Obispos franceses muestran su rechazo absoluto a la eutanasia y al suicidio asistido

Ecclesia / InfoCatólica

La presidencia de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF) ha transmitido esta semana al presidente de la República, Emmanuel Macron, su rotundo rechazo a una ley sobre el final de la vida que contemple la eutanasia o el suicidio asistido.

El encuentro con el mandatario galo en el palacio del Elíseo tuvo lugar el martes a petición de la Iglesia, y se abordó, básicamente, el lanzamiento por parte del gobierno de un debate nacional, tras el dictamen del Comité Consultivo Nacional de Ética del pasado día 13 que allana el camino a la «asistencia activa al morir».

En la reunión, el presidente y el secretario general del episcopado, Eric de Moulins-Beaufort y Hugues de Woillemont, expresaron a Macron la preocupación de la Iglesia por este tema. El presidente –dijo Woillemont– manifestó que «quería que estos temas no dividieran a la sociedad y que tenía muchas ganas de abrir el debate».

El lunes, miembros del episcopado se reunieron también con la ministra de Sanidad, Agnès Le Bodo.

Declaración del Comité Permanente

La víspera del encuentro con el presidente, el Comité Permanente del episcopado hizo pública una declaración en la que se afirma que «no sería ético plantear un cambio de legislación» sin desarrollar antes los cuidados paliativos, ausentes todavía –se denuncia– en una cuarta parte de los Departamentos franceses.

«Escuchando a los pacientes, cuidadores, familiares, actores en cuidados paliativos, percibimos que la necesidad esencial del mayor número es ser considerado, respetado, ayudado, acompañado, no abandonado», dice el documento. Y añade: «Durante la crisis vinculada al Covid-19, nuestra sociedad hizo grandes sacrificios para «salvar la vida», en particular de las personas más frágiles, a veces incluso hasta el punto de sobreaislar a las personas enfermas o ancianas para preservar la salud de sus cuerpos… ¿Cómo entender que, a pocos meses de esta gran movilización nacional, se dé la impresión de que la sociedad no verá otra salida a la prueba de la fragilidad o al final de la vida que la asistencia activa al morir, el suicidio asistido?».

Los obispos indican que la cuestión del final de la vida es un tema sensible y delicado, y no puede ser tratado «bajo presión». «Es necesario escuchar con seriedad y serenidad –reclaman– a los cuidadores, a las asociaciones de pacientes, a los filósofos, a las diferentes tradiciones religiosas para garantizar las condiciones para un auténtico discernimiento democrático». Y concluyen pidiendo que «cada vida humana sea respetada, acompañada, honrada».

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