros libros suyos pero, sobre todo, de El Señor de los Anillos. Alegórico no será pero que se entiende mucho, vaya si se entiende.

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