Serie Venerable Marta Robin – Esto debemos ansiar

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.    

Esto debemos ansiar

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el sufrimiento, bien llevado, conduce a quien eso es capaz de hacer, a la Casa del Padre llamada Cielo.

La Venerable Marta Robin, como es más que conocido y sabido, sufrió mucho a lo largo de su vida que, por otra parte, no fue corta. Es decir, que su sufrimiento se prolongó durante bastantes años.

Sufrir, así, como quien no quiere la cosa, no es fácil. Es más, resulta de lo más difícil tratar de cohonestar lo que decimos creer, nuestra fe, con los malos momentos por los que vamos pasando a lo largo de la vida. Y estamos seguros de que quien eso haga bien se ha ganado el Cielo bien ganado.

Nuestra hermana en la fe, Marta Robin, se encuentra entre los creyentes católicos que han sabido hacer eso tan difícil como es sobrenaturalizar el dolor y, como diría otro ser humano excepcional como es el Beato Manuel Lozano Garrido, supo “sobrenadar” tal dolor, tal sufrir.

Pero, lo mejor del caso es que, para auxilio nuestro y de todo aquel que pueda pasar por algún que otro bache físico o espiritual, la Venerable Marta Robin sabe la causa de tal forma de proceder.

El amor que tuvo Marta Robin Jesucristo y, así, por Dios mismo (o, quizá, al revés) le vino la mar de bien para poder caminar (es un decir, en su caso) por el mundo sabiendo a qué atenerse y, sobre todo, a Quien amar sobre todas las cosas.

Ella nos lo dice muy bien en el texto traído hoy aquí.

Lo que es delicioso

El sentido que tiene Marta Robin de su fe es de tal grandeza que sabe perfectamente que lo que, para ella, es delicia, es amar a Dios y tener a su Hijo Jesucristo como hermano y Salvador.

Qué supone entregarse a Dios

La delicia de la que antes hablamos no es, sólo, Amar a Dios sino, más que nada, entregarse de todas maneras y formas a Quien la ha creado.

No darse con racanismos

Lo que no puede entender ni admitir (suponemos que, por sus palabras, eso fue así) es darse poco o limitar su entrega a Dios, digamos, como quien quiere reservarse algo para sí. Tal forma de actuar no sería propia de quien se sabe hija de Dios y, por tanto, conoce y reconoce que su Creador todo lo ve y todo lo sabe. No cabía, pues, actuación tendente a hacer lo mínimo.

Saber porqué se hace

Hay algo que, en materia de fe, es crucial: saber la causa de la misma y de nuestras actuaciones. Y Marta Robin tiene más que claro que toda su entrega, todo su sufrimiento y padecimiento tiene una razón de ser y es, ni más ni menos, que la Gloria (así, con mayúsculas) de Dios. Y nada, ni otra cosa ni nada, la mueve a hacer poco sino mucho y más que mucho.

Vemos, por tanto, que lo que debemos ansiar no es poca cosa. Y sí, es bien cierto que alcanzar tal estado espiritual de plenitud no es fácil pero nuestra Venerable Marta Robin demostró que, aquí sí, querer es poder.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *