‘Suena’ el actual obispo de Atlanta, Wilton Gregory, para sustituir a Wuerl en Washington

Carlos Esteban / Infovaticana

 

Insistentes rumores no oficiales hablan del probable nombramiento del actual obispo de Atlanta, Wilton Gregory, como próximo arzobispo de Washington, actualmente administrado por su anterior titular, el polémico Donald Wuerl.

Si se confirman los insistentes rumores, recogidos por las principales publicaciones especializadas, Su Santidad lo habría vuelto a hacer. Wilton Gregory, actual obispo de Atlanta, cercano al defenestrado McCarrick, conocido por su línea ultra progresista y su pastoral ‘gay-friendly’, ocuparía el puesto más importante de la jerarquía estadounidense: la archidiócesis de Washington.

Cuenta Ed Condon en CNA que el anuncio formal podría producirse a principios de la próxima semana, aunque aún no hay constancia de que el arzobispo haya aceptado el nombramiento, del que habría sido informado a principios de esta semana.

La capital estadounidense lleva sin arzobispo desde octubre del año pasado, cuando Su Santidad aceptó la renuncia de Donald Wuerl, presentada tres años atrás como corresponde por razones de edad. Wuerl, sucesor de McCarrick al frente de la archidiócesis de Washington, había sido citado hasta 60 veces en el informe del gran jurado de Pensilvania por su responsabilidad en el encubrimiento de clérigos responsables de abusos cuando era obispo de Pittsburgh, y el clamor para que renunciara fue en aumento hasta que el Santo Padre, al fin, aceptó su dimisión al tiempo que le nombraba administrador apostólico y ensalzaba su figura en una cálida carta.

Quién sucediera al polémico Wuerl era una esperadísima señal de Roma sobre el rumbo que Roma esperaba que tomara la Iglesia americana, muy especialmente tras la cumbre sobre los abusos de febrero, y la elección de Wilton, un ultra progresista cercano a McCarrick y uno de los prelados norteamericanos más cercanos a las tesis LGTBI, resulta para muchos decepcionante.

Gregory, que se convertiría en el primer arzobispo negro de Washington -una ciudad de mayoría negra-, fue presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos de 2001 a 2004, es decir, en plena primera gran crisis de los abusos durante el pontificado de Juan Pablo II. Fue durante su mandato que se redactó el protocolo de actuación para poner fin al encubrimiento, conocido como Carta de Dallas, y que ha servido para lo que hemos podido ver este año, es decir, absolutamente para nada.

Hace dos años, se dirigió a la Asociación de Sacerdotes Católicos de Estados Unidos, que promueve el fin del celibato sacerdotal y la ordenación de diaconisas, en una tribuna que compartió con otros dos ‘sospechosos habituales’ de la renovación: el padre Thomas Rosica y el profesor Massimo Faggioli.

Gregory ha sido, además, uno de los defensores del polémico jesuita padre James Martin, auto designado ‘apóstol’ de los LGTBI, y según Ed Condon tiene ‘estrechos lazos’ con el cardenal arzobispo de Chicago, Blaise Cupich, elevado a su actual puesto por mediación de su protector, Theodore McCarrick.

En resumen, Roma habría elegido para liderar la iglesia estadounidense a un hombre de McCarrick y a un decidido ‘renovador’ que, pese a toda la cháchara sobre descentralización y sinodalidad, dará a la Curia romana un control más directo sobre el episcopado de Estados Unidos.

 

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