Ocurrencias eclesiales

Jorge González Guadalix

No tenemos las ideas claras en absoluto. Me temo que ni los laicos, los curas, los obispos y hasta el santo padre. Al menos, la impresión que muchos tenemos es que no sabemos muy bien por dónde tirar. Por otra parte, no vamos a estarnos quietos cuando las cosas, seamos claros, no van del todo bien. El número de católicos no aumenta, y si lo hace es solo por los movimientos naturales de población, y nos encontramos con el espeluznante dato de que, en Hispanoamérica, por ejemplo, el porcentaje de católicos baja de manera escalofriante. En Panamá, por ejemplo, apenas llegamos al 60 %. Otras naciones ya bajaron el listón del 50 % hasta llegar al apenas 37 % de Honduras.

 

En España tenemos datos muy preocupantes. Un descenso en la práctica religiosamuy generalizado, sangrante escasez de vocaciones que hace que muchos sacerdotes, especialmente en algunas diócesis estén sobrecargados y estresados, cierre de conventos contemplativos a ritmo de uno al mes, y, si quieren, hablamos de la situación especialmente preocupante del catolicismo en País Vasco y Cataluña.

 

Evidentemente, algo hay que hacer.

De momento, como ni sabemos ni queremos entrar en el fondo, me parece que aquí todos tenemos mucho miedo, andamos sobreviviendo a base de ocurrencias.Ya saben, eso de qué podíamos hacer, se me ha ocurrido, qué tal si convocáramos, a lo mejor esto resulta. Últimamente estamos muy preocupados por el medio ambiente, la solidaridad, los refugiados y, en Madrid, por ejemplo, la violencia de género. Todo esto sirve para salir en la prensa, que nos digan “mira qué majos”, y llevarnos nuestros minutos de gloria y publicidad, que no para otra cosa.

 

Ocurrencias a todos los niveles. Aparentemente grandiosas, pero sin más resultado que aire y humo. ¿Recuerdan que hace poco tuvimos en Roma un sínodo sobre los jóvenes? ¿Y? ¿Recuerdan que en Madrid, hace algunos años tuvimos un sínodo diocesano y hace menos años un plan diocesano de evangelización? ¿Y? Son ejemplos. Ya saben, se nos ha ocurrido. Ni remontan las vocaciones, ni se llenan los templos, ni nos toman más en serio, pero hemos hecho cosas.

 

A mí tampoco se me ocurren cosas. Qué se le va a ocurrir a un cura prácticamente de aldea. Otros hay con más preparación, más experiencia y una ordenación episcopal que para algo es. Ya quisiera yo tener la piedra filosofal y la clave para la conversión planetaria al evangelio de Cristo en el seno de la Iglesia católica.

 

Cuando no tenemos las ideas claras, y no las tenemos, a mí lo único que se me ocurre es agarrarnos a lo de siempre, a la gracia, cuidar la fuerza de la gracia en nuestras parroquias y comunidades, dejarnos de ocurrencias y vivir en lo seguro.

 

No obstante, me atrevo a sugerir algunas cosas, sabiendo, cómo no, que uno hace lo que puede, pero que es Dios es el hará crecer y fructificar a su Iglesia su así es su voluntad.

 

– Cuidar muchísimo la eucaristía. Que cada día se celebre en nuestras comunidades y se haga bien, es decir, respetando la liturgia hasta en los detalles pequeños.

 

– Colocar la adoración eucarística en el centro de la vida de oración de cada comunidad.

 

– Facilitar el acceso al sacramento de la reconciliación.

 

– Orar. Liturgia de las horas. Santo rosario.

 

– Una formación católica, que incluye por supuesto, todas las catequesis, con base FUNDAMENTAL en el catecismo de la Iglesia católica.

Esto no nos puede faltar y, si es posible, a diario.

 

Y si no se nos ocurre nada más, pues qué se le va a hacer. Pero esto hay que garantizarlo. Es facilito: yo no sé qué hacer y cómo hacer para superar esta crisis de fe y de pertenencia a la Iglesia. Así que, mientras veo una solución o llega alguna posibilidad de algo, misa, sermón, rosario y exposición, que decían los curas antiguos, y un poquito de confesionario.

 

Oiga, que faltan muchas cosas. Ya lo sé. Ya se me ocurrirán. O mejor no.

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