Mons. Hesayne: “hay que devolverle al pobre la dignidad de ser persona humana”

“Tratando el tema de los pobres, una primera instancia es no caer en simple sentimentalismo de lástima y de ayuda material de aquello que nos sobra. En una lectura global, casi diría una lectura con el hilo conductor de Dios y los pobres, es admirable la predilección del Dios viviente, el Dios real, hacia la persona pobre, carenciada. El pobre por ser pobre, tiene una preferencia divina”, recordó el obispo emérito de Viedma, monseñor Miguel Esteban Hesayne.

El prelado sostuvo que “en clave humana y tanto más en clave cristiana, la primera instancia es devolverle la dignidad prioritaria de ser persona humana” y comentó una anécdota.

“Hace años un seminarista que ya vestía sotana, se acercó a una boletería de trenes locales en el Gran Buenos Aires; solicita el boleto y paga lo correspondiente. Se da vuelta y encuentra a un hombre mayor tullido pidiendo una limosna con la simple actitud de tener un tachito en sus rodillas para que le depositaran algunas monedas.

El joven seminarista quedó entre sorprendido y dubitativo y atinó a decirle al anciano que lo perdonara porque no tenía un centavo más; el anciano tullido le expresó: ‘no es nada padre, quédese tranquilo’”, relató.

“Entonces el seminarista le preguntó cómo se llamaba, si tenía familia, etc.; comenzó una conversación con el anciano. Siente que se acercaba el tren, entonces nuevamente extendiéndole la mano para despedirse, se disculpa pidiendo perdón por no haberle dado nada

El tullido tomando su mano entre sus dos manos le expresa: ‘no padre, usted me ha dado lo que en 20 años nadie me ha dado’. El joven seminarista le dice: ‘señor, yo no le he dado nada’. No padre, le responde, ‘usted me ha preguntado cómo me llamaba, me ha considerado una persona y no una simple alcancía; en 20 años que vengo a este lugar nadie me preguntó quién era, solamente me depositaban el dinero’”, completó.

Monseñor Hesayne afirmó que “esta escena me enseñó para toda mi vida de sacerdote y obispo, que lo primero que debemos entregarle al pobre es devolverle su dignidad de ser humano”.

“No solamente tenemos que devolverle la dignidad de ser persona a los pobres, sino en clave de fe tratar al pobre con la realidad de ser el mismo Jesús, en forma misteriosa pero real”, concluyó.

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