Ni conservadores ni progresistas. Simplemente obispos sensatos

Jorge González Guadalix

 

Lo de ser conservador o progresista no deja de ser una memez y de las gordas. Etiquetar a la gente según esos parámetros simplemente supone carecer de criterios que sean medio sensatos.

José Manuel Vidal y Jesús Bastante tienen obispos “de los suyos”, que son esos obispos que aplauden sus gracietas y sonríen sus ocurrencias, según las malas lenguas más que por convencimiento como modo de vacunarse ante posibles críticas. Después tienen otros obispos que ni fu ni fa y a los que apenas citan, y finalmente unos cuantos que pasan de ellos y además de forma “ostentórea” que diría el difunto Jesús Gil. El problema es que esos obispos que pasan ostensiblemente de ellos suelen ser obispos bastante decentes, a los que no es fácil pillar en renuncios y mayoritariamente apreciados por fieles y clero. Uno de ellos, D. Fidel Herráez, del que no consiguen ni un trapillo medio sucio que airear.

D. Fidel ha caído en Burgos de pie. Queridísimo por sacerdotes y fieles es un obispo de doctrina intachable, trabajador como nadie, afable en el trato y más cumplido que un luto. Pero… no es del agrado de Vidal y Bastante por el simple hecho de que fue obispo auxiliar de Rouco, su mano derecha, y ha decidido seguir manifestando su afecto al cardenal en lugar de haberse apuntado al innoble olvido de quien lo apoyó en su momento.

El caso es que Vidal y Bastante, Bastante y Vidal, necesitan de cuando en cuando un desahogo en forma de cuatro leches a obispos a los que tienen manía pero que no les dan motivo, como por ejemplo D. Fidel. No pasa nada. La imaginación al poder. Son conservadores y punto, y como conservadores son antiprimaverales, antifrancisco, antihistamínicos y antipiréticos.

El último argumento, vomitado en un artículo de Jesús Bastante de ayer mismo, es el de los seminarios Redemptoris Mater. En España tenemos obispos tan conservadores y tan malos, evidente, que hasta tienen seminarios Redemptoris Mater de los kikos. ¡Horror, terror, pavor! Por cierto, Bastante, que no puede vivir sin Rouco, afirma en el artículo -por llamarlo de alguna manera- que el Redemptoris Mater de Madrid fue cosa de Rouco. Pues no. No se deje llevar por las fobias que no es bueno. Fue erigido por D. Ángel Suquía.

Pero vamos a ver, que aquí ni conservadores ni progresistas, sino sensatos. Los seminarios diocesanos están bajo mínimos ¿o no? De las parroquias que podemos llamar “vidalianas o bastanteras”, es decir las supuestamente primaverales, no sale una vocación ni por error, los semilleros de vocaciones que fueron los pueblos en otros momentos hoy no existen simplemente porque los pueblos se quedan vacíos y los obispos ven con dolor que cada vez tienen menos sacerdotes para atender a sus fieles. Mira por donde se les ofrece la posibilidad de abrir en su diócesis un seminario Redemptoris Mater, que tienen vocaciones y cuyos sacerdotes, aunque marcadamente misioneros, adquieren el compromiso de pasar algunos años en su diócesis. Tonto sería el obispo si no aprovechara esta posibilidad.

He trabajado con compañeros del Redemptoris Mater de Madrid. Los curas salidos de estos seminarios tienen muchas cosas buenas. Son de doctrina segura, currantes, obedientes y hasta creen en Dios. Y encima dispuestos a marchar al último pueblo si hace falta. Pero son conservadores… Si esto es ser conservador, viva la carcundia.

Más aún. Toda la vida hablando de libertad, de opresión, de inmovilismo, de corsés y se quejan de que haya dos seminarios. No hombre no, todo lo contrario, mejor que haya dos, que la gente pueda elegir. Esto es ser liberal y persona abierta. Dos. Perfecto.

Esto, que lo entiende cualquiera, es un desastre para los vidales. Mucho mejor que la gente se quede sin curas, dónde va a parar. O que se ordenen casados, o mujeres… Cualquier cosa antes que abrir un seminario carca. Podían poner estos seminarios por ejemplo en Gerona o Solsona. Lástima que los seminaristas quizá no serían catalano parlantes. Y antes ateos que tener un cura charnego.

No son obispos conservadores. Son obispos con sentido común, cosa que en algunos ámbitos de la información extraña, insulta e incomoda. Se siente.

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