Los rasgos positivos del acuerdo con China

El comentario reproducido íntegramente a continuación fue publicado el lunes 24 de septiembre en “Asia News“, la agencia online del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras, dirigida por el padre Bernardo Cervellera, especializada en información sobre China y difundida en cuatro idiomas, entre ellos el chino.

Es la valoración más autorizada y equilibrada publicada hasta ahora sobre el acuerdo firmado en Pekín, el 22 de septiembre, entre la Santa Sede y las autoridades chinas. Acuerdo del que se dio oficialmente noticia el mismo día, pero sin hacer público su contenido:

A dos días de lo que muchos, con tanto énfasis, han definido como un “acuerdo histórico”, el firmado entre China y la Santa Sede sobre el nombramiento de los obispos, vamos a intentar comprender y evaluar el alcance del mismo. El escueto anuncio de la Sala de Prensa vaticana -mientras todos los periodistas estaban ocupados siguiendo el viaje del Papa Francisco a Lituania-, ha sido recibido con gran optimismo y oscuro pesimismo.

Entre los optimistas, el adjetivo “histórico” ha sido utilizado hasta la saciedad, olvidando que el acuerdo ha sido definido como “provisional”, sujeto a “evaluaciones periódicas” y que el mismo director de la Sala de Prensa ha hablado de “inicio” de “un proceso”, y no de su “fin”.

Para los pesimistas, este es “el inicio de una entrega total de la Iglesia china en manos del Estado que, como ya ha sucedido en el pasado, hará de ella lo que quiera, es decir, convertirla en un instrumento del Partido, e indican los sufrimientos que tanto los católicos oficiales como los no oficiales sufren desde hace 70 años.

En otras ocasiones ya hemos dicho que nosotros, de Asia News, no somos ni optimistas ni pesimistas, sino realistas. Y este realismo nos permite ver lo que hay de positivo y de negativo en este acuerdo frágil y “provisional”.

En este punto hay, de hecho, una novedad: de algún modo -que no conocemos, porque el texto no ha sido hecho público y no lo será-, la Santa Sede participará en los nombramientos de los obispos. Esto, al menos sobre el papel, significa el fin de la Iglesia “independiente” de la que tanto se ha alardeado en estos años, y el reconocimiento de que también un obispo chino necesita  la unión con el Papa para poder ejercer su ministerio.

Según este acuerdo, ya no será posible nombrar y consagrar a un obispo sin el mandato papal, aunque el gobierno, o la asociación patriótica, o el consejo de los obispos podrán proponer a sus candidatos. Y esta es la parte optimista.

Pero también está el lado pesimista: ¿qué sucederá si el candidato propuesto por China no es aceptado por el Papa? Hasta ahora se ha hablado de un poder de veto temporal del pontífice: es decir, que el Papa tiene que explicar las motivaciones de su rechazo y tiene tres meses para hacerlo. Y si el gobierno considera que las motivaciones papales son inconsistentes, el nombramiento y consagración de su candidato seguirá adelante.

Al no disponer del texto del acuerdo, no sabemos si se ha mantenido esta cláusula, si realmente el pontífice tendrá la última palabra sobre los nombramientos y las ordenaciones o si, en cambio, su autoridad será sólo formal.

Un amigo mío canonista está “seguro” de que el Papa tendrá un poder permanente sobre la elección última de los candidatos, “porque la Iglesia no puede evitarlo”. En todo caso, este es uno de los puntos que, al faltar el texto del acuerdo, será necesario verificar en los próximos meses, con los posibles nombramientos y ordenaciones que se esperan desde hace años.

Otro elemento positivo es la anulación de la excomunión de siete obispos, ordenados sin el mandato papal desde el 2000 hasta 2012. Es un hecho positivo porque al menos en vía de principio ayudará a los católicos chinos a vivir más la unidad. Estos obispos excomulgados eran utilizados por la Asociación patriótica para dividir a la Iglesia, ya que les hacía presenciar, forzados por la policía, las ceremonias y las ordenaciones episcopales.

También hay que decir que varios de ellos han realizado un camino de arrepentimiento y desde hace años piden la reconciliación con Roma. La supresión de las excomuniones no forma parte del “paquete del acuerdo”, sino que es un gesto interno de la Iglesia, si bien -quizás con astucia un poco ingenua-, se dio el anuncio de la reconciliación el mismo día que se dio la noticia del acuerdo.

Sin embargo, entre los fieles chinos -parte de ese “pueblo santo y fiel a Dios” que el Papa nos pide que escuchemos-, hay humillación y tristeza porque algunos de estos obispos reconciliados son conocidos por tener amantes e hijos y por ser “colaboracionistas”. Muchos se preguntan si los obispos reconciliados pedirán perdón públicamente ante el pueblo que ellos han escandalizado con su modo de obrar “independiente”.

Precisamente, el cardenal Pietro Parolin, en su comentario sobre el acuerdo, ha pedido que se hagan “gestos concretos que ayuden a superar las incomprensiones del pasado, también del pasado más reciente”.

Otro elemento totalmente positivo del acuerdo es su carácter “pastoral” y “no político”. En efecto, el acuerdo ha sido firmado sin que China exigiese como condición previa la ruptura de las relaciones diplomáticas con Taiwán. Durante decenios, e incluso en los últimos años de diálogo en tiempos del Papa Francisco, China no dejaba de repetir que si el Vaticano quería mejorar las relaciones con Beijing, ante todo tenía que interrumpir las relaciones diplomáticas con Taiwán y no entrometerse en los asuntos internos de China.

Con el acuerdo “pastoral” estas dos condiciones se han obviado: el Vaticano interviene en el nombramiento de los obispos y no hay ruptura con Taiwán, con gran alegría por parte del ministerio de Asuntos Exteriores de la isla y del embajador ante la Santa Sede.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *