Rafaela: dos sugerencias sobre el sínodo de la sinodalidad

Rafaela, y con ella las rafaelas de mis pueblos, nunca me han decepcionado. Cuando quiero tener una visión de algo que no termino de entender, pregunto. No fallan.

Lo primero que me dicen es que ellas tienen muchas ganas de decir cosas, que siempre las han tenido, pero que no hay forma. Los curas escuchamos “iuxta modum”, es decir, si queremos, a quien queremos, cuando queremos y lo que queremos para, a continuación, hacer lo que nos da la gana. En tiempos tuvieron en el pueblo no saben bien si consejo, junta parroquial o cosa similar, pero con resultados iguales, es decir, nada de nada. Me acuerdo, dice Rafaela, cuando don Benito decidió quitar el púlpito. Preguntó, consultó, todos dijimos que lo dejara y lo quitó igual. Pues eso.

 

 

He explicado, voy explicando, que el santo padre pone en marcha un sínodo sobre la propia sinodalidad como forma de vivir y ser Iglesia, y que qué opinan del asunto.

Un café y unas rosquillas facilitan el intercambio de ideas. Si además de café y rosquillas aparece en la mesa una botellita de aguardiente de hierbas que se trajo de cuando fuimos a Santiago, entonces la verborrea se hace más fluida. Una copita nada más, pero siempre anima.

A dos conclusiones hemos llegado. O, mejor, han llegado. 

La primera, que si quieren hablar, se habla, pero que ellas deciden de qué quieren hablar.

Mira cura, me dicen, aquí hay cosas que de verdad preocupan. Cada vez somos menos en la Iglesia. Apenas viene gente a misa, no hay bautizos, los jóvenes no se casan y hasta ya ha pasado que se muera alguien y ni un entierro como Dios manda. Y otra cosa, y es que en cada parroquia el cura hace lo que quiere. Aquí, por ejemplo, el cura no se pone la casulla en misa, los niños en el altar, muchas palmas, misa solo el domingo y a veces ni siquiera. Al lado, tienes otro pueblo con misa diaria, a veces en latín, y mucha seriedad. Preguntas a un cura y todo es pecado. Preguntas a otro y nunca pasa nada. 

Es decir, cura, los templos vacíos, la gente cada vez pasa más de la Iglesia y encima cada cura haciendo lo que le da la gana, y nos vamos a dedicar a hablar de si somos sinodales o no. Que nos pregunten de qué queremos hablar y hablamos.

Y otra cosa, nosotras vamos a hablar donde haga falta y con quien haga falta, siempre y cuando podamos decir lo que queramos. 

Rafaela, mujer, eso lo tenéis…

Ni mucho menos, cura. A ti ya me he acostumbrado a decirte lo que me da la gana y sé que me lo aguntas todo, pero a reuniones he ido, antes, que ya no, y siempre es igual: esto no se puede decir, que si estas cosas es mejor no airearlas, hay que ser prudentes, cómo puedes decir eso, no la líes, vete con cuidado. 

Mira cura, si lo del sínodo este es para hablar de lo que nos manden, eso de la sinodalidad, que no sabemos lo que es, y teniendo cuidado con lo que decimos para no liarla, mejor en casa. Pero quede clara una cosa: si nosotras elegimos de qué queremos hablar y se nos garantiza que podamos soltar todo lo que se nos ocurra, vamos donde haga falta. ¿Te queda claro?

Clarísimo.

Pues hale, otra rosquilla y otra copita, y tú con cuidado, que tienes que coger el coche.

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