Sobre el intento de suicidio de un sacerdote

Gabriel Cifermann

 

Sin duda es impactante un intento de suicidio por parte de un sacerdote, sobretodo de quien uno fue su alumno en la facultad de teología.
Es innegable de que a muchos de nosotros se nos viene hoy la sospecha a la mente sobre abusos y pedofilia hacia los sacerdotes y aún más, a los expuestos en los medios de comunicación. Sartre decía que cada uno es libre y es responsable, sin excusas. Lo delicado de este hecho es que pueda ser seguido por otros, pues, siendo honestos muchos de nosotros alguna vez en nuestra vida hemos pensado en la posibilidad de suicidarnos.
El mundo contemporáneo se aglomera de solitarios, de independientes, de personas que se relacionan con el mundo tras un computador; incluso de sacerdotes y párrocos cada vez más solos; de pastores(as) y religiosos(as), embajadores del perdón de Dios, que son sólo objeto de implacables juicios y exigencias, y no de comprensión ni consuelo.
Nadie nace presbítero, todos nacemos humanos y también un sacerdote puede ver visto hecha pedazos sus esperanzas y pueden hacer que se avergüence de sus sueños. Quizá ese sacerdote ya descubrió que, aunque somos muchos, cada uno sufre solo, dolorosamente solo.
Alguien no intenta suicidarse porque no quiere vivir, sino porque algo no le deja vivir. Dijo que se fue a negro. Efectivamente, no se fue a una oscuridad demonizada, sino al rincón oscuro que subyace en la historia personal de cada uno de nosotros, como producto del sistema que inventamos e imponemos a los demás, pues, desde niños queríamos jugar y nos dieron disciplina, queríamos libertad y nos dieron ideologías, queríamos fe y nos dieron doctrinas y dogmas, queríamos conversar y nos mandaron al psicólogo, queríamos esperanza y nos dieron expectativas y metas, queríamos amar y nos dieron moral…y sólo queríamos vivir… queremos vivir!!

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