Obispo Strickland: nuestra misión es salvar almas, no el cambio climático

Monseñor Joseph Strickland, obispo de la diócesis texana de Tyler, vuelve a representar el sector ‘rebelde’ del episcopado americano al declarar en Baltimore, donde se reúne en asamblea plenaria la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, al recordar que la razón de ser de la jerarquía eclesiástica es la salvación de las almas.

“Todo lo que ha pasado este verano es: “oh, sí, tenemos que preocuparnos por el calentamiento global”. Pero ese no es nuestro trabajo”, sostiene el obispo de Tyler, Texas, en una entrevista concedida a Catholic News Agency. “Creo que lo hemos entendido al revés. Como obispos, nuestra prioridad es la santidad del pueblo de Dios, la salvación de las almas”.

Es como si la orden del Vaticano prohibiendo a los obispos norteamericanos votar en su plenaria, iniciada esta semana en Baltimore, medidas para combatir la crisis de los abusos hubiera sido la gota que derrama el vaso, y entre los obispos más decididos a atajar la deriva de la iglesia nacional hacia una ONG redundante está Strickland.

Strickland, que tras la aparición del Testimonio Viganò este verano pasado fue el primero en solicitar que se investigaran los cargos vertidos por el ex nuncio, de quien alabó la integridad, se ha referido con este primer comentario de forma velada a los comentarios del cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, cuando señaló públicamente que el Papa no podía perder el tiempo respondiendo a Viganò porque tenía “una agenda más amplia”.

No fue la única referencia velada a clérigos famosos. En su intervención ante sus colegas, señaló: “Hay un sacerdote que ahora va viajando por todas partes diciendo básicamente que no [cree en las enseñanzas de la Iglesia]”, en clara alusión al mediático jesuita James Martin, asesor vaticano de comunicaciones, autor y autodenominado ‘apóstol ante los LGBT’. “Tenemos que plantearnos la preguntar de si debe tener presencia en nuestras diócesis”. Un grupo de obispos aplaudió la mención.

Strickland pronunció incluso la palabra prohibida, la que Roma y los obispos han eludido laboriosamente desde el inicio de la crisis al decir: “Tenemos que preguntarnos cómo se ha producido el escándalo McCarrick. Tenemos que plantearnos en serio la cuestión de la homosexualidad en el clero. Es parte del depósito de nuestra fe creer que la actividad homosexual es inmoral. ¿Creemos o no en la doctrina de la Iglesia?”

En la entrevista con CNA, Strickland se muestra impaciente ante la lentitud de la investigación sobre McCarrick, que “está llevando demasiado tiempo”, y aboga por que la iglesia americana lleve a cabo su propia investigación en paralelo a la supuestamente emprendida por Roma. “Tiene que haber archivos”, insiste Strickland. “Él es americano, todo su sacerdocio ha transcurrido en Estados Unidos. Ciertamente, podemos hacerlo”.

Volvió a referirse al Testimonio Viganò que, dijo, “ha venido a tirar de la manta en cierto modo” sobre cuestiones más de fondo dentro de la Iglesia, cuestiones relativas a la decadencia moral en el conjunto del clero.

El obispo de Tyler insistió en que “la cuestión central” está en procurar la salvación de las almas “de las víctimas y de los perpetradores. Como obispos, nos tiene que preocupar la salvación del alma de Theodore McCarrick”.

“Soy un pastor, tengo mi rebaño”, concluye Strickland. “Y las ovejas están sangrando, las están masacrando, los lobos están atacándolas. No nos podemos preocupar del color en el que vamos a pintar el redil”.

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