“No soy cardenal de Francisco, soy de la Iglesia que quiere ser fiel”

Cuando de pequeño, en el seminario de Lima, Pedro Barreto quedaba admirado por los misioneros que con largas barbas se consagraban a la evangelización en el corazón de la selva, jamás imaginó que su vocación como obispo sería levantar la voz en defensa de la Amazonía. Pero la historia lo llevó a ser vicario apostólico de Jaén primero, y arzobispo de Huancayo después. En esa zona del Perú descubrió que su verdadera misión era la de tutelar el pulmón verde del mundo.

Por eso, cuando un cardenal a quien admiraba y un viejo conocido para él como Jorge Mario Bergoglio llegó a ser Papa, se lanzó -junto al cardenal brasileño Claudio Hummes- a crear la REPAM. Una Red Eclesial dedicada a la Amazonía que en el tiempo amplió sus horizontes y sumó nuevos actores, como la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro del argentino Luis Liberman. Elegido como cardenal por Francisco, en esta entrevista Barreto cuenta detalles sobre su nueva misión y otros asuntos de actualidad eclesiástica.

¿Cómo se enteró de la noticia de su cardenalato?

Yo no me enteré, me hicieron enterar muchas personas. Yo venía del Perú, estaba en el aeropuerto de Barajas en Madrid, llegaba a Roma por la tarde pero comencé a recibir muchísimos mensajes. Todas las primeras semanas me impedían profundizar en lo que significa ser cardenal, siempre estaba respondiendo mensajes.

¿Y qué significa para usted esta nueva dignidad?

A eso de eminencia no me acostumbro, a mi me bautizaron como Pedro Barreto pero lo de eminencia es como un sombrerito que, espero, no me impida estar cerca de la gente. Es importante aclarar que este nombramiento no solamente es inesperado e inmerecido, es un mayor servicio, no es un título. Siempre he sido una persona muy cercana, es una virtud que Dios me ha dado, tengo otras limitaciones muy fuertes, entonces para mí ser sacerdote, arzobispo y, ahora, cardenal, no me va a cambiar. Yo seguiré siendo lo que soy: servidor de la Iglesia, servidor de Cristo y a la disposición del santo padre.

¿Cómo le gustaría vivir este cardenalato?

Soy muy consciente que debo ser aún más puente, entre mi Iglesia particular y el Papa, además de la responsabilidad que tengo frente al Sínodo Panamazónico (de 2019). En enero pasado Francisco, al visitar Perú, quiso iniciar por Puerto Maldonado y allí le dijo a los pobladores de la Amazonía: Ustedes son los interlocutores válidos, ustedes nos deben enseñar a cómo vivir en ese entorno natural y ustedes están sufriendo mucho el embate de esta sociedad de mercado, de la minería informal qué tanto daño hace a la naturaleza.

¿Este es un cardenalato que servirá para echar más luz sobre la realidad que vive la Amazonía?

Si, yo estoy metido en eso, pero mejor es preguntarle al Papa Francisco.

Pero, ¿usted qué piensa al respecto?

Yo siento una responsabilidad muy grande de continuar lo que ya se estaba haciendo. No hay ninguna novedad. Soy vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica que se fundó en setiembre de 2014, estuve de presidente de la Comisión de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), entonces yo estoy metido en eso. Esto de ser cardenal no me añade absolutamente nada.

¿No le añade peso?

No, porque si Dios pone la carga también pone la fuerza para empujarla.

¿Qué es lo más difícil de este nuevo rol?

Lo más difícil es enfrentarme a los comunicadores porque no he tenido mucha experiencia con ellos. Esto es un regalo grande de Dios, yo espero servir, servir y servir.

Con el Papa Francisco ha cambiado la forma de elección de los cardenales, sus procedencias y sus perfiles, ¿cómo ve esta evolución?

Como lo ha dicho el Papa Francisco en alguna ocasión, la Iglesia es católica y universal, es global y por eso no debe extrañar, en este proceso de renovación, que estén representadas todas las culturas y todas las naciones. Tengo entendido que somos cardenales de 90 países, todavía falta mucho. No es una ocurrencia del Papa, él está mirando a una Iglesia que debe responder al mandato de Jesús de ir por todo el mundo. No es que representemos al país de origen, representamos a una Iglesia católica que debe ser levadura de una sociedad que, aparentemente, no cambia, empeora, pero que definitivamente en ella la semilla del reino está. Eso es claro: el reino no retrocede, avanza.

Hace pocos días usted habló con el Papa, ¿tocó el tema de la herida abierta para el Perú que significan los abusos del fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari?

No puedo revelar lo que hemos conversado, lo que sí puedo decir es que la Iglesia en el Perú, como la Iglesia en Chile, en Australia o Estados Unidos, se está convirtiendo en lo que Dios quiere: transparencia y tolerancia cero frente a cualquier signo de corrupción, llámese sexual, económico o de cualquier tipo. En esa perspectiva nosotros sentimos que el Papa Francisco está sufriendo mucho como ocurrió con Benedicto XVI y, estoy seguro, san Juan Pablo II, porque uno está aquí en Roma y le llegan noticias reales.

¿Cuál ha sido el principal fallo en la Iglesia con respecto a este tema?

Creo que el gran pecado de la Iglesia, y yo me coloco ahí, es que se trató a las víctimas como enemigos. Además de haber sido víctimas de acoso sexual o pedofilia, encima sentían que la Iglesia los rechazaba. Ahora estamos cambiando en el considerar que la víctima requiere nuestro respeto y nuestra cercanía, porque hay cosas que ya son irreversibles. Por eso están saliendo a la luz muchas situaciones. A mi me da mucha pena ver que un cardenal de 88 años es retirado del ministerio porque hace 50 años tuvo un problema de estos, lo cual es muy triste. Pero Jesús nos pide transparencia, tenemos que ser muy claros y no mirarnos sólo a nosotros mismos. Este problema no es sólo de la Iglesia o del Sodalicio, es de las familias, de la sociedad y en esto los comunicadores deberían asumir la responsabilidad de no achacar solo a la Iglesia esta plaga.

Un mensaje a su gente del Perú…

Que tengan confianza en que la Iglesia está mirando a las personas más descartables de la sociedad, a los están fuera, a los que no cuentan. Esto no es novedad del Papa Francisco, yo no soy cardenal del Papa Francisco, soy cardenal de la Iglesia que quiere ser fiel a las orientaciones que el Concilio Vaticano II y la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida nos marcan como camino.

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