Una llamada al compromiso y la transparencia

Marie Collins, víctima de abuso sexual por parte del clero, formó parte de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores.

Los laicos deben ver acciones concretas y una apertura renovada como consecuencia de esta reunión.

Las dos acciones principales que me gustaría ver en la próxima reunión en Roma son el compromiso para aplicar la coherencia en las políticas de protección y que los participantes y el público estén informados de los procedimientos de responsabilidad que existen para tratar con los negligentes líderes de la Iglesia.

La Comisión Pontificia para la Protección de Menores elaboró un modelo de orientación sobre la redacción de una política de protección que se completó en 2016. La intención era que se proporcionara a todas las conferencias episcopales con la firme recomendación de que lo usaran al escribir sus propios documentos de tutelaje o, si ya tenían una política, para que la revisaran a la luz del modelo y harían los ajustes necesarios para llevarla a la norma estándar.

La Comisión consideró que, si se hacía así, se obtendrían una práctica más consistente y un buen patrón básico para todas las políticas de protección en la Iglesia en todo el mundo, al tiempo que permitiría a cada uno agregar su propio sello local a cada documento.

La Comisión, a través del cardenal Seán O’Malley, discutió este modelo con el Papa Francisco, y él estuvo de acuerdo en que la iniciativa debía seguir adelante. Sin embargo, por razones fuera del control de la Comisión, no llegó a distribuirse; en cambio, se publicó en el sitio web de la Comisión del Vaticano como un recurso que las conferencias episcopales podrían utilizar, si así lo deseaban.

Yo creo que este documento, elaborado por expertos laicos y eclesiásticos, debería ser traducido a los idiomas necesarios y se debería entregar una copia a cada presidente de la conferencia episcopal que asiste al simposio. Luego, estos deberían comprometerse formalmente a alinear sus propias directrices con las recomendaciones del documento o, si no tienen una política, escribir una que incluya estos procedimientos para una mejor práctica. Esto daría consistencia a toda la Iglesia en sus medidas de tutelaje.

Cuando hablé con el Papa en agosto, en Dublín, le pregunté acerca de la responsabilidad del liderazgo de la Iglesia. Me explicó que su motu proprio “Como una madre amorosa” estaba siendo puesto en práctica.

Tener a los líderes mundiales juntos en Roma sería una excelente oportunidad para aclararles las consecuencias que sufriría cualquier líder que no hubiera tratado adecuadamente los casos de abuso, especialmente la protección del responsable.

Las medidas establecidas para investigar, juzgar y sancionar a cualquier obispo negligente deben estar a disposición de los participantes. No quedarles ninguna duda sobre el hecho de que estos procedimientos están establecidos y ya se están aplicando.

Los laicos tienen muchas esperanzas en que salgan unas acciones concretas de esta reunión. Mi temor es que esta cumbre termine sin que se anuncien medidas firmes. Por eso me gustaría ver que se tendrán en cuenta estas dos propuestas que he explicado.

Si se pudiera demostrar que los obispos de todo el mundo se han comprometido a incorporar las mejores prácticas, según lo recomendado por los expertos de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, en sus políticas de tutelaje y se obtuviera una explicación clara de las medidas para pedir responsabilidades que están establecidas y que están aplicando, sería un avance positivo.

Otra decepción para aquellos que invierten tanta esperanza en esta reunión sería un desastre para la Iglesia.

Traducido por Pablo Rostán para InfoVaticana.

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