Sobre tradición y conservadurismo -El orden mundial bajo la bota roja

“Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.“

G.K. Chesterton

Si no fuera porque, a lo mejor, esto tiene remedio si Dios quiere, podríamos pensar que el peor de los mundos se está gestando en este o, mejor, que ya estamos en el peor de los mundos.

Estamos seguros de no equivocarnos cuando decimos que todo empezó a ir mal cuando en el siglo XVIII un grupo de personas pensó que lo mejor era cortar cabezas con el invento de la guillotina y crear un mundo nuevo. Sí, eso que se ha dado en llamar Ilustración sin saber, exactamente, que parte de su negrura ilustraban o, también, siglo de las luces (nos negamos en escribirlo en mayúscula) aunque, más bien, pareció establecer una noche bien oscura sobre un mundo netamente mejor que el que, a partir de entonces, ha devenido.

Podemos decir que, en efecto, no es que no hubiera guerras antes de la llamada Revolución francesa ni que las cosas fueran siempre de color de rosa, por decirlo así. Sin embargo, es más que cierto que había una unidad en el mundo porque el mundo era, predominantemente, cristiano o, al menos, el mundo que llamamos civilizado. Y eso no es posible negarlo sin faltar a la verdad.

También podemos decir que la religión, la división cristiana, fue causa de muchas muertes y muchos enfrentamientos. Sin embargo, una cosa es eso y otra, muy distinta, sostener que lo mejor de lo mejor ha venido a ser cuando algunos decidieron hacer de su capa un sayo y sembrar una serie de ideas que han demostrado ser demasiado malignas como para que, primero, las olvidemos y, luego, traguemos con ellas como determinadas ruedas de molino.

Es de general conocimiento que, desde entonces, el mundo político-económico-social… se ha dividido en dos partes, en dos mitades la realidad: la izquierda y la derecha, dicho así en general y sin poder establecer aquí divisiones internas en una y otra que harían esto, verdaderamente, insoportable.

El caso es que si a algunos le fue bien con aprovechar aquello de finales del siglo XVIII para ganar su independencia (y nos referimos a los Estados Unidos de América) lo bien cierto es que supieron hacer las cosas y no cayeron en la trampa propia de aquellos que, imitando lo que hay al otro lado del mundo, hacen lo mismo con sus características propias. No. Aquello sirvió muy bien para ganar la bien merecida libertad e independencia de la pérfida Albión y, se diga lo que se diga y haya las relaciones actuales que haya entre las dos naciones, lo bien cierto es que ganar, ganaron mucho los americanos del norte de aquel continente.

Decimos que sí, que salieron ganando pero que no se dejaron arrebatar por las malas ideas de toda aquella marabunta de sanguinarias actuaciones. Y eso fue, sin duda, porque el pueblo americano del Norte creó su nación sobre la religión, la cristiana a más señas, y eso supuso, justamente, lo contrario a lo que hizo, es un decir, Francia y sus muchos adláteres nacionales que se limitaron a tratar de erradicar, de la vida pública y, a veces, de la normal, a todo aquel que profesara la religión, en este caso, católica.

Pues bien, como decimos arriba, hay una parte de aquella división de la que hemos hablado supra que parece haberse llevado, como suele decirse, el gato al agua. Y lo han hecho de dos formas ninguna de las cuales ha sido ni buena ni benéfica para la mayoría de las personas que tengan dos dedos de frente.

La primera de las formas ha sido, simplemente, ejerciendo, a lo largo del siglo XIX y del pasado siglo XX de izquierda, así dicho, normalita. Y ha sido izquierda normalita hasta que un tal Marx le dio por teorizar sobre los bienes y otras realidades de tal forma que dio lugar al nacimiento de la izquierda más extrema o a la más extrema izquierda: el comunismo.

La segunda ha sido acabando de atraer, en cuanto a ideas finales o a llevar a cabo, a cierta derecha que se ha vendido de pies y manos, con el conveniente disimulo, al poder inmisericorde de la izquierda. Y es que se han dejado vencer por el lenguaje políticamente correcto pero, sobre todo (como si debieran tener vergüenza o algo así de lo que son o representan) por el qué dirán que es como apuntarse a lo que en una película Groucho Marx sostenía al decir algo así como “aquí tengo mis principios y si no le gustan tengo otros”… Es decir, el relativismo en el más puro estilo zafio por grosero y bien a la vista hecho y dicho.

Ya podemos imaginar o, mejor, no hace falta siquiera imaginar lo que ha acabado pasando porque lo podemos ver todos los días desde hace, al menos, 30 o 40 años (como poco) Y nada de lo que aquí se diga es producto de alguna mente calenturienta o algo por el estilo sino algo que se puede constatar con quitarse la venda de los ojos.

Estamos, sin duda alguna, bajo la fuerte presión de la bota roja. Y utilizamos este lenguaje no por ser fascistas o algo por el estilo sino porque es el lenguaje que les gusta, precisamente, a las personas que dicen tener tales ideas: ellos son rojos y, eso, los define a la perfección por lo que, de histórico, tiene la cosa. Digamos, por tanto, que quedan perfectamente retratados al decir eso y al incardinarse en tales tipos de malsanas ideas políticas y demás.

Que estamos bajo la bota roja lo demuestra, simplemente, la dictadura implantada en los medios de comunicación siendo, sobre todo, los digitales, donde se ha implantado una clara censura que intenta que no se sepa la verdad de las cosas y se procura, también, silenciar a todo aquel que diga lo contrario de la verdad oficial.

Esto, así dicho, podría parecer algo de poca importancia. Pero sostener eso demuestra, primero, que se vive en un mundo ya muy pasado y, luego, que no se quiere reconocer la verdad de las cosas porque la dicha verdad tiene poco que ver con la que ha quedado establecida desde las más altas instancias mundiales. Y es que es más que sabido que aquí la cosa no va de que este Gobierno de aquí o el Gobierno de más allá hagan esto o lo otro. No. Lo que importa es que hay claras directrices que se dan a nivel mundial y las mismas han de ser, al parecer, no sólo cumplidas por los que pueden hacerlas cumplir sino que han de ser, lo que es más que grave, tenidas por buenas e inmejorables por todo aquel que pisa la tierra a no ser que quiera quedar aislado del mundo por aquellos que eso pueden hacer.

El caso es que son muchas las manifestaciones en las que se muestra el poder del que hablamos además de la apenas apuntada. Así, el relativismo y el nuevo orden mundial sometido al pensamiento izquierdoso no han dado su brazo a torcer sino, al contrario, han torcido los brazos o, al menos, lo han intentado, de todos aquellos que se puedan oponer a los designios de lo establecido como mandamiento casi divino.

Nada, aquí o allí, está bien visto si no es que lo está por aquellos que controlan el devenir de las naciones y nada en absoluto puede salirse de la hoja de ruta que nos lleva, directamente, al abismo del que tanto habla el salmista aunque más que muchos ni sepan quien es el salmista ni les interesa lo más mínimo entender eso qué significa.

A lo mejor de esto es seguro que dicen sustentarse en teorías propias de conspiraciones o algo por el estilo. Sin embargo, nosotros creemos que la verdadera conspiración es la que están llevando a cabo aquellos que han llevado su ideología izquierdista al extremo de querer controlar todo lo que se deje controlar porque, por desgracia, hay quien se deja controlar por tener un concepto equivocado de la tranquilidad o el bien vivir. Y es que eso ya ha pasado en ciertos momentos de la historia del ser humano cuando ha habido quien se ha dejado dominar por ciertas ideologías que partían, ¡qué duda cabe!, de la izquierda: el nacional socialismo o, claro está, el social comunismo. Y ya sabemos cómo terminó todo aquello o, incluso, cómo está yendo todo lo que hoy está yendo así porque es seguro que de lo primero poco queda pero, de lo segundo, queda mucho y más que mucho y tiene, al parecer, una larga vida y, sobre todo, una provechosa existencia.

En fin, después de decir todo esto nosotros creemos que, salvo honrosas excepciones, el mundo está sujeto por la bota roja que, bien en hechos como ideologías, se ha adueñado del mundo. Y quien tenga ojos para ver, que vea que fue algo que dijo, precisamente, Alguien a quien mucho intentan esconder aunque no sepan que tal intento es, además de necio, imposible.

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