¿Quién inventó la confesión individual y privada en el confesionario?

El sacramento de la confesión tiene una rica historia en la Iglesia católica, una historia que incluía la confesión pública de los pecados. Era algo muy común en toda la cristiandad hasta que los misioneros irlandeses comenzaron a difundir una práctica única que vino inspirada por los monjes egipcios.

El Catecismo de la Iglesia Católica ofrece una sucinta historia del sacramento de la confesión, donde explica que “durante los primeros siglos, la reconciliación de los cristianos que habían cometido pecados particularmente graves después de su Bautismo (por ejemplo, idolatría, homicidio o adulterio), estaba vinculada a una disciplina muy rigurosa, según la cual los penitentes debían hacer penitencia pública por sus pecados, a menudo, durante largos años, antes de recibir la reconciliación. A este ‘orden de los penitentes’ (que sólo concernía a ciertos pecados graves) sólo se era admitido raramente y, en ciertas regiones, una sola vez en la vida” (CIC 1447).

Si bien esta era una práctica común en Europa, una tradición separada comenzó a desarrollarse en el desierto egipcio. Fue allí donde los monjes egipcios comenzaron a reunirse para construir comunidades monásticas y dentro de esas comunidades desarrollaron una manera distintiva de confesar los pecados.

San Juan Casiano en particular promovió una forma de confesión privada que aprendió de estos monjes del desierto y se la llevó consigo cuando fundó un monasterio en Francia. Los escritos de Casiano fueron luego llevados a Irlanda y fue allí donde encontraron tierra fértil.

En Irlanda, los monjes construyeron sobre los cimientos de Casiano y desarrollaron un sistema de confesión que era completamente privado, incluyendo la recitación privada de los pecados y la ejecución privada de la penitencia. Si bien es cierto que la confesión privada existió desde el principio de la Iglesia, no fue utilizada para todos los pecados hasta la influencia de los monjes irlandeses.

Los irlandeses también crearon la tradición de un “alma amiga” o anamchara en gaélico. Básicamente, era un director espiritual privado con quien uno compartía todos sus problemas personales y pecados.

Fue durante el siglo VII cuando los monjes irlandeses empezaron a llevar estas tradiciones de confesión a Europa. Según narra el Catecismo, “durante el siglo VII, los misioneros irlandeses, inspirados en la tradición monástica de Oriente, trajeron a Europa continental la práctica ‘privada’ de la Penitencia, que no exigía la realización pública y prolongada de obras de penitencia antes de recibir la reconciliación con la Iglesia. El sacramento se realiza desde entonces de una manera más secreta entre el penitente y el sacerdote” (CIC 1447).

La Iglesia ha evolucionado a lo largo de los años en su entendimiento del sacramento de la confesión, pero gran parte de la experiencia de confesión actual se debe a la influencia de los monjes irlandeses.

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