Serie Venerable Marta Robin – Así es el perdón que quiere Dios de parte de nosotros

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

    Resultado de imagen de Le secret de Marta Robin

 

Así es el perdón que quiere Dios de parte de nosotros

 

“Cuando la monstruosa ingratitud de todos envuelva nuestro ser, pensemos en el Perdón y la Misericordia infinita de Jesús sobre su Cruz y perdonemos a todos en el fondo del corazón.”

Es bien cierto que sabemos que podemos hacer lo que, cuando suceda lo que nos dice la Venerable Marta Robin, debemos hacer. Ella, seguramente, lo hizo muchas veces porque, además de su enfermedad, debió sufrir muchas incomprensiones.

Nosotros no podemos compararnos con una persona como Marta Robin. Queremos decir que no pasamos por una situación como la suya, como ella sufrió físicamente. Sin  embargo no podemos negar que también es posible que haya personas ingratas y que, en fin, no correspondan con su amor al que pueda ser nuestro.

No estamos, por tanto, libres de situaciones tales que podamos decir que sí, que somos zaheridos y que, sobre nosotros, se dejan caer las más insolentes situaciones perjudiciales que nos hacen sufrir.

La Venerable francesa y universal nos habla de lo que ella denomina “monstruosa ingratitud”. Y es que es posible que sea tan grande la afrenta que se ponga en nuestra contra que, en efecto, sea algo monstruoso por la falta de correspondencia entre el amor entregado y el mal recibido…

Pues bien, no creamos que, en tales situaciones (que cada cual revise ahora mismo si se ha enfrentado o se enfrente a alguna de ellas) no tenemos remedio o, por decirlo de alguna forma, no podemos salir airosos de ellas. No. Marta Robin sabe que sí.

Nosotros, cuando hablamos de la fe que nos sustenta, solemos atribuir la misma a una serie de realidades espirituales que son muy antiguas. Lo son tanto como lo son, en el tiempo, el momento en el que el Hijo de Dios se dejó zaherir, escupir y matar permitiendo que alguien que ignoraba lo que hacía lo colgara en una cruz y le diera mala muerte. Es decir, estamos seguros de qué es origen de lo que creemos.

Pues bien, tal origen es, también, el principio de solución de eso de lo que nos habla la Venerable Marta Robin: la Cruz y sus consecuencias.

A tal respecto, lo que hace Jesucristo entonces, en aquella Cruz colgado, no es algo que quedara para sí mismo, como algo que no saliera de aquellos maderos. No. Al contrario de la verdad.

Queremos decir con esto que, al igual que Él se tuvo que sentir incomprendido y vilipendiado, solo y no querido, nosotros podemos estar en la misma situación. Y ya sabemos lo que queremos decir cuando sostenemos que queremos ser otros Cristos y el mismo Cristo.

Perdón y Misericordia.  Son las palabras, son sólo dos, a las que Jesucristo echó mano entonces.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el Amor del Hijo de Dios fue algo más que grande y manifiesto. Y es que era muy difícil perdonar a quien le estaba matando y, además, tener una tal Misericordia que pidiera a Dios que no les tuviera en cuenta lo que estaban haciendo porque no sabían lo que hacían…

Nosotros podemos hacer lo mismo. Y, siendo bien cierto que no llegará la cosa a tanto como fue aquella muerte, a cada cual le puede producir daño lo que se haga en su contra y eso, en tal sentido, tiene un camino que sólo puede ser el mismo que aquel que decidió seguir Jesucristo: perdonar y mostrar misericordia.

Que sí, que sabemos la dificultad que encierra una tal actitud. Pero también sabemos que es el único camino para ser, como decimos querer ser, otros Cristos y el mismo Cristo. Otro camino no hay. Y Marta Robin bien que lo sabía.

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