Obispo belga decepcionado por el sínodo: «la ordenación de sacerdotes casados no fue examinada en los grupos de trabajo»

El pasado 10 de octubre, Mons. Jean Kockerols, obispo auxiliar de Bruselas, hablando en nombre de todos los obispos de la Conferencia Episcopal de Bélgica, pidió que el Sínodo se ponga fin al celibato obligatorio para los sacerdotes de rito latino.

«Estoy convencido de que algunos jóvenes, que han pasado de la vocación bautismal a casarse, dirían con gusto ‘aquí estoy’ si la iglesia los llamara al ministerio sacerdotal»

Hoy el obispo dijo el auxiliar de Lyon, Emmanuel Gobillard, a la AFP, como recoge France 24 se muestra decepcionado del resultado del Sínodo sobre los Jóvenes:

«No hubo reacciones, ni a eso ni a ninguna de las propuestas audaces que han sido titulares de prensa durante la asamblea»

También Mons. Jean Kockerols mostraba su decepción:

«Estoy decepcionado por la falta de reacción. Un obispo lo comparó con estalactitas que tardan mucho tiempo en crecer»

Y según sus palabras «numerosos obispos me buscaron durante los descansos para tomar café y me dijeron: ‘Usted tiene razón, deberíamos ir en esa dirección’, pero me di cuenta de que el tema nunca fue examinado en los grupos de trabajo»

No se descarta que después de este revés y aprovechando los nuevos mecanismos sinodales se intente la ruptura de la milenaria tradición y práxis de la Iglesia en el rito latino. Se especula que el próximo asalto puede darse con ocasión del Sínodo sobre la Amazonia.

Como resume en Catecismo, recogiendo la práctica multisecular de la Iglesia:

1579 Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato «por el Reino de los cielos» (Mt 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus «cosas» (cf 1 Co 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios (cf PO 16).

La experiencia está mostrando que como ocurre en la confesión anglicana, luterana, evangélica u ortodoxa, que los sacerdotes no sean célibes no ha detenido la disminución de «sacerdotes».

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