Nuevas acusaciones contra McCarrick, el ‘cardenal Maciel’

La Agencia de Noticias Católica (CNA) informaba recientemente de nuevas acusaciones contra el arzobispo emérito de Washington, Theodore McCarrick, privado del capelo cardenalicio tras conocerse denuncias creíbles de abusos a menores.

Aunque ya son legión quienes admiten conocer la vida disipada de abuso de autoridad y acoso sexual a jóvenes seminaristas y sacerdotes del poderoso ex cardenal Theodore ‘Tío Teddy’ McCarrick, y si bien la casa de la playa donde llevaba a sus amantes es sobradamente conocida, CNA ha hablado con seis sacerdotes que confiesan haber padecido el acoso sexual del prelado cuando era obispo de Metuchen y, luego, de Newark.

Uno de ellos, sacerdote de una orden religiosa, recuerda que McCarrick, entonces asistente del Cardenal Terence Cooke de Nueva York, solía visitar el seminario en el que estudiaba. La fama de McCarrick como acosador homosexual estaba ya entonces, recuerda, plenamente asentada, hasta el punto de que se bromeaba con que en las visitas de McCarrick había que esconder a los estudiantes guapos.

Uno de los sacerdotes consultados por la agencia trabajó con el arzobispo en la cancillería arzobispal unos cuantos años, y habla de sus abundantes “sobrinos”. “Tenía un tipo: altos, delgados, inteligentes y no fumadores”.

Cuente el sacerdote que McCarrick, además de las estancias en la infame casa de la playa, solía invitar a sus ‘elegidos’ a pasar la noche con él en la rectoría de la Catedral de Newark.

“Era frecuente que algún sacerdote me contara que había dormido con él, pero yo no podía creerlo; parecían tipos totalmente normales”, señala.

El Padre Desmond Rossi, que fue seminarista en Newark a finales de los ochenta, testificó públicamente en 1988 que dos formadores del seminario abusaron sexualmente de él. Denunció el caso a las autoridades, que le remitieron a una junta de revisión. Pese a que esta juzgo su caso “creíble”, no se hizo nada. Al contrario, la archidiócesis se ‘vengó’ de todas las formas que pudieron, hasta que tuvo que marcharse.

Al menos uno de sus supuestos abusadores sigue como sacerdote en activo en la Archidiócesis de Newark, ahora bajo la égida de Joseph Tobin, el mismo que ha dicho públicamente que no es consciente de que exista una ‘subcultura homosexual’ entre los sacerdotes de su diócesis, y que ha enviado a todos ellos una carta recordándoles que no deben irse de la lengua con la prensa.

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