Nace Jesús, resurge la esperanza. Mensaje navideño de Mons. Frassia

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A la comunidad diocesana y a los hombres y mujeres de buena voluntad de los dos distritos del conurbano bonaerense que integran la diócesis, el obispo de Avellaneda-Lanús, Mons. Rubén Frassia, dirigió un mensaje con motivo de la Navidad 2018, en el que con el título ¨Nace Jesucristo, surge de nuevo la esperanza¨, tras invitar a superar las famosas “grietas” que nos separan, dividen y debilitan, invita a trabajar por el bien común, que es la garantía de nuestro presente y de nuestro futuro próximo.

 

Destinado a la comunidad diocesana y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que viven en los dos distritos del conurbano bonaerense que integran la diócesis, el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, dirigió un mensaje con motivo de la Navidad 2018, en el que con el título “Nace Jesucristo, surge de nuevo la esperanza”, en el que tras invitar a superar las famosas “grietas” que nos separan, dividen y debilitan, invita a trabajar por el bien común y saber educar, que es la garantía de nuestro presente y de nuestro futuro próximo.

 

El prelado comienza su mensaje proclamando que “estamos ante la espera del nacimiento del Redentor”, y que esto “no es solo para los creyentes, sino para todos los hombres de buena voluntad. Los acontecimientos del Señor valen ayer hoy y siempre. Lo eterno inunda el tiempo presente como la memoria y el futuro. Por eso la Iglesia vuelve a proponer cada año la celebración de este misterio de infinito amor, ternura, luz, paz y reconciliación”, porque “es una realidad innegable” que “la presencia del verdadero Dios y verdadero hombre, tiene una importancia vital y afecta toda la existencia humana”.

 

“El misterio de la Encarnación -prosigue el obispo- ilumina y pone de relieve, en primer lugar el misterio de nuestra propia vida, un regalo recibido de Dios a través de nuestros padres y que es un verdadero don. Somos muchos los que así lo reconocemos y la acogemos, aunque otros lo niegan con argumentos confusos o falaces. Pero la vida es y seguirá siendo un don y un misterio. Esta es una verdad irrefutable”.

 

Seguidamente monseñor Frassia efectúa un brevísimo pantallazo de la actualidad: “En cuanto a la situación que nos toca vivir -dice-, nadie podrá negar que las cosas están cada vez más complicadas: familias desechas, agobios y angustias económicas, problemas por la falta de trabajo y los sistemas que no aciertan a dar una respuesta cabal. Los políticos, muchas veces, prometen lo que no saben o no pueden realizar. Como si todo se resolviera mágicamente con la toma del poder. Estamos tocando fondo, no solo algunos, sino todos.

 

“Por esta razón -reflexiona-, es necesario dar un salto cualitativo, levantar la mirada, lo que no significa una evasión del momento presente ni un adormecimiento de la conciencia sino la oportunidad de plantear el verdadero interrogante”, que plantea así:

 

“Contemplando las distintas posiciones y convicciones, ¿no habrá llegado el momento de pensar objetivamente en el verdadero bien común de nuestra querida Nación?

 

¿No será el momento de superar las famosas ‘grietas’ que nos separan, dividen y debilitan, pues los que pretenden dar soluciones en un futuro inmediato no podrán resolver ni cumplir?

 

“¿No habrá llegado el momento de rectificar, aunar criterios, encauzar iniciativas y asumir el compromiso de una verdadera conversión de la mente y el corazón, para dar lugar a un verdadero encuentro, respetuoso y sincero, en el diálogo, en el esfuerzo común, respetando las diferencias?

 

“¿No habrá que pensar en la Nación, una Nación -como dice la oración por la Patria- cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común, dando lugar a la libertad de los hijos de Dios, para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz y la alegría de la esperanza que no defrauda”?

 

“Se podrá pensar que es tarde, que las cosas ya están decididas. ¡No! Este es el pensamiento generador de derrota. Dios nos da fuerza para hacer resurgir de las cenizas el fuego nuevo de la esperanza”.

 

“Muchos celebraremos la Navidad religiosamente. Otros se reunirán en una fiesta familiar o social sin tener en cuenta que el motivo principal es que Dios se hace hombre para que el hombre pueda llegar a Dios. Dios nos hace sus hijos para que sepamos tratarnos responsablemente entre nosotros como hermanos”.

 

“Esto -dice monseñor Frassia- es celebrar la Navidad. No lo olvidemos. No perdamos la ocasión de celebrarla cristianamente. La espiritualidad es parte integral de nuestro ser humano. El que la descuide permanecerá en la ignorancia”.

 

En la parte final del mensaje el obispo de Avellaneda-Lanús se dirige a la comunidad diocesana: “Querida comunidad, les deseo a cada uno de ustedes y a sus familias, como a las instituciones, asociaciones y movimientos de los que ustedes participan, que no se priven del acontecimiento más grande y más hermoso. Dios viene a nosotros para enriquecer desde su pobreza nuestra humanidad. Viene a enseñarnos el verdadero sentido de la vida, que es dedicarla con generosidad al servicio de Dios y del prójimo y no tratar de conservarla egoísta y estérilmente. Que nuestro testimonio sea trabajar por el bien común y saber educar, que es la garantía de nuestro presente y de nuestro futuro próximo”.

 

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