Mucho Müller

Jorge González Guadalix

Ya tocaba alguna alegría y de las gordas. Son ya unos cuantos años en los que las palabras que nos van marcando son algo así como “bueno”, “depende”, “hay que matizar”, las circunstancias”, “la acogida”, “no hay que ser inflexible”. Todo esto, que en principio podría hacerse pasar por prueba de madurez, caridad constante y profundidad evangélica, no es más que una bajada de pantalones o subida de sotanas que claudican ante el más burdo relativismo presentado como el no va más de la evolución católica personal. Somos tan católicos, tan maduros, tan evangélicos y tan misericordiosos, que hemos llegado a la conclusión de que todo depende.

 

Cuando esta mañana me he encontrado con la Declaración de fe «¡No se turbe vuestro corazón!» (Juan 14,1), del Cardenal Müller, he de reconocer que he sentido una inmensa gratitud hacia el cardenal, unida con una alegría y de las gordas.

 

No estamos acostumbrados a que se llame a las cosas por su nombre. Tan extraño nos resulta que hasta nos da pavor y nos produce erisipela. Un cardenal que se atreve a hablar claro y, además, sorprendentemente, exponiendo en su integridad la doctrina de la Iglesia. Cómo no va a sorprender cuando ayer otro cardenal, Schönborn, no tenía reparos en hablar de matrimonio entre homosexuales. Sí, MATRIMONIO. Pues eso. Que estamos mal acostumbrados.

 

El cardenal Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe desde entre los años 2012 a 2017, ha sido capaz, prueba de su privilegiada cabeza y su más que sólida formación intelectual, prueba de ello es que fuera nombrado prefecto de Doctrina de la Fe por Benedicto XVI, de presentar la esencia de la fe católica en poco más de dos mil palabras, tres folios, claros como el agua clara y sencillos como paloma torcaz.

 

Dice cosas tan simples pero tan hondas como que Cristo es verdaderamente Dios, que  Jesucristo fundó la Iglesia como signo visible e instrumento de salvación, que subsiste en la Iglesia Católica. Sigue diciendo: “La Iglesia no es una asociación fundada por el hombre cuya estructura es votada por sus miembros a voluntad. Es de origen divino”. “La tarea del Magisterio de la Iglesia es «proteger al pueblo de las desviaciones y de las fallas y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica». “La confesión de los pecados en la confesión por lo menos una vez al año pertenece a los mandamientos de la iglesia”. “El conocimiento de la ley moral divina y natural es necesario para hacer el bien y alcanzar su fin”. “Existe también la terrible posibilidad de que un ser humano permanezca en contradicción con Dios hasta el final y, al rechazar definitivamente su amor, «condenarse inmediatamente para siempre»”.

 

Y no se pierdan el final, donde leemos cosas como esta: “Ocultar estas y otras verdades de fe y enseñar a la gente en consecuencia, es el peor engaño del que el Catecismo advierte enfáticamente”.

 

¿Qué quieren que les diga? Que me ha alegrado el día. Apenas tres folios, pero que bastarían para que los fieles tuvieran claro lo que es el fundamento de su fe. Evidentemente hay gente a la que le pican estas cosas y que se refiera a este importantísimo texto del cardenal Müller despachándolo con un “Müller se echa al monte”, y con la gilipulluá de que a los conservadores lo que les molesta es que Francisco esté con los pobres. ¿Se referirá a los pobres venezolanos? Y no sigo.

 

Bueno, sí. Que si Müller ha dicho algo en contra de la doctrina de la Iglesia, me lo expliquen. Gracias.

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