Nuevo estudio: las terapias para cambiar la atracción por el mismo sexo no dañan

Un nuevo estudio ha analizado 125 casos de varones con fuertes convicciones religiosas que participaron en terapias de ECOS (acrónimo de “esfuerzo para cambiar la orientación sexual”) y no ha encontrado que entre ellos hubiera más descontento o perjuicio del que se encuentra estadísticamente en cualquier otra psicoterapia con otros fines.

Este estudio parece refutar firmemente la idea que repiten algunos lobbies LGTBI y también algunas asociaciones de psicólogos, que declaran (sin aportar datos estadísticos al respecto) que las terapias para intentar cambiar la orientación sexual son dañinas y perjudiciales.

El estudio se titula “Effects of Therapy on Religious Men Who Have Unwanted Same-Sex Attraction”, y lo firman Paul L. Santero, Neil E. Whitehead y Dolores Ballesteros. Se publicó el 23 de julio en «Linacre Quarterly», la prestigiosa revista de la Catholic Medical Association de Estados Unidos, una publicación que se publica sin interrupción desde 1934 y siempre ha abordado temas de debate bioético, por lo que es la más veterana publicación de ética médica del país.

El resumen especifica así el alcance del estudio: “La Asociación Psicológica Americana y otras organizaciones han asegurado formalmente que las terapias de cambio de orientación sexual no deberían usarse porque son probablemente ineficaces y pueden causar daños. Una revisión preguntando por experiencias positivas y negativas de 125 hombres, laicos, con creencia religiosa activa, que recibieron ECOS (esfuerzos para cambiar la orientación sexual) contradice con fuerza esa afirmación”.

“En nuestro estudio, la mayoría de los que participaron en ayudas de grupo o profesionales tuvieron un giro heterosexual en su atracción sexual, su identidad sexual y su comportamiento, con efectos estadísticos de gran tamaño, y con disminución similar, entre moderada y marcada, en tendencia al suicidio, depresión, abuso de sustancias y aumento en autoestima y funcionalidad social.”

“Casi todos los efectos perjudiciales eran ninguno o leves. La relación entre ayuda o perjuicio, y el tamaño del efecto, era comparable a la de la psicoterapia convencional para temas de salud mental de otro tipo. A juzgar por esta investigación, estas terapias son muy beneficiosas para las personas laicas religiosas. No había sacerdotes católicos en la muestra, y este estudio no hace recomendaciones sobre ellos”.

En rojo, los que declaran consecuencias “extremadamente negativas” o “marcadamente negativas”; en verde, las “extremadamente positivas” o “marcadamente positivas.”

Los autores de la investigación son el terapeuta familiar y doctor en Psicología Clínica Paul Santero, el investigador doctor en Bioquímica Neil Whitehead y la también investigadora (PhD), doctora en Ciencias Sociales, Dolores Ballesteros.

Los profesionales afirman en su reporte, haber realizado una encuesta a 125 varones, laicos (es decir, no clérigos), vinculados activamente a una religión, residentes en los Estados Unidos, que rechazaban la atracción que sentían por personas de su mismo sexo y que libremente habían pedido acceder a una terapia con la finalidad de dejar de sentir atracción sexual por personas de su mismo sexo.

Cerca del 70 por ciento de quienes contestaron -se informa-, respondieron que en ellos hubo “alguna o mucha” reducción en su atracción no deseada y también en su comportamiento homosexual. Experimentaron además un aumento en su atracción por el sexo opuesto y en su comportamiento sexual.

Queda además muy claro que casi ninguno declaró sentir efectos negativos con estas terapias, y los que experimentaron alguno lo vivieron en grado muy leve.

En 2009 un estudio similar (en este caso a partir de la experiencia de 72 hombre y 26 mujeres), a cargo de Stanton L. Jones y Mark A. Yarhouse, llegó a la misma conclusión y así lo documentó en un exhaustivo libro de 400 páginas.

Este estudio, centrado sobre todo en las terapias de tipo Exodus, empleadas en ambientes evangélicos, descubrió los siguientes resultados:

Un 15% dejaban de sentir atracción homosexual y pasaban a sentir atracción heterosexual

Un 23% pasaban a vivir una vida casta, sin relaciones homosexuales

Un 29% seguían recibiendo la terapia, convencidos de que valía la pena.

Un 15% consideraban que la terapia no funcionó

Un 4% se sentían confusos respecto a la terapia

Un 8% dejaban la terapia y abrazaban la “identidad gay”

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