La prensa argentina cuestiona el ‘martirio’ de Mons. Angelelli en vista de su canonización

La Nación, uno de los principales diarios argentinos, trata en un editorial el espinoso asunto de la condición de mártir achacada a Monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, cuya canonización se anunció recientemente.

El anuncio de la canonización de Monseñor Enrique Angelelli ha provocado en Argentina una encendida polémica. Las proclividades políticas de quien fuera obispo de la diócesis argentina de La Rioja, fuertemente escoradas hacia la izquierda y muy cercanas a la Teología de la Liberación, hacen que muchos hablen de un ‘proceso político’ más que religioso.

Pero el principal punto en litigio es la forma de su muerte. El actual obispo de La Rioja y vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, al recibir la noticia de la beatificación afirmó: “Es un reconocimiento a los testigos valientes del Reino de Dios”. Y parece que la versión martirial de la muerte de Angelelli ha sido la adoptada oficiosamente por Roma.

Angelelli murió en un accidente de coche. La ‘leyenda áurea’ pretende que dicho accidente fue, en realidad, provocado por un coche, supuestamente tripulado por agentes de la dictadura argentina, que provocó la tragedia para quitarse de encima un clérigo crítico con el régimen.

Es la versión que difundió el fraile Antonio Puigjané años después del suceso. Puigjané, guerrillero que participó en el ataque al cuartel de La Tablada -no contra dictadura alguna, sino contra el gobierno democrático de Raúl Alfonsín-, planteó en la ciudad de Neuquén una denuncia de asesinato como hipótesis de la muerte de Angelelli.

No hay, sin embargo, prueba alguna que sustente esta hipótesis. Lo que se sabe con seguridad es que el 14 de agosto de 1976 moría monseñor Enrique Angelelli, tras volcar el automóvil en el que viajaba en la ruta nacional 38, en La Rioja, junto al padre Arturo Pinto, quien sobrevivió. En el sumario inmediatamente labrado, luego de exhaustivas medidas de prueba -autopsia, peritaje accidentológico, fotos en el lugar del suceso y la declaración de Pinto, en la que alegó pérdida de la memoria y estado de shock-, se archivó la causa que en su momento.

Sigue el editorial: “Declaraciones de un testigo del hecho, Raúl Alberto Nacuzi, afirman que el conductor no era el obispo, sino Pinto, que fue quien instaló la versión de que un automóvil los iba persiguiendo para luego refugiarse en la supuesta pérdida de memoria.

Al declararse incompetente el tribunal y, luego de recabarse nuevas pruebas y revisarse las adoptadas, la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba expresó en 1990 que, a pesar de las investigaciones y comprobaciones, resultaba imposible asegurar que el accidente hubiera sido provocado por una acción dolosa. Otros testigos declararon no haber visto ningún otro vehículo en el lugar, ni tampoco alejándose del accidente”.

¿Es posible que se tratara de un crimen de Estado y que se hubieran borrado todos los indicios y se hubieran sobornado a los testigos? Sí, naturalmente. Pero dar por supuesta una hipótesis meramente imaginada, solo porque se prefiere dicha versión para dar la impresión correcta, en un proceso que tradicionalmente exigía un rigor tan laborioso como es una causa de canonización parece demencial.

Y, en cualquier caso, un mártir es alguien que muere por dar testimonio de la fe, que es asesinado por ser cristiano y proclamarlo, no por sus ideas políticas, por nobles que se las pueda considerar. Y parece evidente que si la tesis del crimen de Estado fuera la correcta, Angelelli no habría muerto por confesar a Cristo, sino por sus posturas políticas.

“Con una beatificación o la canonización, la Iglesia proclama la ejemplaridad cristiana de la vida de una persona y autoriza su culto”, concluye el editorialista de La Nación. “Nunca se debe proponer un modelo violento y sectario”.

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