María, siempre María

Eleuterio Fernández Guzmán

 

 

Hoy es 1 de enero luego, el primer día del nuevo año 2019 contado desde que los cristianos hacemos lo propio tras el nacimiento del Hijo de Dios. Y nada mejor que empezar un nuevo curso temporal recordando a quien, con su respuesta de sí a Dios quiso ser su Madre.

 

Sí, nos referimos a María, a la Virgen, Santísima e Inmaculada María. Y es que hoy es, como suele decirse, “su día”. Vamos, que celebramos su santo nombre.

 

Seguramente, quien esto escribe no puede decir nada ni nuevo ni mejor de lo que se ha dicho sobre nuestra Madre del Cielo. Pero eso no quita, ni mucho menos que, como hijo, diga lo que creo debe ser dicho por muchas veces que se haya dicho, escrito, escuchado o leído.

 

Hemos dado en titular el artículo de hoy “María, siempre María”. Y es que, en efecto, siempre es María a quien tenemos y tendremos por Madre, a quien podemos diriginos e implorar su auxilio y, por fin, su intercesión ante Dios, Padre suyo y nuestro pero, no lo olvidemos, hijo suyo…

 

Sí, sabemos que esto de que María sea Madre de Dios e hija suya es algo difícil de comprender. Sin embargo, lo que  nos pasa muchas veces es que queremos comprender lo que ahora no puede ser comprendido y sólo lo será cuando, en el Cielo (Dios quiera que allí lleguemos y nosotros pongamos todo de nuestra parte) muchas cosas se nos expliquen y seamos capaces, entonces sí, de comprender. Ahora, pues, nos basta con la fe que, siendo como somos de pecadores… es más que suficiente.

 

Creemos, pues, que aquella joven judía, María, hija de Joaquín y de Ana, iba a ser muy importante en la historia de la salvación que había empezado, ésta, hacía muchos siglos. Pero ahora, en su tiempo, debía culminar con el envío del Mesías (tan esperado por el pueblo elegido por Dios) y eso iba a pasar porque Dios había hecho todo lo posible para que pasar: primero, concibió en su corazón que su Madre debía ser concebida sin mancha… y lo hizo; creyó que era importante que quien iba a ser padre adoptivo de Su Hijo conociera la verdad de las cosas… y lo hizo mediando un sueño; y, por fin, tuvo por bueno el sacrificio de su Único Hijo engendrado y no creado (como nosotros lo somos)… y lo admitió como pago por tantos y tantos y tantos pecados de la humanidad.

 

Todo eso o, lo que es lo mismo, todo lo que debía suceder al respecto de la historia de la salvación, tenía un origen o, mejor, debía ser posible con algo tan sencillo como el nacimiento de quien iba a ser Madre e iba a decir sí. Y eso pasó con quien iban a poner de nombre, muy común entonces, de María (recordemos que a los pies de la Cruz había tres, tres, mujeres de nombre María).

 

Cualquiera podría decir y sostener (hay quien lo hace, es cierto) que si todo estaba predestinado a ser cumplido como quería Dios… entonces poco podía hacer María. Sin embargo, quien eso cree olvida que Dios hace posible que el ser humano sea libre para escoger y que deja, pues, de su mano y corazón, hacer lo que cree le conviene. Y María, habiendo sido escogida por Dios, podía haber respondido de una forma distinta a cómo lo hizo pero Dios, que no equivoca nunca, sabía que aquella hija suya (que tanto lo amaba) no iba a decir otra cosa que sí al Ángel Gabriel. Aunque sabía que podía haber dicho no… eso es cierto.

 

Pero no. Ella, correspondiendo al Mandamiento primero de amar a Dios sobre todo lo amó sobre todo y se entregó como esclava de su Señor. Y gracias a eso, y a su sufrimiento y gozo a lo largo de su vida (¡Tanto guardó en su corazón de Madre) podemos hoy decir que es posible nuestra salvación personal y, aún más, de la humanidad que cree en Dios Todopoderoso. 

 

Como es lógico, aquí podríamos estar un rato muy largo hablando de aquella joven que quiso ser Madre de Dios sobreponiéndose a lo extraño de aquella visita del Ángel pero creyendo en todo lo que estaba pasando y poniendo de su parte… todo de todo, porque en realidad ¿Hay mejor forma de empezar el año que hacerlo con nuestra Madre del Cielo?

 

A esta pregunta sólo cabe una respuesta y un agradecimiento: no, no cabe empezar el año de mejor manera que hablando de la Virgen María; y cabe agradecer a Dios habernos echo tal merced. Pues sabemos lo que supone ser agradecido…

 

¡Felicidades, María, Madre de Dios y Madre nuestra!

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *