Sor Lucía Caram. Un Tweet rebosante de materia de confesión

He de reconocer que cuando me pasaron el Tweet de sor Lucía Caram pensé en no responder. Buena gana. El problema es que después, pensando en lo que había escrito la sor, me he dado cuenta de que lo que había escrito la hermana dominica era si, un Tweet, pero rebosante hasta reventar de materia de confesión. Y, claro, aún a sabiendas de que no soy en absoluto el tipo de sacerdote de quien ella pudiera fiarse, el celo sacerdotal, que le lleva a uno a preocuparse por las almas, y muy especialmente sin son consagradas, me ha obligado a escribir algunas consideraciones de tipo moral, hondamente preocupado por su bien espiritual. El texto del Tweet de sor Lucía ahí lo tienen. Vamos por partes.

“Hay grupos ultracatólicos que de católicos no tienen nada”. Esto ya gramaticalmente es un disparate que no se sostiene con el diccionario VOX -con perdón, que así se llamaba- del colegio. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, ultra significa “en grado extremo”, con lo cual decir que algo ultracatólico no es católico es ciscarse en la Academia. No pasa nada.

Tenemos muchos ejemplos. Una tablet ultrafina quiere decir que a su lado un DIN A-4 padece obesidad mórbida. Si una olla es ultra rápida, nos hará una escudella -guiño catalanista sor Lucía, para que vea- en menos de lo que tarda en persignarse un cura loco. Si ultraligero, con menos chichas que don Quijote ayunando, o si es ultra silencioso, con menos ruido que un cartujo en éxtasis.

Pero, claro, si ser ultracatólico es malo requetemalo, y ultracatólico, la gramática manda, es más que católico, entonces sor Lucía me anda afirmando que ser católico es malo, y ya ultracatólico ni te cuento, porque lo que no es admisible es que una cosa sea buena y con el prefijo ultra se convierta en pésima. Esto no tiene lógica ni aunque Aristóteles se empeñe.

Primera. ¿Una religiosa poniendo en duda la bondad del catolicismo? Eso es pecar gravemente contra la virtud de la religión, con el agravante de escándalo porque la afirmación la hace una religiosa contemplativa y muy conocida en los medios. La cosa se pone seria. Una patada al primer mandamiento.

Sigue diciendo la reverenda madre que esos a los que denomina “ultracatólicos” evidentemente de forma peyorativa y despreciable, “fabrican bulos”. Un momento, sor, porque aquí tenemos en juego no un pecado, sino dos, ya que si lo de los bulos es mentira, está calumniando, y si es verdad, difamando, ya que estaría poniendo en público algo no necesario. Coz al octavo.

“El objetivo de desestabilizar la reforma de Francisco”. Reverenda, tome nota: “de internis neque ecclesia”, que, habida cuenta que en gramática castellana anda justa, supongo que en la latina no andará la cosa mucho mejor, se traduce por “del interior de la conciencia, ni la Iglesia”. Cuando alguien se permite en público juzgar las intenciones de los demás, está cayendo en lo que se llama “juicio temerario”, que es otro puntapié en el octavo.

Por si lo de la difamación hubiera quedado oscurecido en un primer momento, a continuación, y para que no haya dudas, ofrece nombres de portales y blogs. Vuelta a difamar. Dentro de los pecados contra el octavo, antes al menos, entraba “toda ofensa contra el honor y la fama del prójimo”. Al octavo no es que le de una coz, es que lo está pateando a conciencia.

Sigue. “Son ULTRAS”. Aquí entraría ya la dificultad con el quinto, que, entre otras cosas, se ocupa de la violencia contra el prójimo, sin excluir la verbal. Otra acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua para la palabra “ultra” es “extremista”. Pescozón al quinto. Y, para mayor divertimento, lo escribe en mayúsculas, que en estos mundos internautas significa que, además, nos grita, lo cual es una notoria falta de respeto y educación. Se lo dejo en falta de caridad para con el prójimo.

Acaba diciendo sor Lucía “y no podrán”. Así, sin punto ni nada. Si llegan a caber otros veinte caracteres se carga otros dos o tres mandamientos.

Es lo que hay. Recomiendo un buen confesor, que seguro tiene la reverenda a quién pedir consejo. Y recomiendo mucha tila. Porque los nervios de los amigos de Francisco hablan más de su pontificado que todos sus detractores.

Evidentemente esto son consideraciones de un pobre cura de pueblo, que llega a donde llega. Estoy seguro de que un buen moralista se lo pasaría en grande.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *