Luchar bien contra la tentación, hay que evitar seis errores habituales

Religión en Libertad

 

 

La comparación a la que recurre un joven sacerdote para ofrecer unos buenos consejos para la vida espiritual tiene que ver con el deporte: en el seguimiento de Cristo hay que entrenar mucho más de lo que parece. Clayton Thompson, vicario en la parroquia de San Bonifacio en Lafayette (Indiana, Estados Unidos) y ordenado en 2013, nos puede ayudar a sacar buenos propósitos para el 2019.

 

En un artículo en Those Catholic Men, el padre Thomas explicó que luchar contra el pecado y la tentación que conduce a él es complicado en ocasiones, pero que “son las cosas pequeñas las que, con la gracia de Dios, nos llevan a la victoria”.

 

Siguiendo las pautas de un “gigante espiritual” como San Francisco de Sales (1567-1622) y su Introducción a la vida devota el padre Thompson desmonta seis estrategias equivocadas y propone las contrapuestas. Traducimos, con algunas adaptaciones, sus propuestas (las citas de San Francisco de Sales son todas de la Parte IV: Los avisos necesarios contra las tentaciones más ordinarias; el número indica el capítulo del que están tomadas).

 

  1. No ames la tentación.

Parece obvio, ¿no? Pero, asumámoslo, incluso después de romper con ciertos pecados, la tentación hacia ellos aún puede hacernos sentir bien. Cuando un tipo ha apartado de su vida la rabia y la ira, regodearse en el pensamiento de lo que le diría a la gente que le ha hecho mal puede darle una gran sensación de victoria. Un hombre que nunca traicionaría a su mujer puede sentirse muy a gusto dándole vueltas a la idea de hacer una visita a esa chica de la oficina que le mira con ojos picarones.

 

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?

“La complacencia sirve, ordinariamente, de paso para llegar al consentimiento” (3).

 

  1. No te metas en tentación.

Esto es un asunto tanto de previsión como de honestidad. Primero, requiere previsión: si sé que cada vez que converso con esas personas a la hora de comer terminamos hablando de sexo y criticando de los demás, es culpa mía si caigo en murmuraciones y deshonestidades.

 

Al mismo tiempo, requiere honestidad: a menudo, cuando nos ponemos en situaciones porque nos decimos s nosotros mismos que estamos “por encima” de ciertos pecados. Esto puede ser verdad, pero es menos frecuente de lo que nos gusta pensar. Si me he dado cuenta de que me gustan ciertas tentaciones, tengo que ser honesto en evitar las situaciones que me conducen a ellas. Es lo que se llama “evitar la ocasión de pecado”.

 

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?

“Ocurre, a veces, que la sola tentación es pecado, porque somos causa de ella” (6).

 

  1. No te angusties.

La tentación no es pecado (punto 1) siempre que no seamos causa de la tentación poniéndonos en la situación que la genera (punto 2). Si quiero algo que no es mío y siento el impulso de llevármelo cuando nadie me ve, mientras sea un sentimiento se queda solo en una tentación molesta. Las cosas empiezan a ir mal cuando nos ponemos histéricos por sentirnos tentados. Cuando perdemos la paz, empezamos a creernos la gran mentira del Tentador de que nunca superaremos el sentimiento de una lucha cuesta arriba… hasta que nos rindamos. Y cuando esa mentira se instala en nuestra mente, el siguiente paso es la caída.

 

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?

“La inquietud es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma, fuera del pecado” (11).

 

  1. No escuches a la tentación.

San Francisco de Sales distinguía entre tentaciones mayores y menores: por ejemplo, la tentación de matar a alguien y la de enfadarse con él; la de robar algo y la de codiciarlo; la de cometer perjurio y la de decir una mentira; la de cometer adulterio y la de no guardar la vista.

 

Mientras que contra las grandes tentaciones tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas, con las tentaciones pequeñas dice San Francisco de Sales que nuestra principal tarea es simplemente dejarlas pasar: deshacernos de ellas tranquilamente y no dejar que nos roben la paz.

 

Es el viejo truco del elefante rosa: cuando más intentamos no pensar en elefantes rosas, más ocupan nuestra conciencia. Cuando surjan las tentaciones y las reconozcas como tales, recházalas y sigue tu camino, no dedicándoles ni solo pensamiento más. Si no, se hacen abrumadoras.

 

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?

“Desprecia, pues, estos pequeños ataques… No hagas otra cosa que alejarlos sencillamente, sin combatirlos ni responderlos de otra manera que con actos de amor a Dios”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *