Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” – Saber lo que nos conviene

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Saber lo que nos conviene

“Sobre la presencia hereditaria del mal pesa un análogo matiz de elección. De un lado está Dios con su fragancia, su perfección ascendente y su perpetuidad. De la cara ésta nos inclinamos por la degradación, el desfondarse y lo corruptible.” (El sillón de ruedas, p. 97)

Ciertamente, Dios da al ser humano, que es semejanza suya, libertad de elección, para escoger entre una cosa y la otra. Y eso nos parece la mar de bien porque desdice de forma total la especie según la cual nuestro Creador nos domina hasta eliminar nuestro ser.

Bien. Sabemos, por tanto, que cuando se plantean dos caminos distintos en nuestra vida… en fin, que podemos y debemos escoger. Pues lo mismo pasa con la fe que tenemos, la católica, y con lo que la misma supone para nosotros.

El Beato Manuel Lozano Garrido que, como es lógico, también tendría que escoger muchas veces a lo largo de su vida, nos dice que sí, que debemos escoger pero habla muy bien acerca de qué puede ser tal elección en materia espiritual.

Que el Mal existe es bien cierto y que, también, en nosotros radica no poco del mismo (de nuestro corazón salen las obras y no siempre son buenas…) es una verdad más que grande.

Dice Lolo que la presencia del mal es hereditaria. Y es que no podemos dudar lo más mínimo acerca de que, en efecto, desde que el pecado entra en el mundo (recordemos… Adán, Eva, la serpiente, etc.) no ha habido día en el que no se manifieste el mismo. Por eso sabemos que hemos heredado una capacidad innata de pecar y, así, de hacer que el Mal no cese nunca de estar en funciones.

Pues bien, a sabiendas de que existe el Mal y que somos sus adalides muchas veces, es más cierto que eso que nosotros debemos saber qué es lo que, al respecto de la elección, nos conviene.

Por muy simplista que pueda parecer esto, es más que verdad que tenemos, de un lado, a Dios; de otro, lo que es el Mal. Y sí, a lo mejor es simple pero es que es la verdad…

A tal respecto, bastaría que tratásemos de comprender lo que supone el Bien, Dios mismo, según nos dice el Beato Manuel Lozano Garrido (Linares, provincia de Jaén, España) y lo otro, lo que supone adherirse al Mal.

Por un lado, Dios es todo lo bueno y mejor. Así nos habla Lolo de su “fragancia, su perfección ascendente y su perpetuidad” y eso supone que escoger a nuestro Creador supone que aceptamos lo que nos lleva a su definitivo Reino, que damos en llamar Cielo porque lo es. Y, entonces, eliminamos de nuestra vida la otra parte, digamos, de ese duelo entre lo bueno y lo malo.

Sí, no podemos aceptar la parte correspondiente de mal, lo que supone bajar a la fosa de la que tanto habla el salmista por querer actuar de forma egoísta y pecadora. No. No debemos querer adherirnos al venirse abajo, a la desesperación, al olvido de Dios. Y no debemos porque eso supone la corrupción de nuestra alma y la corrupción del alma lleva aparejada nuestra perdición que no es que sea temporal (pasa, digamos, y luego…) sino que lo es para siempre, siempre, siempre o, lo que es lo mismo, para toda la vida eterna, la nuestra.

Debemos saber qué es lo que nos conviene. Y lo malo de esto es que, ciertamente, lo sabemos (nadie ignora qué es el Bien y qué es el Mal, por supuesto) pero, dada nuestra naturaleza pecadora, al parecer, no podemos hacer lo que nos conviene sino lo que, sabemos, no nos conviene. Y eso ya lo dijo San Pablo en una ocasión.

Saber, pues, lo que nos conviene espiritualmente hablando a lo mejor no es fácil pero no podemos negar que tenemos mucha ayuda. Y Lolo es una y bien grande.

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