No es no querer vivir más, es que no pudiste con lo que no te dejaba vivir

“Uno de los términos bíblicos originales en hebreo que tiene que ver directamente con Dios es el término “Hanan”, que significa “Dios se inclina”, e indica cuando un Padre se inclina a recoger del suelo a su hijo que llora por sentirse solo y ese padre lo pasea, lo consuela y le da palmaditas en su espalda diciéndole, “ya pasó hijito, ya pasó…”, mientras el padre enjuga sus lágrimas.

Hoy estamos ante el Hanan que Dios hace con esta persona. Estamos frente al misterio de sus decisiones, de su partida; y ante la decisión de Dios de hacer Hanan, movido por toda su gratuidad eterna. Muchas veces parece que Dios no nos salva de la enfermedad, de la depresión oculta y silenciosa, ni nos salva del sufrimiento ni de la muerte ni de nosotros mismos. Porque Dios no se ha quedado en su Cielo olvidándose de nosotros, sino que ha prometido ESTAR con nosotros todos los días hasta el fin del tiempo, para salvarnos “En” la depresión y la soledad, “En” el sufrimiento y la muerte y “En” nosotros mismos. Dios no promete paraísos, sino que se promete a Sí Mismo. Y Él promete ESTAR para rescatarnos en la hora de nuestra hora sea como fuere que lleguemos a ella, porque sabe que desde niños queríamos leche y nos dieron biberones, queríamos jugar y nos dieron disciplina, queríamos fe y nos dieron religión, queríamos libertad y nos dieron dinero, queríamos esperanza y nos dieron expectativas, queríamos conversar y nos enviaron a terapia, queríamos amor y nos dieron moral, queríamos relación y recibimos correos, queríamos compañía y nos dieron soledades…y Dios sabe qué sólo queríamos vivir!!…pero no pudimos ni tuvimos las fuerzas necesarias con aquello que no nos dejaba vivir.

Si a alguien hoy debemos cuestionar es a nosotros mismos y preguntarnos qué no hicimos para llenar su soledad, por qué no escuchamos algunas veces a nuestra mente, corazón y recuerdo para llamar, visitar, crear espacios, invitar, relacionarse, preocuparse, ocuparse, estar atentos a quien hoy despedimos con tantas preguntas, incógnitas, soledad y tristeza. Hay quienes en esta vida necesitan encontrarse en la oscuridad de los acontecimientos para caminar hacia la luz. Decidiste adelantar la gran Cita con Aquel que siempre te ha amado gratuitamente. Y ahora de tu error que estamos seguros Dios comprende mucho más que nosotros, emerge una advertencia a nuestra indolencia con tu dolor y soledad, a nuestra indiferencia con tu historia y tu vida, a nuestras religiosidades que no alcanzaron tu corazón y ni siquiera ahora alcanzan el nuestro. Decidiste dar el salto y encontrarte con la hermana no amada que nos exige ser definitivamente nosotros mismos.

Tu nombre no se acaba en esta hora de silencio y paz. Se acaba tu espera para la gran Cita con quien nos ha amado siempre gratuitamente y siempre ha estado contigo. Esa luz es sólo su sombra, su Luz es más que eso y lo único que puede hacernos ahora es amarnos cada vez más. No temas, entra en la luz, suelta con amor lo que dejas y a los que dejas. Cualquier falta, error o pecado o secreto lo entregamos a la Misericordia de Dios y Él ya lo ha perdonado y olvidado. Nosotros también te perdonamos cualquier cosa que tú creas que debemos perdonarte. Si crees que nos diste poco, que te diste poco a ti mismo, a los demás, a Dios y a los que más sufrían, Dios y nosotros sabemos que en ese “poco” pusiste toda tu persona, todo tu amor y todo tu ser. Dios te perdona, nosotros te perdonamos y tú mismo te perdonas. Que Dios y la vida resuciten en ti toda vez que amaste gratuitamente y con compasión a los demás. Que cada oración y rezo que hiciste en tu vida, iluminen en este momento tu entrega gratuita a Dios, tu salto al vacío; y dispersen de ti todo temor, para que te inundes de toda la paz que te faltó. Hasta el pecado Dios lo recicló, te liberó y te hizo ver nuevas cosas, que ahora verás más claramente. En la medida que te vayas adentrando más en la eternidad de Dios que siempre nos prometió ESTAR, más estarás con nosotros y tus seres más amados. Ahora te conocerás y nos conocerás como somos conocidos. Ahora comprenderás completamente que todo estuvo bien, porque nada merecías y todo fue siempre un regalo, una gracia del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. A la TriUnidad Santísima te encomendamos porque Ella está aquí en este momento y jamás te abandona.

Queremos quedarnos Señor con tu respuesta a Santa Teresa de Ávila cuando se enteró de que un joven por quien rezaba se había suicidado tirándose por el puente al río y la santa te encaró Señor, y oyó tu respuesta divina: “Teresa, Teresa, ¿acaso no sabías que entre el puente y el río hay mucho tiempo para mí y estaba Yo?”.

Permítenos finalmente Señor de la Vida, decirte en nombre de él lo siguiente: “Dios mío y Señor mío, Tú eres mi única Esperanza, muéstrame tu Rostro y perdóname por haber adelantado este momento. Siempre te he amado Dulzura mía, Amado mío. El invierno ya pasó y las viñas en flor, exhalan su frescor, voy a tu Jardín, acepta el ramo de flores de todas las veces que te oré, te agradecí, oré por otros, amé gratuitamente y fui compasivo. Voy a Ti Amado mío, voy a tu Jardín, voy con lágrimas y todas mis soledades a las que no encontré ninguna solución. Se acabó el combate, ya no habrá más lágrimas, ya no habrá más sobresaltos. Señor de la vida, en tus manos deposito mi existencia. Cada vez que busqué, bien o mal, el amor, a Ti Dios Lindo te buscaba. Tú conoces la raíz de mi raíz. Te ofrezco todos mis dolores físicos y psicológicos de este último tiempo para que los conviertas en bendición para los más abandonados de mi pueblo y mi país y para aquellos que fui indiferente y no vi a lo largo de mi vida. Oh Padre de Misericordia, Oh Hijo Rescatador y Liberador, Oh Espíritu Santo de Amor Gratuito, en tus manos pongo toda mi existencia. Deja la paz a los que ahora dejé y dame la paz y la entrega gratuita para partir e ir hacia tu Corazón Misericordioso. Gracias por cada segundo de mi tiempo y por esta hora en que yo quise volver a Ti. Gracias por los miles de detalles que siempre tuviste conmigo. Todo tuvo misteriosamente un sentido, todo estuvo bien. GRACIAS PADRE, GRACIAS HIJO, GRACIAS ESPÍRITU SANTO PORQUE AHORA ENJUGAS MIS LÁGRIMAS Y LLEGÓ EL MOMENTO DE SENTARNOS A CONVERSAR. Amén”.18

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