Un paso adelante en materia de inmigración

La mayor parte de los 11 millones de indocumentados en los Estados Unidos han estado viviendo aquí durante cinco años o más. Y dos tercios de ellos han permanecido aquí por lo menos una década. Casi la mitad viven en hogares en compañía de su cónyuge e hijos.

Y en estos momentos estamos deportando a muchas personas; tan sólo a más de 2 millones en los últimos ocho años. La mayoría de ellos no son criminales violentos. De hecho, hasta una cuarta parte de ellos son madres y padres, que nuestro gobierno está apresando en hogares ordinarios.

Tenemos que conocer estos “números”. Porque detrás de cada uno de estos números está una persona con esperanzas y sueños y con una familia.

Los políticos y las figuras de los medios hablan de “restañar el flujo de los inmigrantes ilegales”. Y la realidad es que en nombre de la aplicación de nuestras leyes, estamos deportando al padre de alguna pequeñita; a la madre de un niño de corta edad.

Nadie está “a favor” de la inmigración ilegal. Una nación soberana tiene la obligación de asegurar sus fronteras y de determinar quiénes entran en el país y el tiempo que han de permanecer en él.

La crisis actual ha sido causada precisamente y en todos los niveles, porque nuestro gobierno ha fallado en sus responsabilidades, a menudo motivado por las demandas de las empresas de obtener mano de obra extranjera “barata”.

Todos tenemos de qué culparnos. Todos nosotros, en cierta medida, nos estamos beneficiando diariamente de una economía dependiente de los trabajadores “ilegales”. Pero la deportación sólo castiga a los vulnerables: a los padres y madres comunes y corrientes que solamente vinieron aquí en busca de una vida mejor para sus hijos.

En esta temporada política que estamos viviendo, y especialmente a la luz de “Brexit” y de los problemas que enfrenta la Unión Europea, los expertos nos dicen que estamos presenciando una reacción violenta contra los inmigrantes en todo el mundo.

Pero después de casi dos décadas de debate aquí en Estados Unidos, de hecho se ha llegado a una amplia comprensión de estos asuntos e incluso a un consenso acerca de lo que hay que hacer.

Todo el mundo sabe que la inmigración se rige por los ciclos de la economía mundial. Y todos están de acuerdo en que nuestro sistema es deficiente y que necesita ser modernizado para reflejar las realidades del mundo.

Las líneas generales de una reforma auténtica son claras: Necesitamos reformas que aseguren nuestras fronteras contra cruces ilegales y que nos permitan llevar un seguimiento de las personas que viven dentro de nuestras fronteras. Necesitamos reformas que nos permitan acoger a los recién llegados que tengan las características y habilidades que nuestro país necesita para crecer. Tenemos que proteger los derechos de los trabajadores nacidos en el extranjero.

Existe incluso un consenso sobre cómo tratar a las personas indocumentadas que viven entre nosotros. Una Encuesta Marista realizada el año pasado a petición de los Caballeros de Colón encontró un apoyo abrumador para que se les otorgue un camino generoso para alcanzar la ciudadanía, siempre y cuando se cumplan determinados requisitos, tales como el aprendizaje del inglés, el pagar algunas multas y el tener un trabajo en el que paguen impuestos.

El consenso y el camino a seguir son claros. Lo que estamos esperando es que haya políticos y figuras importantes de los medios de comunicación que tengan la voluntad y el valor de guiarnos por este camino.

De modo que, esta semana, oremos por nuestro país y por todos los que están sufriendo a causa de la crueldad y la incertidumbre provocadas por este deficiente sistema de inmigración.

Pidámosle a la Virgen de Guadalupe, nuestra Madre, que inspire a nuestra nación para que ésta acoja a los que vienen aquí para construir una nueva vida y para renovar el espíritu y el fundamento moral de nuestro país a través de los dones de su fe, de su profundo amor por la familia y por sus tradiciones y valores.

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