Las iglesias de Europa central y del este saben bien cómo se comporta Rusia

El Sismografo / Marcin Przeciszewski / ekai.pl / Traducción italiana del texto original polaco / Traduccion al español por AcaPrensa

Extractos de la entrevista con el presidente de los obispos polacos, Mons. Stanisław Gądecki, al periodista Marcin Przeciszewski (KAI).

Al recordar momentos importantes y simbólicos de la visita de los obispos polacos a Ucrania, a Bucha e Irpin, lugares de indecibles dolores y laceraciones, el periodista pregunta:

¿Cuáles fueron sus sentimientos durante estas visitas?

Arzobispo Stanisław Gądecki: Los rusos se detuvieron a 15 km de las fronteras de la capital ucraniana y solo un milagro salvó a Kiev de la derrota. En Irpin -cuando pasábamos por Bucha- los edificios que estaban en primera fila con respecto a la carretera se vieron especialmente afectados por el bombardeo de los tanques. La extensión del daño fue similar a lo que he visto en Irak y Siria. (…)

Cuando llegamos a Bucha y oramos en el lugar donde estaban enterrados los muertos, los que estaban en las listas prohibidas, ahora exhumados, tuve el triste pensamiento de que la civilización humana no estaba progresando en asuntos importantes. En las últimas décadas hemos tenido tantas declaraciones e ilusiones de que con el nivel actual de civilización tales crímenes ya no serían posibles, pero matar gente ha demostrado ser tan posible como antes.

Otra reunión importante de los obispos en Kiev es la del Arzobispo Paul Gallagher, Secretario de Relaciones con los Estados. ¿Sobre qué tema habló con el enviado del Santo Padre?

Del enfoque del Vaticano hacia Rusia que debería cambiar, ser más maduro, ya que el enfoque actual, antiguo, parece muy ingenuo y utópico. Por supuesto, el objetivo es noble, es decir, establecer contactos y diálogo, y esto se deriva del hecho de que Rusia es grande y merece respeto. Pero esto no va acompañado de una reflexión suficientemente seria por parte del Vaticano. Para Rusia, el Vaticano es una entidad importante, pero al mismo tiempo puede ser humillada, como ya ha demostrado en varias ocasiones el propio Putin, quien -por ejemplo- llegó intencionadamente con varias horas de retraso a una reunión con el Papa.

Entiendo que en sus relaciones con Rusia -por decirlo suavemente- el Vaticano debería ser más cuidadoso, porque por la experiencia de los países de Europa Central y Oriental parece que mentir es una segunda naturaleza para la diplomacia rusa.

Por otro lado, parece que los países de Europa Central y del Este son subestimados por la diplomacia vaticana. Hemos visto esto bien en el pasado. Durante décadas han sido tratados con desinteres. El Cardenal Stefan Wyszyński intentó cambiar esto, pero no creo que lo consiguiera. Fue más bien la Providencia, su esfuerzo y constancia, y no los esfuerzos de la diplomacia de la Santa Sede, lo que salvó a la Iglesia en Polonia. Sólo el pontificado de Juan Pablo II supuso un cambio radical, pero ahora parece que estamos volviendo a la vieja línea.

¿Y cómo se puede evaluar la actividad actual de la diplomacia vaticana?

Cabe recordar que la Santa Sede es siempre neutral en su actividad diplomática y trata de mantener la imparcialidad en su trato con las partes en conflicto. La diplomacia del Vaticano, al darse cuenta de que los cristianos a menudo luchan en ambos lados, no señala a un agresor, sino que trata de hacer todo lo posible para llegar a una solusión pacífica a través de esfuerzos diplomáticos.

Pero hoy, en una situación de guerra, como señala el arzobispo Svyatoslav Shevchuk, lo más importante es que la Santa Sede apoye a Ucrania en todos los niveles y no se deje guiar por pensamientos utópicos extraídos de la teología de la liberación.

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