¿Qué creemos cuando decimos que creemos?

“Si un miembro sufre, todos sufren con él” (1 Co 12,26).

Ya en el 2005, Benedicto XVI antes de ser Papa, en el Vía Crucis transmitido a todo el mundo, se quejaba: “¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! […] La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf. Mt 8,25)” (Cardenal Ratzinger; Novena Estación).

Recordemos que, si ignoramos la realidad, no podremos después ignorar las consecuencias de haber ignorado la realidad. Todos somos Iglesia, todos somos corresponsables y todos ignoramos la realidad y ahora sufrimos las consecuencias. Por ello, el Papa Francisco en su Carta al Pueblo de Dios nos pide que no ignoremos los hechos, consciente de que “la magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir los hechos de manera global y comunitaria”. En consecuencia, es un deber para mí como profesor de teología tratar estos hechos y dar alguna luz sobre ellos, a las comunidades.

La Historia nos ha enseñado que los escándalos seguirán sacudiendo a la Iglesia, ya que no es la primera crisis que enfrenta una institución que ha sobrevivido 2.000 años, con papas con hijos, escándalos sexuales, inquisición, corrupción y pugnas de poder. Se dirá que históricamente, la Iglesia siempre ha visto pasar el féretro de sus perseguidores. Pero se trata de que pierde relevancia ante el mundo, quien ahora ve y enfrenta todo este terremoto con otra consciencia. De todos nosotros, clérigos y laicos, depende “una conversión eclesial”, afirma el Papa Francisco en su Carta al Pueblo de Dios, fechada  el 20 de agosto 2018.

Pero ¿Qué es el clericalismo? Es la influencia del clero en la vida política y social. Es la búsqueda de poder, por parte de la jerarquía religiosa, llevada a cabo con métodos seculares y con propósitos de control social. Es el amor al poder, renunciando al poder del amor. Es ideologizar una espiritualidad y espiritualizar una ideología para la conveniencia propia del clero y convertir al resto del Pueblo de Dios en mandaderos o funcionarios de la fe, manteniendo privilegios para el clero. Y es esto lo que ha generado en el tiempo el abuso sexual, abuso de poder y abuso de consciencia, que tanto ha denunciado nuestro Papa Francisco, pero que no lo quieren escuchar, y a cambio, se empeñan en enlodar. Se observa una tendencia hacia un clericalismo laical, lo que el magisterio ha denominado la “clericalización del laicado”; se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo.

“Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados. Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe. Pero la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes. En algunos casos porque no se formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n° 105).

“La falta de conciencia de pertenecer al Pueblo fiel de Dios como servidores, y no como dueños, nos puede llevar a una de las tentaciones que más daño le hacen al dinamismo misionero que estamos llamados a impulsar: el clericalismo, que resulta una caricatura de la vocación recibida” (Encuentro del 16 de enero de 2018, Viaje apostólico de Su Santidad Francisco a Chile y Perú, Santiago de Chile). “La vida cristiana es un camino humilde de una conciencia nunca rígida y siempre en relación con Dios, que sabe arrepentirse y remitirse a Él en sus pobrezas, sin presumir nunca de que se basta a sí misma” (Homilía Papa Francisco del 1 de octubre de 2017, Visita pastoral a Bolonia). “En América Latina, por ejemplo, el clericalismo es muy fuerte, muy marcado. Los laicos no saben qué hacer si no se lo preguntan al sacerdote… Y hay complicidad, porque se hace de a dos, como el tango que se baila entre dos… Es decir, el sacerdote que quiere clericalizar al laico, la laica, el religioso y la religiosa, y el laico que pide por favor ser clericalizado, porque es más cómodo” (Discurso del Santo Padre Francisco a la Unión Internacional de Superiores Generales «UISG», 2016).

Pero ¿Cuál es el origen de esta creencia limitante incubada hace siglos, que hoy está mermando toda la relevancia de la Iglesia en el mundo actual? ¿Qué hace que le demos creencia a lo que creemos en la Iglesia? Jean Paul Sartre, advertía que cuando una creencia no es continuamente sometida a verificación, termina siendo acogida como tradición y aceptada como verdad incuestionable. La institución-Iglesia se sustenta sobre dos formas de poder: uno secular, organizativo, jurídico y jerárquico, heredado del Imperio Romano y otro espiritual, asentado sobre la teología política de San Agustín acerca de la Ciudad de Dios que él identifica con la institución-Iglesia. En su organización histórica concreta, que se fue dando, no cuenta tanto el Evangelio o la fe cristiana, sino estos poderes que reivindican para sí el único “poder sagrado”. Pues bien, el recorrido histórico que ha hecho que creamos en lo que creemos de la Iglesia-institucional-clerical, es lo siguiente:

  • El primer texto cristiano es 1 Tesalonicenses y es de alguien que no conoció al Jesús histórico, y contiene teología especulativa, no narrativa. Sin embargo, hay que considerar que San Pablo fue a verificar y conocer más a Jesús a través de los apóstoles y especialmente Pedro en Jerusalén.
  • Los evangelios empezaron a aparecer a partir del año 70, unos cuarenta y tantos años después de la muerte de Jesús. Cuando ya la Iglesia se había organizado en comunidades y en asambleas por las grandes ciudades del Imperio.
  • Las asambleas que organizaban las Iglesias de Pablo no tenían templos, ni tenían lo que hoy llamamos iglesias, en el sentido de edificios. Se reunían en casas, pero tenían que ser casas grandes y los que disponían de casas así eran los ricos y potentados. Por lo que la Iglesia se organizó en torno a las casas de la gente rica, importante, y sus consiguientes intereses.
  • En los primeros siglos todo el Imperio era bilingüe: se hablaba sobre todo el griego, también el latín. Pero los evangelios se redactaron en griego, y el griego lo conocía la gente culta. La gente por tanto de cierto nivel social, cultural, con todos los aditamentos que inevitablemente eso lleva consigo. Y los pobres ¿qué hacían? Pues lo que siempre han hecho y siguen haciendo: se quedan al margen. Según Tertuliano, en el siglo III es cuando hay noticias de la primera traducción de toda la Biblia al latín. Por tanto, los dos primeros siglos el pueblo no podía conocer el Evangelio. Esta entrada masiva de gente rica y poderosa en la Iglesia le dio un giro completamente nuevo: se mantenía el Evangelio, pero no se vivía. Pero el Evangelio no es una teoría, es una forma de vivir. Y está presente en la medida en que se vive.
  • A partir del año 313 con el Edicto de Milán el cristianismo pasa a ser una religión tolerada en el Imperio Romano, es decir, ya deja de ser perseguida.
  • Ese poder que estructura la institución-Iglesia se fue constituyendo a partir del año 325 con el emperador Constantino, quién convoca a los primeros concilios y se definen dogmas cristológicos esenciales. A partir de aquel momento a la Iglesia se le empiezan a conceder privilegios.
  • El año 382 se traduce el original bíblico (en hebreo, arameo y koiné) al latín, por San Jerónimo, cuya versión se denomina La Vulgata.
  • El 385 a los 31 años San Agustín se convirtió al cristianismo, por el testimonio y amistad de San Ambrosio, quien lo orientó al estudio de las cartas de San Pablo, el cual, había desarrollado una teología especulativa, no narrativa como el caso de los evangelios. Agustín había sido parte de la secta de los maniqueos, los cuales, eran influidos por la filosofía neoplatónica y eran dualistas. Actualmente sabemos por la psicología que tarda mucho tiempo una persona en abstraerse de lo que vivió. Por ejemplo, San Pablo tuvo al principio una mirada farisea del cristianismo, el Papa San Juan Pablo II no pudo abstraerse de su mala experiencia con el marxismo en su infancia y después rechazó de plano la teología latinoamericana de la liberación. Lo mismo San Agustín no pudo abstraerse desde el principio de su neoplatonismo y dualismo maniqueo. Y con esa lectura interpretó la biblia traducida al latín tres años antes de su conversión.
  • El cristianismo fue oficialmente instaurado en el año 392 cuando Teodosio, el Grande (+395) lo impuso como la única religión del Estado, y nace la cristiandad como religión que persigue a las otras, y la cruz de Cristo pasa a ser cruz de guerra. La institución-Iglesia asumió ese poder con todos los títulos, honores y hábitos aristocráticos que perduran hasta el día de hoy en el estilo de vida de los obispos, cardenales y papas. A finales del siglo IV, todo el siglo V y hasta comienzos del siglo VI, se produjo un fenómeno sorprendente: la entrada en avalancha de la gente más rica y potentada en la Iglesia. La cosa llegó hasta el extremo de que hubo muchísimos casos de obispos nombrados sin estar ni bautizados. El caso más conocido es el del que fue obispo de Milán, san Ambrosio. San Ambrosio era catecúmeno, y de catecúmeno lo consagraron obispo porque vieron que era el único que podía gobernar una Iglesia ingobernable por los líos que tenía. Eso se repitió por las Galias y también en la Hispania romana.
  • El año 395 San Agustín es consagrado obispo súbitamente por los cristianos de Hipona, y en su actividad episcopal influyó mucho en diversos concilios, y por tanto, en algunos dogmas y formas de entender el cristianismo; también influyó en la aprobación de la definición del canon bíblico, que ya venia siendo anunciado desde el 382.
  • Entre el 412 y el 426, San Agustín escribe La Ciudad de Dios que es una apología del cristianismo contra los paganos, la cual, influyó sobre la visión de la Iglesia como la única poseedora de la verdad y de la salvación. Posteriormente vendrá el tema de las penas del infierno, las del purgatorio y de las indulgencias.
  • Este poder adquirió, con el tiempo, formas cada vez más totalitarias y hasta tiránicas, especialmente a partir del Papa Gregorio VII que en 1075 se autoproclamó señor absoluto de la Iglesia y del mundo.
  • Radicalizando su posición, Inocencio III (+1216) se presentó no sólo como sucesor de Pedro sino como representante de Cristo.
  • Su sucesor, Inocencio IV (+1254), dio el último paso y se anunció como representante de Dios y por eso señor universal de la Tierra, y podía distribuir porciones de ella a quien quisiera, como se hizo después a los reyes de España y Portugal en el siglo XVI. Y además, en dicho tiempo existía una teología de la historicidad de Adán y Eva, y con ello les pareció más lícito el genocidio de indígenas en el Nuevo Continente.
  • Sólo faltaba proclamar infalible al Papa, lo que ocurrió bajo Pio IX en 1870. Ahí se cerró el círculo hasta hoy.

La creencia que se ha transmitido hasta nuestros días es que el celibato es superior al matrimonio, lo cual, es erróneo, y antieclesial, ya que el matrimonio es un sacramento y el celibato sólo una promesa en el caso del clero. Por dicha razón, muchos sostienen que el celibato de alguna manera sostiene la perversión eclesial del clericalismo, como dice el Papa Francisco. A continuación, expongo los textos bíblicos que expresan de manera clara que en la biblia el celibato se concibe desde su origen de manera optativa.

  • Mateo 19,12

“Hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los cielos” 

  • 1 Corintios 9,5

“¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas (Pedro)?”

  • 1 Timoteo 3,1.12

“La palabra es fiel: Si alguno desea obispado, ministerio difícil desea. Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, vigilante, templado, de afectos mundanos mortificados, hospedador, apto para enseñar”

  • Tito 1,6

“El elegido ha de ser irreprochable, casado una sola vez; sus hijos, si los tiene, deben ser creyentes sin que puedan ser acusados de libertinos o rebeldes”.

  • 1 Corintios 7,7-9

“Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios; uno a la verdad así, y otro así. Digo, pues, a los por casar y a los viudos, que bueno les es si se quedaren como yo. Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse”

Estos versículos, que son del tiempo en que el cristianismo era original y naciente, nos hace ver que el celibato era OPTATIVO (y puede ser en el clero diocesano pues, en religiosos no es posible), y esa es la sabiduría de Dios no la nuestra. Cada vez que hemos querido ayudar a Dios la embarramos. Por ejemplo, Abraham quiso llevar más gente para poblar la Tierra que Dios le había prometido y con eso llevo familiares que finalmente la embarraron en Sodoma y Gomorra. Luego Sarah quiso ayudar a Dios con la promesa de la descendencia a su esposo y finalmente generó el problema que hasta hoy divide a árabes y judíos. Y después la cristiandad o Iglesia romana, quiso ayudar a la “pureza” en una religión cristiana e impuso el celibato a los sacerdotes…además de las razones económicas y morales. POR ELLO, DEBEMOS RESPETAR LO QUE DIOS INDICÓ Y REVELÓ DESDE EL ORIGEN !!!!

Expongo a continuación la cronología del celibato en la historia de la Iglesia, a fin de alcanzar una mejor comprensión respecto de su evolución y las diversas modalidades o visiones que nos podrían aportar hoy a un celibato opcional en el clero, a partir de la tradición:

Siglo I: Pedro, el primer Papa, y los apóstoles escogidos por Jesús eran en su gran mayoría hombres casados. El Nuevo Testamento sugiere que las mujeres presidían la comida eucarística en la Iglesia primitiva.

Siglos II y III: Edad del Gnosticismo: la luz y el espíritu son buenos, la oscuridad y las cosas materiales son malas. Una persona no puede estar casada y ser perfecta. No obstante ello, la mayoría de los sacerdotes eran hombres casados.

Siglo IV: Concilio de Elvira del año 306, España, Decreto 43: todo sacerdote que duerma con su esposa la noche antes de dar misa perderá su trabajo. Concilio de Nicea, año 325: se decreta que una vez ordenados, los sacerdotes no pueden casarse. Concilio de Laodicea, año 325: las mujeres no pueden ser ordenadas. Esto sugiere que antes de esta fecha se realizaba la ordenación de mujeres. Año 385: el Papa Siricio abandona a su esposa para convertirse en Papa. Se decreta que los sacerdotes ya no pueden dormir con sus esposas.

Siglo V: Año 401: San Agustín escribe que “Nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer”

Siglo VI: Año 567: El Concilio de Tours II establece que todo clérigo que sea hallado en la cama con su esposa será excomulgado por un año y reducido al estado laico. Año 580, Papa Pelagio II: su política fue no meterse con sacerdotes casados en tanto no pasaran la propiedad de la iglesia a sus esposas o hijos. Año 590 a 604: El Papa Gregorio, llamado “el Grande” dice que todo deseo sexual es malo en sí mismo.

Siglo VII: Francia: los documentos demuestran que la mayoría de los sacerdotes eran hombres casados.

Siglo VIII: San Bonifacio informa al Papa que en Alemania casi ningún obispo o sacerdote es célibe. El Papa Zacarías se inclinaba en dejar en libertad a las iglesias locales, para que, a discreción del obispo, se acogiera o no el celibato sacerdotal.

Siglo IX: Año 836: El Concilio de Aix-la-Chapelle admite abiertamente que en los conventos y monasterios se han realizado abortos e infanticidio para encubrir las actividades de clérigos que no practican el celibato. San Ulrico, un santo obispo, argumenta que basándose en el sentido común y la escritura, la única manera de purificar a la Iglesia de los peores excesos del celibato es permitir a los sacerdotes que se casen.

Siglo XI: Año 1045: El Papa Bonifacio IX se dispensa a sí mismo del celibato y renuncia al papado para poder casarse. Año 1074: El Papa Gregorio VII dice que toda persona que desea ser ordenada debe hacer primero un voto de celibato: “Los sacerdotes [deben] primero escapar de las garras de sus esposas”. Año 1095: El Papa Urbano II hace vender a las esposas de los sacerdotes como esclavas y sus hijos son abandonados.

Siglo XII: Año 1123: Papa Calixto II: El Concilio de Letrán I decreta que los matrimonios clericales no son válidos. Año 1139: Papa Inocencio II: El Concilio de Letrán II confirma el decreto del anterior Concilio.

Siglo XIV: El Obispo Pelagio se queja de que las mujeres son aún ordenadas y administran confesiones.

Siglo XV: Transición. 50% de los sacerdotes son hombres casados y como tal, aceptados por la gente.

Siglo XVI:1517: Martín Lutero; 1530: Enrique VIII; 1545 a 1563: El Concilio de Trento establece que el celibato y la virginidad son superiores al matrimonio.

Siglo XIX:1869: El Concilio Vaticano I establece la infalibilidad del Papa.

Siglo XX: 1930: Papa Pío XI: el sexo puede ser bueno y santo; 1951: Papa Pío XII: un pastor luterano casado es ordenado como sacerdote católico en Alemania; 1962: Papa Juan XXIII: Concilio Vaticano II; el matrimonio es equivalente a la virginidad; 1966: Papa Pablo VI: dispensas al celibato. Ludmilla Javorova y otras mujeres checas son ordenadas para atender las necesidades de las mujeres prisioneras de los comunistas; 1980: Se realiza la ordenación de pastores anglicanos y episcopales casados como sacerdotes católicos en los Estados Unidos; en 1994, esto también sucede en Canadá e Inglaterra; 1993: “El celibato no es esencial para el sacerdocio; no es una ley promulgada por Jesucristo.” Declaración del Papa San Juan Pablo II en julio de 1993.

Después de exponer estos hechos cronológicos cabe preguntarse ante la crisis actual de la Iglesia: ¿si seremos acaso juzgados por nuestra pureza en el Juicio Final, respecto al celibato o a lo que hicimos a los más pequeñitos, como Dios lo reveló en Mt. 25, 31-46? ¿En verdad creemos que el Dios de Amor excluye un amor? ¿Religarse desesperadamente a un cúmulo de creencias, es madurez humana? ¿Cuánta vida nos ha costado nuestras creencias?

A continuación veamos un compendio de las diversas formas que el celibato se ha vivido en la historia por diferentes Papas (algunos de ellos canonizados), y también aclarando lo que pasa a ser como un mito en las creencias que hemos recibido y lo que en verdad es real, a partir de los historiadores:

Papas que fueron casados:

San Pedro, Apóstol

San Félix III 483-492 (2 hijos)

San Hormidas 514-523 (1 hijo)

San Silverio (Antonia) 536-537

Adriano II 867-872 (1 hija)

Clemente IV 1265-1268 (2 hijas)

Félix V 1439 1449 (1 hijo)

 

Papas que fueron hijos de papas u otros miembros de clero

San Damasco I (366-348), hijo de San Lorenzo, sacerdote.

San Inocencio I (401-417), hijo de Anastasio I

Bonifacio (418-422), hijo de un sacerdote

San Félix (483-492), hijo de un sacerdote

Anastasio II (496-498) hijo de un sacerdote

San Agapito I (535-536) hijo de Gordiano, papa

San Silverio (536-537), hijo de San Hormidas, papa

Marino (882-884), hijo de un sacerdote

Bonifacio VI (896-896), hijo de Adrián, obispo

Juan XI (931-935) hijo del Papa Sergio III

Juan XV (989-996) hijo de León, sacerdote

 

Papas que tuvieron hijos ilegítimos después de 1139

Inocencio VIII (1484-1492) varios hijos

Alejandro VI (1492-1503) varios hijos

Julio (1503-1513) 3 hijas

Pablo III (1534-1549) 3 hijos, 1 hija

Pío IV (1559-1565) 3 hijos

Gregorio XIII (1572-1585) 1 hijo

 

Mitos y hechos reales:

 

Mito: Todos los sacerdotes realizan un voto de celibato.

Hecho real: La mayoría de los sacerdotes no hacen un voto de celibato. Es sólo una promesa hecha ante un obispo.

Mito: El celibato no es la razón de la falta de vocaciones.

Hecho real: Una encuesta realizada entre las iglesias protestantes durante 1983 muestra un excedente de miembros del clero; solamente la iglesia católica tiene carencia de sacerdotes.

Mito: El celibato eclesiástico ha sido norma desde el Concilio de Letrán II, celebrado en 1139.

Hecho real: Los sacerdotes y hasta los Papas continuaron casándose y teniendo hijos durante varios siglos después de esa fecha. De hecho, la Iglesia Católica Oriental todavía tiene sacerdotes casados. En la Iglesia Latina, un sacerdote puede ser casado si primero fue pastor protestante; o si ha sido católico durante toda su vida, pero promete no tener nunca más relaciones sexuales con su propia esposa.

 

En conclusión, creo que el celibato es un don del Espíritu, tal como lo es la vocación de matrimonio y la vocación a permanecer soltero. Los dones no pueden ser obligatorios, por eso es que con un profundo respeto por el don del celibato creo que corresponde que se lo decrete opcional, y no se lo imponga sobre aquellos que no han sido llamados a permanecer en ese estado.

El celibato no es un dogma, es una Norma Disciplinaria que pudiera ser modificada y/o suspendida sin que ello afecte la santidad de la Iglesia.

También es importante considerar otra mirada a favor del celibato, por ejemplo la del Padre J. George Srick del Instituto del Verbo Encarnado en Roma, en un ensayo sobre el celibato, afirma que: “cuando el celibato no era un estado admitido en la sociedad, los Apóstoles no esperaban encontrar hombres célibes en número suficiente para regir las numerosas comunidades cristianas que iban surgiendo, pues simplemente no los había y no se podía pensar que el deseo de Pablo de que el servidor sea célibe, fuese inmediatamente aceptado y practicado en toda la Iglesia. No había entonces seminarios, había que fundar las comunidades cristianas con la predicación y para ello se escogía a los hombres más capacitados en ese momento. Por ello Pablo exige al menos lo indispensable, a saber, que no sean libertinos o que no hayan tenido ya varias mujeres. Incluso es de admirarse que, en ese ambiente naturalmente contrario a la abstención sexual, Pablo haya tenido la claridad y el valor de predicar que “es mejor no casarse”. Sus palabras son sin duda de un gran calibre profético.”

Este es entonces el gran problema de la Iglesia: que tenemos una institución bien organizada, bien gestionada y bien estructurada pero igualmente alejada y distante del evangelio. Aunque hay personas, movimientos y grupos que lo viven, que se esfuerzan en vivirlo. Pero hay muchas personas que no son célibes y han sido santos, porque han sido un evangelio viviente.

Jesús resume su pensamiento con unas palabras muy graves: “Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres” (Mc.7,8). Cuando nos aferramos ciegamente a tradiciones humanas, corremos el riesgo de olvidar el mandato del amor y desviarnos del seguimiento a Jesús, Palabra encarnada de Dios. Normas, costumbre, devociones que han nacido para vivir la religiosidad en una determinada cultura, pueden hacer mucho bien. Pero hacen mucho daño cuando nos distraen y alejan de lo que Dios espera de nosotros. Nunca han de tener primacía. En la religión cristiana, lo primero es siempre Jesús y su llamada al amor. Solo después vienen nuestras tradiciones humanas, por muy importantes que nos puedan parecer. No hemos de olvidar nunca lo esencial: practicar la gratuidad.

“Si un miembro sufre, todos sufren con él», nos decía san Pablo. Por medio de la actitud orante y penitencial podremos entrar en sintonía personal y comunitaria con esta exhortación para que crezca entre nosotros el don de la compasión, de la justicia, de la prevención y reparación. María supo estar al pie de la cruz de su Hijo. No lo hizo de cualquier manera, sino que estuvo firmemente de pie y a su lado. Con esta postura manifiesta su modo de estar en la vida. Cuando experimentamos la desolación que nos produce estas llagas eclesiales, con María nos hará bien instar más en la oración, buscando crecer más en amor y fidelidad a la Iglesia” (Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios; 20 de agosto de 2018).

Llegó la hora en que podemos dar un aporte específico a esta crisis que nos atraviesa a todos. Llegó la hora de Resignificar la realidad eclesial, mediante una conversión eclesial. Llegó la hora del laico. Llegó la hora de pasar de la religión clerical de Dios, a la Relación personal y comunitaria con Dios. Llegó la hora de pasar de una teología especulativa de verdades a una teología narrativa de la post-verdad. Llegó la hora de pasar de un Dios que sólo Es, a un Dios que es porque Está. Llegó la hora de pasar de una iglesia-clerical-institucional, a una iglesia Comunidad de comunidades. Llegó la hora de abrirse de una consciencia objetiva, a una consciencia creativa y compasiva. Llegó la hora de bajarnos del Arca de Noé (zona de confort) y subirnos a la barca de Pedro (fe en medio de las contingencias) y no abandonarla en medio de la tempestad, sino extender las manos para dar el salto (Emunah) y tomar la Mano a Aquel que puede caminar sobre las aguas, para seguir creyendo que no nos romperán la esperanza, y que sólo Jesús de Nazaret es Alguien para Siempre.

Un comentario en “¿Qué creemos cuando decimos que creemos?

  • el 3 octubre, 2018 a las 4:32 pm
    Permalink

    Muy buen articulo. Despeja dudas y afianza conocimientos.

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *