Serie Venerable Marta Robin – Tener fe así

Eleuterio Fernández Guzmán

 

 

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

Tener fe así

 

En una ocasión se presentaron ante Marta una pareja que había perdido a un hijo en un accidente de coche. Y nuestra Venerable, que tenía por costumbre llegar hasta el centro de la cuestión espiritual de la que estaba hablando, les dijo esto:

“Señora, hace falta tener fe, creer que está feliz, que está con Jesús y María.”

No era poca cosa que unos padres se presentaran ante la Venerable Marta Robin para hacerle saber lo que les había sucedido. Seguramente, aquella no fue ni la primera vez ni sería la última que alguien hacía algo así.

 

Podemos imaginar, de todas formas, el dolor y el sufrimiento por el que estaban pasando aquel hombre y aquella mujer. Sólo hay que ponerse en su lugar…

 

Pues bien, ellos acudieron allí porque buscaban algún tipo de consuelo o, a lo mejor, comprender mejor lo que les había pasado.

 

Marta Robin, sin embargo, es hasta posible que no recurre a palabras, digamos, sanadores en sí sino que echa mano de lo que tiene más cerca y que, seguramente, puede ayudarles más de lo que ellos podían creer.

 

Marta habla de fe.

Lo que les dice Marta Robin a los padres que, desconsolados, acuden a los pies de su cama en petición de auxilio, podían haberlo pensado ellos mismos. Sin embargo, es posible que no llegase su fe a tanto como les pide nuestra Venerable.

 

Es algo bien sencillo. No les pide que hagan grandes sacrificios espirituales. Digamos que no quiere que le ofrezcan a Dios grandes cosas que pudiesen ser grandilocuentes. No. Ella les habla de algo fácil de entender: se llama fe y se llama, pues, confianza.

 

La fe supone que quien la tiene deja, por decirlo así, todo en manos de Dios Todopoderoso. Por eso, no tiene que hacer nada más. Ahora bien, eso hay que hacerlo no de forma falsa o disimuladora sino, al contrario, de verdad y con certeza y seguridad.

 

La Venerable Marta Robin les dice que “hace falta tener fe” y eso dice mucho acerca de quienes van referidas aquellas palabras.

 

Nosotros no sabemos si aquellos padres tenían más o menos fe. Pero Marta Robin les pide que la tengan. Y, es más, que crean en algo que, para ellos, bien podría parecer imposible. Y es que les pide que crean que su hijo muerto está feliz.

 

La felicidad nosotros la entendemos como un estado personal propio de quien está en el mundo. Es decir, decimos que somos felices, en general, si las cosas nos van bien y, muchas veces, olvidamos que la verdadera felicidad poco tiene que ver con los bienes que podemos atesorar sino con tener un corazón limpio y un alma preparada para ser llamada por Dios.

 

Pero el hijo muerto de aquellos padres abatidos es posible se encuentre en el mejor de los estados. Y es que Marta Robin defiende su tesis de la felicidad del mismo haciéndoles ver que está con Jesús y María.

 

No podemos negar que eso, así dicho, sin, a lo mejor, un fondo de fe muy profundo, puede resultar demasiado duro para unos padres que acaban de perder a un hijo y que les gustaría que estuviera con ellos. Sin embargo, si se trata de fe, de creer, de tener confianza de Dios, nada mejor que estar de acuerdo con el principio según el cual nuestro Creador no quiere nada malo para sus hijos sino, justamente, lo contrario. Y nosotros, que no comprenderemos nunca de forma total la Voluntad de nuestro Padre del Cielo, no podemos decir que aquel hijo no pueda estar ahora gozando de la felicidad eterna. Es más, para poder decir eso y creer en eso hay que, sí, creer y tener fe. Y eso es lo que les dice nuestra Venerable.

 

Y que ellos se marcharan de allí consolados y felices era, sobre todo, cuestión de creer, de tener fe.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *