Lucha contra el SIDA: un éxito a medias

No faltan los progresos, pero la prevención cada vez es menor. A pesar de una serie de éxitos importantes, “la respuesta global al HIV está en un punto precario”. La advertencia la lanza el nuevo informe del Programa conjunto de la ONU sobre el HIV/SIDA (o UNAIDS), difundido el pasado 18 de julio en París, Francia.

En el documento, que lleva el título Miles to go (traducido al español, “Un largo camino por delante”) [1], la agencia de la ONU advierte que “a medio camino de los objetivos de 2020, el ritmo de los progresos no va al paso de la ambición global”. El informe sirve de “timbre de alarma” y actuar ahora “puede devolvernos al camino para alcanzar los objetivos de 2020”, escribe en su prefacio el director ejecutivo del programa de la ONU, Michel Sidibé.

Aunque el tiempo disponible “se está acabando”, “hay progresos de los que estar orgullosos”, explica el informe. Precisamente en África oriental y austral, “una región que alberga a más de la mitad (53%) de los 36,9 millones […] de personas que viven con HIV en el mundo”, se han registrado progresos “fuertes”, observa el documento de la agencia de la  ONU.

En el periodo 2010-2017 las muertes por enfermedades vinculadas con el SIDA han descendido un 42% en la región, así como el número de las nuevas infecciones de HIV, que han bajado un 30%.

A nivel global, explica el documento, continua avanzando la terapia antiretroviral. Según los datos de UNAIDS, se estima que a finales de 2017 la cifra record de 21,7 millones de personas tuvieron acceso a terapias, es decir, “cinco veces y medio más respecto a apenas hace una década”. Se trata de un aumento de 2,3 millones de personas respecto al 2016 (19,4 millones).

Además, tres cuartas partes de las personas que a nivel global viven con el HIV, o sea, casi el 75%, tenían conocimiento de su condición a finales de año de su condición, un elemento fundamental en el camino para pedir y obtener ayuda.

Gracias a los progresos en el plano terapéutico, el número de muertes por patologías relacionadas con el SIDA ha disminuido un 34% en el periodo del 2010 al 2017. El año pasado, en el mundo, han fallecido menos de un millón de personas por enfermedades ligadas al SIDA: 940.000. En 2004, año pido en cuanto a fallecimientos, la cifra era de 1,9 millones.

Precisamente el acceso a los fármacos antirretrovirales para la prevención de la transmisión vertical de madre a hijo ha reducido notablemente las nuevas infecciones de HIV entre los niños. Según la ONU, desde 2010 se han evitado a nivel global 1,4 millones de infecciones infantiles con el temido virus.

En este contexto, conviene recordar que Tailandia eliminó en 2017 la Mother to Child Transmission del virus del HIV, el siendo así el primer país de Asia en alcanzar los objetivos fijados por la OMS.

Pero a pesar de estos progresos y noticias alentadoras, queda mucho por hacer, es más, es necesario reforzar el compromiso por alcanzar el objetivo establecido en 2015 por la comunidad global de poner fin al SIDA “como amenaza a la salud pública” para el 2030.

De hecho, son pocos los países que mientras tanto han alcanzado los objetivos intermedios fijados por la “estrategia 90-90-90”, la cual establece que para el año 2020 al menos el 90% de las personas que conviven con el HIV en el mundo debe estar al corriente de su propia situación, además el 90% de ellos debe estar en terapia antiviral, y finalmente el 90% de estos pacientes debe llegar a suprimir la carga viral.

Un primer obstáculo o problema es de tipo financiero. Según el informe de la ONU, los fondos para la lucha contra el SIDA/HIV en los países de renta media o baja alcanzaban en 2017 unos 20.600 millones de dólares, el 80% casi del objetivo fijado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Pero en el mismo año no se ha registrado “ningún nuevo compromiso significativo” por parte de los donantes, observa el documento. El déficit del 20% será “catastrófico” para los 44 países que en la lucha contra la pandemia dependen mayormente de fondos internacionales, dijo Sidibé.

Un segundo contratiempo lo constituye el hecho de que aunque el número de las nuevas infecciones de virus HIV sigue disminuyendo — del pico de 3,4 millones en 1996 a 2,2 millones en 2010 y a 1,8 millones el año pasado –, el descenso es más lento de lo necesario para poder alcanzar el objetivo o milestone (piedra miliar) de menos de 500.000 nuevas infecciones para el 2020, explica el informe UNAIDS.

Lo mismo para el descenso de los fallecimientos por enfermedades relacionadas con el SIDA: para alcanzar el objetivo de 2020 hace falta un descenso mayor de casi 150.000 fallecimientos al año.

También son graves las consecuencias de la falta de tests para el screening neonatal del HIV. Por este motivo, hasta dos tercios de los niños HIV positivos de edad inferior a dos años en África, Asia y en las Américas empiezan la  terapia con la inmunodeficiencia ya en progreso, observa el informe. Mientras el número de 940.000 niños en terapia está lejos del objetivo de 1,6 millones fijado para este año, durante 2017 casi 180.000 niños contrajeron la infección del HIV.

Del informe se desprende también que quizás el problema más grave en este momento en la lucha contra el AIDS/HIV es lo que Sidibé llamó “una crisis de prevención”.

“Para los derechos humanos, la salud es un imperativo, y estamos profundamente preocupados por la falta de compromiso político y la incapacidad de invertir en programas comprobados para el HIV”, explica el director ejecutivo de la agencia ONU durante la conferencia internacional sobre el SIDA, que tuvo lugar en Amsterdam, Holanda, del 23 al 27 de julio pasado, bajo el título (que podría parecer salido de la pluma del Papa Francisco) Breaking Barriers, Building Bridges (“Romper barreras, construir puentes”).

“Si los países creen que pueden librarse de sus epidemias, se equivocan peligrosamente”, prosiguió el diplomático de Mali, que también fue criticado en Amsterdam por la gestión de un escándalo de abusos sexuales dentro del organismo de la ONU.

En un cierto sentido, sugiere una comisión de 40 expertos mundiales de la conocida revista científica The Lancet, la prevención se ha convertido en la víctima de la campaña Getting to zero: End AIDS by 2030, con la que la comunidad internacional pretende eliminar la pandemia para el 2030.

“El discurso que prevalece sobre el fin del SIDA ha alimentado una peligrosa complacencia y podría haber acelerado el debilitamiento de la resolución global para combatir el HIV”, dijo el profesor Chris Beyrer, epidemiólogo de la Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health en Baltimore (Maryland, EE.UU.) y co-presidente de la comisión, citado por Jon Cohen en Science.

De la misma opinión es el secretario general de la Comisión católica internacional para las migraciones y consejero especial para el HIV de Caritas Internationalis, monseñor Robert J. Vitillo, que confirma que lo que obstaculiza la lucha contra el SIDA es una prematura declaración de victoria.

“El mensaje fue difundido hace algún año, también por algunas agencias estadounidenses, que estábamos casi al final del SIDA. Portadas de revistas declaraban, ‘El fin del SIDA’. Ese mensaje fue a lo ancho y largo y es difícil superarlo. No estábamos al final del SIDA entonces y no lo estamos ahora”, declaró Vitillo al Catholic News Service, que habla a su vez de complancencia. “Hay verdadera complacencia. Hay la sensación sed que hemos gastado mucha energía solo en esta enfermedad cuando hay tantas prioridades de las que ocuparse”, prosigue el eclesiástico.

Precisamente este es el mensaje principal del nuevo informe UNAIDS: no podemos bajar la guardia sobre el SIDA/HIV, porque la batalla aún no está ganada.

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