Teología del saludo de entrada en la Eucaristía

Etimológicamente el término liturgia proviene del latín liturgīa (liturguía), que a su vez proviene del griego λειτουργία (leitourguía), con el significado general de «servicio público», y literal de «obra del pueblo». Incluye a su vez los términos λάος (láos), pueblo, y έργον (érgon), trabajo, obra. En consecuencia, todos los que celebramos la liturgia estamos al servicio del Pueblo de Dios y por amor al único Maestro. Es una obra de todos nosotros. No se justifica jerarquia ni clero, si no hay laicos y viceversa. No se fundamenta sin la relación. Y la relación siempre es por donación y buena voluntad.

 

En la Eucaristía, “o Cena del Señor, el pueblo de Dios es convocado y reunido, bajo la presidencia del sacerdote, quien obra en la persona de Cristo (in persona Christi) para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico. De manera que para esta reunión local de la santa Iglesia vale eminentemente la promesa de Cristo: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). Pues en la celebración de la Misa, en la cual se perpetúa el sacrificio de la cruz, Cristo está realmente presente en la misma asamblea congregada en su nombre, en la persona del ministro, en su palabra y, más aún, de manera sustancial y permanente en las especies eucarísticas.” (Misal Romano n°27). También es importante enfatizar que la eucaristía lo que perpetúa es la Donación de Cristo, que estando todos en relación, se parte, se reparte y se queda en nosotros.

 

Cuando llega la procesión al presbiterio y al altar. La primera acción que hace el sacerdote es besar el altar.  En la Misa se prepara la mesa, tanto de la Palabra de Dios, como del Cuerpo de Cristo, de la cual los fieles son instruidos y alimentados. El altar contiene un crucifijo con Crucificado y dos cirios, cuatro o seis (si preside un obispo son siete cirios); y el misal. El viernes santo se desnuda el altar, se despoja. El altar fijo es consagrado y contiene una reliquia de un santo. No se puede hacer la homilía delante del altar. Podría delante del ambón o por el pasillo caminando. Se trata de no tapar el altar y quitar con ello el protagonismo.

 

Cuando hay más concelebrantes o más sacerdotes, uno de ellos preside. También lo besa el diácono, es decir, los clérigos concelebrantes besan el altar. Todos celebramos, el que preside, los clérigos concelebrantes y la asamblea.

Señal de la Cruz, del que preside …de la TriUnidad. Donde hay dos o más reunidos en el nombre de Dios TriUnidad.

“El Señor esté con ustedes” **con las manos extendidas**(…deseo que “esté”(subjuntivo)…da libertad a la fe que lo anhela. No se impone, sino que está por relación y necesita la relación que lo deja estar). Quiere decir (interpretación) : Yo deseo que el Señor esté con ustedes. Es el deseo del que preside la celebración, que los que celebran la eucaristía, tengan consciencia de que Dios Está.

 

2Timoteo 4,22

(4,22) ο→El κυριος→Señor ιησους→Jesús χριστος→Cristo/Ungido µετα→con του→el πνευµατος→espíritu σου→de ti η→La χαρις→gracia/bondad inmerecida µεθ→con υµων→ustedes αµην→amén

“El Señor Jesucristo esté con tu espíritu. La gracia sea con vosotros. Amén”

 

2Cor 13,13

(13,14) η→La χαρις→gracia/bondad inmerecida του→de el κυριου→Señor ιησου→Jesús χριστου→Cristo/Ungido και→y η→el αγαπη→amor του→de el θεου→Dios και→y η→la κοινωνια→participación en común του→de el αγιου→santo πνευµατος→espíritu µετα→con παντων→todos υµων→ustedes αµην→amén

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”

 

Con el saludo el que preside manifiesta la presencia de Dios en el Pueblo de Dios.

Y la respuesta que ratifica esa presencia es “Y con tu espíritu”

(Este mismo saludo se hace nuevamente al comienzo de la plegaria eucarística. Y por tercera vez , en honor a la TriUnidad).

 

Dios no existe sin la relación, y siempre está dispuesto a la relación. Por eso se nos saluda en la misa, deseando que él esté con nosotros. El amor se propone, no se impone y en la eucaristía Dios se expone, incluso al punto de ser comido, para Estar.

Y es que la promesa de Dios de Estar no es a nuestro nivel. No es estar cuando conviene estar, sino radicalmente Estar. Se abaja al nivel de Dios para estar, para ser eucarístico y santísimo. Dios está al nivel de Dios, no en la medida de lo posible, sino de lo imposible. Dios es el Posibilitador de todas las posibilidades posibles. La muerte de Cristo, Hijo de Dios, realiza una posibilidad de Dios: la de morir y la de sufrir. Y es su Donación a tal punto que la conmemoramos todos en la Eucaristía.

No amamos el dolor de amar, sino que amamos con ese dolor y a pesar de ese dolor, porque hemos de ser donación. Así, pues, en Jesús, Dios es crucificado y muere. La muerte de Cristo, Hijo de Dios, realiza una posibilidad de Dios: la de morir y ser crucificado. Si Dios no muriese no sería mayor que el hombre, que puede morir y sufrir. No nos salva el dolor, sino el amor; no nos salva la religión, sino la donación; no nos rescata la ritualización, sino la relación. En la cruz se revela la Santísima Trinidad Donada que se olvida de Sí Misma: el Padre Dador que dona lo más carísimo para Él, su Hijo; el Hijo, el Don, que es abandonado y se abandona; y es el don para Dios y la Humanidad; y el Espíritu Santo, la Donación, como fuerza con que todo se realiza y se mantiene en la unidad.

En conclusión, Dios Está para estar radicalmente, a su nivel de Dios, viviendo nuestra muerte, estando en la hora más sola de lo solo, que podemos estar de nuestra existencia. No merecemos que Dios esté en esa hora, pero Él es de Gratuidad; tampoco nos conviene que Él esté, cuando estamos haciendo el pecado, pero Él es de Misericordia. Es que tenemos que llegar a la consciencia que Dios no es conveniencia propia, que no puede ser una mera proyección de nuestros miedos, deseos e intereses. Dios es donación de Sí Mismo en cuanto Dios. Él es el Regalo que siempre anhelamos en lo más profundo de lo que somos. La fe, la emunah, es el salto al vacío, e implica estar ante el abismo de la nada, de la no-respuesta. Es más fácil alejarse de la posibilidad de ese salto ante el abismo y sumirse en la religión que pretende decirle a mi fe por donde vaya, y no dejarse amar y llevar por Dios. Es más fácil seguir en lo mismo de siempre que abrirse y dar el salto a la confianza y a la consciencia. Es más ilusamente seguro imponer y prohibir, que formar en el amor y la confianza. Es más cómodo creer que creemos, que relacionarnos con Dios desde lo que somos íntimamente y nos avergüenza. Es más viable creer que estamos haciendo todo para ganarnos el cielo e ir al cielo, que seguir buscando y profundizando con una teología honesta nuestra consciencia, que con todo se relaciona y a todo se conecta.

La TriUnidad está, traspasa y envuelve toda la Eucaristía, por ello, el saludo inicial invoca a la Santísima TriUnidad. Es fundamental, por tanto, tener claridad a qué nos referimos y en qué Dios creemos. Dios no existe sin la Relación y todo lo que existe está en relación. Veamos entonces qué significa que Dios es Uno y es Trinidad.

La evolución de la percepción de lo divino, comenzó en la creación-evolutiva- humana con los ritos funerarios practicados por los homo-neanderthalis, luego da paso al atribuir causas divinas a fenómenos naturales, para después evolucionar hacia el totemismo y al culto de los antepasados; posteriormente aparece el politeísmo y luego el henoteísmo (un dios más poderoso que todo el resto de los dioses), hasta evolucionar al monoteísmo bíblico, entendiendo la divinidad como un solo Dios en una sola Persona. También los filósofos griegos concluyeron que el Eterno tiene sentido de ser en sí mismo y es insustituible y que es ilógico pensar en la existencia de dos eternos, pues, uno ya lo abarca todo. Mucho después Pitágoras graficaría el concepto de unidad en el número “1”.

 

Sin embargo, la cima de la evolución de la percepción humana de Dios no acaba allí, sino en el punto culminante por lo revelado en Jesús de Nazaret : que Dios es “Trinidad” (concepto acuñado por los primeros teólogos del cristianismo) o más precisamente Tri-Unidad.   Para el hebreo el número uno no se entiende como en occidente, es decir, como   una sola cosa, sino que se entiende como en mentalidad bíblica del medio oriente donde surgió esa forma de pensar la realidad. Y para ellos el 1 significa Unidad, por lo tanto, son 3 personas divinas que son un solo Dios.

 

El cristianismo demoro curiosamente 3 siglos en entenderlo y las conclusiones son las siguientes: no hay Padre sin el Hijo ni Hijo sin el Padre…la razón de ser Padre es porque hay un Hijo y viceversa. Ellos son personas divinas, es decir, son consciencia pura, no tienen inconsciente ni subconsciente como nosotros. Por lo mismo, el Padre no da de sí una parte solamente a su Hijo, sino que da toda su intimidad como persona divina sin perder su identidad. Igual ocurre el Hijo con el Padre. Ahora bien, esa entrega eterna, perfecta  y completa entre el Padre y el Hijo, implica el “nosotros” del Padre y del Hijo en Persona, y tal nosotros, es el Espíritu Santo. Por eso el que pecare contra el Espíritu Santo lo está haciendo contra el amor que une a Dios Mismo en Unidad. El Espíritu Santo surge “como una mezcla”(dicho por analogía) de la entrega del Padre y del Hijo…al ser así llega a ser diferente de ambos y al ser diferente llega a ser una Identidad propia interdependiente del Padre y del Hijo. Cada una es persona porque es idéntica solo a sí misma. ¿Y por qué los 3 son Uno o Unidad? Porque con uno de ellos que falte, Dios no existiría. Hay una entrega interdependiente y perfecta en las 3 personas divinas, donde la una no puede ser sin la otra, cada una in-existe en la otra (perikoresis). Por eso ellos son Uno. Ya en Gn 1, 26 dice en singular: “Y dijo Dios”, que habla en plural: “hagamos al hombre a  imagen y semejanza nuestra”. En consecuencia, si alguien cree que la Trinidad o mejor dicho la Tri-Unidad, son 3 dioses (triteísmo) está en un error; al igual que si la concibe como 3 en 1 o como un dios psicótico de triple personalidad; o piensa que solo el Padre es Dios o que la Trinidad se trata que Dios es una sola Persona que se manifiesta de 3 maneras, está en un grave error, y en rigor, no podría llamarse cristiano. El cristianismo es un monoteísmo tripersonalista. Padre e Hijo y Espíritu Santo, no son tres concreciones de Dios solamente para nosotros. Son también para Dios, porque Dios se manifestó así como Él mismo es. En caso contrario, Dios no se habría autocomunicado a sí mismo de esa manera. Nos habría comunicado algo diferente, creado y derivado. Lo que es tres para nosotros, lo es también para Dios. Dios es concretamente Padre e Hijo y Espíritu Santo. No es primero un Uno que después se desborda en Tri-Unidad. Nada preexiste a la Trinidad.  Y estoy seguro que es la Tri-Unidad la que envuelve el o los universos y que por ello se expande infinitamente, pues, no solo está Dios más allá de la materia ni solamente en la materia para darle existencia, sino que principalmente actúa por toda la materia existente terrestre y extraterrestre. Dios es Todo, pero no todo es Dios, sino que todo está en Dios!! Ocurre que son 3 personas divinas por separado pero no por ello cada una es un Dios. Cada Persona Divina no puede ser Dios por si sola, sino con la unidad de la otra. Por lo tanto, lo correcto es decir: el Padre es Dios? Sí, pero con el Hijo y con el Espíritu Santo; el Hijo es Dios? Sí, pero con el Padre y el Espíritu Santo; el Espíritu Santo es Dios? Sí pero con el Hijo y el Padre.

 

En Dios hay cuatro relaciones: del Padre hacia el Hijo (Paternidad); del Hijo hacia el Padre (Filiación); del Padre e Hijo hacia el Espíritu Santo (Espiración activa) y del Espíritu Santo al Padre e Hijo como único principio (Espiración pasiva). Lo propio del Padre es ser como el principio sin-principio; lo propio del Hijo es ser generado eternamente por el Padre; y lo propio del Espíritu Santo es responder como identidad al Padre e Hijo como su único principio. Y en virtud de ello, la Creación se apropia al Padre, pero es obra de los 3; asimismo la Salvación se apropia o atribuye al Hijo pero es obra de toda la Trinidad; y la Santificación se apropia a la Persona del Espíritu Santo pero es obra de la Tri-Unidad completa. El Padre envía al Hijo; y el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo.

 

Estoy cierto  que en la vida de un ser humano el mismo número tres tiene relevancia y trascendencia; por ejemplo: tres años de tal o cual hecho nació su hijo; tres meses de tal o cual noticia importante ocurrió algo significativo en su vida; los psicólogos dicen que se aprende a vivir con la pérdida de un ser amado después de tres años; cuando hemos visto devastada nuestra vida por algún hecho grave, luego de tres años uno comienza a reconstruir de manera positiva su vida nuevamente; un niño que es amado por los padres supera la enuresis a los tres años; en cuanto al espacio, somos tridimensionales; en cuanto al tiempo, tenemos consciencia de pasado, presente y futuro; en cuanto a la constitución de la materia, se sabe que en cada átomo que el universo contiene, hay tres fuerzas: nuclear (fuerte y débil), electromagnética y gravitacional; el triángulo equilátero (de tres lados iguales) se da en la naturaleza, en la estructura molecular de a lo que más damos valor: el diamante; los protones y los neutrones están constituidos por quarks los que no pueden existir libres y aislados, en cambio, se presentan siempre en grupos de tres…  etc., etc. ¿Casualidad o realidad?

 

La Trinidad nos enseña que solo vivimos si convivimos. Dios es Amor porque en Él hay amor correspondido, pues, es Tri-Unidad… aunque el universo entero lo rechace puede ser Feliz en sí mismo y dar lo que tiene.  Lo que descubrimos: que Dios no solamente da su Amor, sino que, lo que da, es Él Mismo!! De ahí el concepto bíblico de YHWH HESED, es decir, Dios es-de Gratuidad, lo cual, implica que Dios no nos promete algo, sino que se promete a Sí Mismo. Dios es el que Ama Personalmente (Padre) …no como una mera Energía Universal… Es el Amado como Persona (Hijo) y es el Amor en Persona (Espíritu Santo). En Navidad verificamos que Dios se ha donado a Sí Mismo, pues, el Padre ha enviado a su Hijo quien se ha hecho carne por obra del Espíritu Santo. El Sentido de la Existencia del Universo y de la vida se ha hecho materia, carne, verificable en la Persona del Hijo, quien no vino como un parche a la herida dejada por el pecado, sino que se hubiera encarnado aunque el ser humano no hubiese pecado (“pecar” en hebreo es errar el blanco…en chilenismo: “no apuntarle”). Y erramos el blanco cuando no descubrimos en nuestra vida que lo que nos salva del sin-sentido es la gratuidad, el dar y darnos a cambio de nada, el cantar gracias a  la vida en el peor momento de nuestra vida y llegar a ser así gratuitos con la vida misma. Jesús nos ha mostrado cómo es Dios y qué es ser hombre. Y se nos llena el corazón de gratitud. Y damos gracias a Dios por Jesucristo, porque por Él sabemos cómo es Dios y quiénes somos. Dios Salvador se pone en contacto con el hombre, y la vida del hombre le responde. En Jesús de Nazaret la Tri-Unidad nos revela lo que nos hace falta para vivir. Lo que nos importa de veras de todo esto no es satisfacer una curiosidad sobre la esencia del Desconocido, sino aceptar esta Buena Noticia, que Dios es el Padre y el Aliento de vida, que eso lo hemos visto en el Hijo, que somos hijos por la fuerza de su Espíritu que está en nosotros, que ese Espíritu trabaja por el sentido o la salvación de todos sus hijos. Y que la Tri-Unidad  para eso cuenta con nuestra libertad y nuestra responsabilidad en la interdependencia gratuita con los demás, a fin de que nuestras amistades sean una “Diosidad”, no una mera casualidad que tuvimos en nuestras vidas.

 

Mi experiencia como creyente en Dios es que, cuando llego muy en serio a la conclusión de que al final todo se trata solamente, de que si siembro bien cosecharé bien, o sea, de que en definitiva es solamente sentido común!!, Dios me ha dado bofetadas de su Gratuidad :  de la nada, sin merecerlo ni esperarlo, cuando era muy poco  probable que lo que sucedió,  sucediera  de  manera  muy  benévola para mí…ese vuelco, tal gratuidad de la vida en ese momento improbable!!…ha logrado volverme a la fe y a poder verificar la verdad de que Alguien nos cuida, se preocupa por nuestra existencia, nos protege. De ese Alguien que hace que esos imposibles que un día quisimos, los consigamos sin darnos cuenta… Creo que la cuestión no es que no haya Dios o que el tener fe con resultados, sea producto de nuestra fuerza mental o de energías confabuladas por quien sabe qué, sino que, justamente la realidad nuestra debe ser así como es  (a veces estamos seguros del sentido y varias otras no) a fin de que la fe auténtica sea una entrega gratuita, es decir, a cambio de ninguna conveniencia. Pero tal entrega es fruto de una decisión, de una opción de Fe, de una firme resolución, que produce un “viraje existencial”, es decir, de toda la persona, que estructura toda la existencia posterior. La condición en suma, es que la fe cristiana sea sin condiciones o sea gratuita, aún sin religión ni iglesia. La experiencia auténtica de fe, tiene que ver con no esperar que Dios se nos de en el momento de nuestra muerte, sino descubrir que siempre se nos estuvo dando a Sí Mismo.

 

Dicha experiencia auténtica no se puede probar, ni siquiera explicar, pero todo lo que uno sabe como ser humano, todo lo que uno es, nos dice que fue real. Se trata de recibir algo maravilloso inmerecido e inmerecible, algo que nos cambia para siempre. Una visión del universo que nos dice innegablemente cuan pequeño e insignificantes somos y, a la vez, cuan únicos y valiosos somos todos y cada uno de nosotros. Una visión que nos dice que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos, que nos trasciende, nos llama y atrae, con su Amor  Gratuito y que nadie está solo. Quien tiene alguna vez esa experiencia real y auténtica con Dios en su vida, inevitablemente querrá compartirla; querrá que todos, aunque fuera durante un solo momento, pudieran sentir esa reverencia, esa humildad de Dios, esa esperanza sólida para sus vidas y en sus vidas. Debemos pedir esa experiencia; orar con confianza a ese Lindo Dios Trino, con una fe a la altura de Su Confianza en nosotros. No una fe en la medida de lo posible, sino en la medida de lo imposible!! Y eso está casi a unas 3 cuartas del suelo, pues, al orar de rodillas en cualquier parte nos puede tornar posible lo imposible.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *