Signos de esperanza en el año del escándalo en medio de desafortunadas revelaciones

InfoVaticana

 

 

Para muchos católicos devotos en los EE.UU., los meses transcurridos desde las revelaciones de los abusos cometidos por el arzobispo Theodore McCarrick contra seminaristas y un hombre en su juventud, y el hecho de que tantos “altos cargos” sabían, han sido los más sombríos en lo que respecta a la fe católica.

 

Diariamente nos han asaltado historias sobre la ineptitud y, a menudo, un comportamiento aún peor, de algunos de nuestros obispos con respecto a la mala conducta sexual del clero – no sólo de los que abusa de menores, sino también de la mala conducta sexual entre los sacerdotes y dentro de sus propios rangos.

 

Decir que estas historias son desalentadoras es quedarse corto. Varios de los obispos por quienes sentía el mayor de los aprecios han sido causa de decepción al enterarme de cómo han gestionado de mal los casos de mala conducta sexual de sus sacerdotes con respecto al trato con las víctimas, los depredadores y los laicos y cuán reacios eran a hacer limpieza en sus diócesis. Además, hay muy poca transparencia sobre la naturaleza y el número de “indiscreciones”.

 

En medio de esta sombría realidad, hay algunos signos de mejora. El obispo Joseph Strickland de Tyler, Texas, rezó con los laicos en Baltimore, que estuvieron allí para expresar su angustia por lo que está sucediendo a la Iglesia. Admirablemente, hizo un gesto pastoral y paternal. Pero ¿por qué fue él el único?

 

En la reunión de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos en Baltimore, fue sorprendentemente sincero al lamentar que el Vaticano nunca podría investigar completamente las acusaciones lanzadas por el arzobispo Carlo Viganò contra McCarrick y varios cardenales.

 

Él ha hecho su propio llamamiento, según el cual los obispos deberían centrarse en la salvación de las almas en su propia diócesis compartiendo sus preocupaciones sobre el escándalo con los laicos y pidiendo a sus sacerdotes que hagan una hora santa diaria. Siendo uno de los pocos dispuestos a participar en la corrección fraterna de sus compañeros obispos, les pidió que excluyeran a los oradores que socavan la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad en su diócesis – una clara referencia al jesuita James Martin – invitado regularmente a hablar en eventos diocesanos en todo Estados Unidos.

 

El arzobispo Bernard Hebda, de Saint Paul y Minneapolis, ha revocado la obligación a la confidencialidad que había sido impuesta a las víctimas y que les impedía hablar sobre los abusos sufridos.

 

Este ha sido un acto sumamente útil, puesto que ya no sitúa a la reputación de la Iglesia o de los depredadores por encima de la necesidad de que la verdad salga a la luz totalmente. ¿Por qué no todos los obispos han seguido su ejemplo?

 

También le ha prohibido a su antecesor, el arzobispo John Nienstedt, ejercer sus facultades sacerdotales en la arquidiócesis hasta que se realice una investigación completa de las acusaciones lanzadas contra él, y ha pedido que sean mecanismos independientes de laicos los que investiguen las acusaciones lanzadas contra los obispos.

 

Algunos obispos han hecho saber que hacen todo lo que pueden, no sólo para abordar las acusaciones de abuso sexual del clero contra menores, sino también contra la depredación homosexual.

 

El obispo Michael Olson de Fort Worth, Texas, está siendo presionado por parte de los feligreses que desaprueban algunas de sus decisiones, hasta el punto de solicitar a la Conferencia Episcopal estadounidense y al nuncio que investiguen sus decisiones.

 

El obispo Olson ha abordado las acusaciones lanzadas contra él de manera pastoral y con documentación que, en mi opinión, demuestra que ha actuado de manera muy responsable – tal vez podría haber algún tipo de mediación que aclare el asunto.

 

La declaración del Papa Francisco de que es mejor que los homosexuales activos dejen el sacerdocio en lugar de vivir una doble vida es extremadamente bienvenida. Esto debería dar a los obispos todo el empuje que necesiten para invitar a quienes tienen relaciones sexuales con hombres que abandonen el sacerdocio.

 

Lo que debemos señalar aquí es que, desafortunadamente, los obispos pueden encontrar una fuerte resistencia por parte de muchos, incluso de la mayoría, de los laicos cuando retiren del ministerio a sacerdotes indignos. Después de todo, los laicos aman a sus sacerdotes y están, con razón, tremendamente agradecidos por los sacramentos que están disponibles sólo a través de ellos.

 

Lamentablemente, un gran número de laicos preferiría tener sacerdotes que no enseñan la plenitud de la fe en lugar de aquellos que les desafían, por ejemplo, a dejar de usar la anticoncepción y llevar vidas más generosas y apostólicas. No les gustará perder a un sacerdote popular, o cuando los sacerdotes deban ser trasladados o cuando las parroquias deban cerrarse debido a la escasez de sacerdotes.

 

El padre basiliano Douglas Mosey, presidente y rector del Seminario de los Santos Apóstoles en Cromwell, Connecticut, puede ganar el premio por la acción más valiente, una acción de la que ha informado el Register y que ha tenido mucho éxito.

 

No solo actuó de manera rápida y eficaz para abordar un problema de conducta sexual inapropiada en su propio seminario en 2012, sino que él y su investigador principal publicaron el informe de la investigación y revelaron que en algunos casos la diócesis de origen había manipulado los archivos de los seminaristas con el fin de ocultar información importante sobre sus antecedentes.

 

Nombró también las diócesis que facilitaron las redes de seminaristas y sacerdotes homosexuales – Paterson, Newark, Hartford y Buffalo. La acción del padre Mosey ha sido calificada como muy valiente, porque ha hecho lo que ningún otro rector de seminario ha hecho: poner en peligro su relación con los obispos (el pan de cada día de los seminarios) para dar a conocer la verdad.

 

Muchos seminarios tienen historias espantosas, especialmente en los años 70, 80 y 90. Los obispos deben reconocer que los seminarios, en un pasado no muy lejano (y algunos incluso ahora), han estado sembrando el terreno para una mala conducta sexual.

 

Algunas diócesis tenían directores vocacionales que reclutaban a hombres que tenían relaciones sexuales con hombres en los seminarios, seminarios gobernados por sacerdotes que tenían relaciones sexuales con hombres y que toleraban una cultura de depravación sexual. Así, ha sucedido que sacerdotes que tenían relaciones sexuales con hombres han sido elevados al episcopado, llegando a tener gran influencia en las acividades de las diócesis.

 

Hasta que se reconozcan estas escandalosas verdades, y hasta que la corrupción aún presente en algunos seminarios y, posiblemente, en la mayoría de las diócesis, sea erradicada, la confianza de los laicos no se restablecerá y la Iglesia no será capaz de ser la fuerza para salvar almas que está llamada a ser.

 

A principios de enero y a instancia del Papa Francisco, los obispos de Estados Unidos irán a un retiro para orar por la crisis. ¡Qué oportunidad para pedir bendiciones y hacer reformas! Los laicos debemos ayunar y orar por los obispos, y comunicarles nuestro ardiente deseo de que ellos asuman sus responsabilidades y reformen sus propias diócesis.

 

Deben buscar en sus archivos y llevar adelante cualquier investigación desatendida contra sus sacerdotes – acusaciones ignoradas por sus predecesores o por ellos mismos, a menudo con la excusa de que no había pruebas suficientes (¡investiguen más a fondo!) o de que la vida privada de un hombre es su vida privada; o por el temor de que se revelara la homosexualidad de un sacerdote popular, de un amigo, o de un buen recaudador de fondos.

 

Sus decisiones deben ser guiadas sólo por el deseo de que se conozca la verdad y por la salvación de las almas – sus propias almas, las almas de los sacerdotes y los laicos a su cuidado, y las almas de todos aquellos que deben ser evangelizados.

 

Todos deberíamos escribir a nuestros obispos y asegurarles nuestras oraciones. Recomiendo enviar el folleto “¿Qué es lo que nosotros, los laicos, estamos leyendo que nos ha sacudido hasta lo más hondo de nuestro corazón?” o enviar un artículo o dos de ese folleto, o de otra publicación que creamos que pueda serles de ayuda para que comprendan nuestro punto de vista.

 

Debemos implorarles que tomen medidas valientes y asegurarles que les perdonaremos por la inacción pasada si, ahora, avanzan con audacia; que lo que nosotros queremos es que purifiquen al clero, incluso si esto significa reducir el número de sacerdotes; que les defenderemos de los laicos que no son tan receptivos a esta reforma.

 

Recientemente recomendé enviar a los obispos una copia de In Sinu Jesu, un libro que relata las palabras que un sacerdote benedictino recibió de Jesús, que le transmitió su petición de que los sacerdotes hicieran horas santas de reparación por la corrupción en el clero.

 

¡Cuánto deseo que, antes del retiro, todos los obispos reciban y lean ese libro, así como también Hurting in the Church: A Way Forward for Wounded Catholics del padre Thomas Berg!

 

En este libro, el padre Berg relata su propia experiencia de ser un sacerdote legionario durante más de 20 años, en una orden conocida por su celosa ortodoxia, pero que tenía un pedófilo por fundador y una cultura de secreto extremo. Al hablar de esa herida, él reconoce con gran compasión los muchos tipos de heridas que los sacerdotes y la Iglesia han infligido a las personas, en gran parte como resultado de la incapacidad de los sacerdotes de buscar la santidad.

 

Buscar la santidad. El que no avance en la búsqueda de la santidad, debe ser purgado de nuestras vidas. Por favor, obispos, respondan a la gracia de su cargo y sean los líderes que Cristo les pide que sean.

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