La parábola del padre Misericordioso desde la teología de la gratuidad

16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.

17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y delante de ti.

19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó con efusión.

21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y delante de ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.

23 Y traed el novillo cebado y matadlo, y estemos alegres;

24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a festejar.

25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;

26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué podía ser aquello.

27 Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el novillo cebado, porque sano lo recupero.

28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.

29 Mas, él respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.

30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el novillo cebado.

31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

Lo primero que hay que observar es que el Padre tenía dos hijos. El Padre accedió sin problemas a lo que el hijo menor le pidió. Repartió lo que le correspondía a cada uno. Con su parte el hijo menor se fue muy lejos de casa, a disfrutar de su parte hasta quedar sin nada y en la ruina total. Cuando se fue el Padre respetó su decisión, su libertad, no lo retuvo. Desde su ruina, el hijo menor, se dio cuenta que hasta los trabajadores de su Padre no les faltaba nada y prefería ser tratado como uno de los jornaleros de su padre a seguir viviendo lo que no soportaba ya vivir, es decir, regresó pensando en su conveniencia, pero dispuesto a humillarse, ya que reconocía que había pecado contra el cielo y contra su Padre. Muchas veces la situación que vivimos producto de permanecer en el error nos pone de rodillas, pero eso permite ver primero los pies del Crucificado que su Rostro, y así reconocer su Rostro en los rostros de seres humanos que en ese momento de nuestra vida son gratuitos con nosotros.

El texto dice que antes de que el hijo menor llegara a la casa de su Padre, éste sale de la casa sin consultar con nadie, y corre a recibirlo movido por Hesed…hanan. Se echó al cuello del hijo, es decir, abrazó su cabeza y lo besó. Fue tierno, acogedor, gratuito y no le dijo nada al oído como: “yo te lo dije, viste? Te iba a ir mal y sabía que volverías….” Nada de eso. A veces el silencio es más elocuente y deja libertad al nivel de consciencia del otro.

El hijo menor, le dice que ya no es digno de ser llamado hijo suyo y que lo trate como a uno de sus trabajadores, con eso se conforma. La situación que vivió el hijo menor lo había puesto de rodillas y regresa en esa actitud ante su Padre.

Ante ello, el Padre primero se preocupa con delicadeza de que su hijo se sienta dignificado como persona y le indica a sus empleados que lo vistan, lo calcen y coloquen un anillo en su mano. El anillo aquí es símbolo de empoderarse, de saberse aún hijo del Padre.

Es un motivo para hacer una gran fiesta y manda a que todos consuman la mejor carne y todos se alegren por el regreso de su hijo menor, quien era considerado como muerto y perdido, pero ahora es revivido y hallado. El Padre soberano decide desde su Gratuidad eso y no consulta ni le preocupa la sensibilidad de los demás respecto a lo que opinen del regreso de su hijo menor.

El hijo mayor leal a su Padre no se había ido de casa y cuando todos dentro de ella comían, hacían fiesta y se regocijaban por el regreso del hijo menor, el mayor estaba trabajando en el campo. No fue informado de lo que estaba ocurriendo, sino que él le preguntó a uno de los trabajadores, ya que escuchó música, bailes y fiesta en la casa de su Padre…Todo eso en el texto sobre el hermano mayor está ahí puesto a propósito para que uno ponga la mirada en él y se pregunte acerca de qué tan justo fue el Padre con su hijo más leal.

Cómo siempre nos motiva la conveniencia, por mucho tiempo se ha fijado la mirada en el hijo menor como el hijo pródigo, porque todos nos sentimos identificados con ese caso y nos conviene que el Padre sea tan misericordioso, pero dejamos de lado ponernos en el lugar del hijo mayor.

Continuemos, el Padre no le contó a su hijo mayor que había vuelto su hermano que había dilapidado parte de su fortuna y que le estaban haciendo una fiesta de bienvenida. Y el mayor se enteró de casualidad al oír la música y la algarabía, y al consultarle a uno de los empleados de la hacienda. Dicho empleado le contó el motivo de la fiesta que hacían y el hermano mayor se enojó y no quiso ser parte de la fiesta ni entrar a la casa. Su Padre se enteró de ello y salió a rogarle, pero el hijo mayor no quería entrar por ningún motivo. Le reprochó que él nunca le había desobedecido y le había servido lealmente por años, y que aun así no había matado el mejor novillo para pasarlo bien con sus amigos…nótese que no incluye en la fiesta al Padre ni al hermano, sino a sus amigos; y luego de eso comienza a juzgar y encasillar a su hermano menor, suponiendo que se gastó el dinero con prostitutas, etc. y le dice que precisamente a ese despilfarrador de su fortuna Él le hace una fiesta!!

El Padre le recuerda a su hijo mayor con cariño que él siempre ha estado con su Padre y que todo lo de su Padre es de él y que finalmente era necesario hacer una fiesta por su hermano, porque ha revivido y se ha recuperado.

En conclusión, podemos decir que el enfoque desde la perspectiva de lo que sucede con el hijo mayor es que, la parábola resulta ser una advertencia para aquellos que tienen la seguridad o pretensión de conocer al Padre, en virtud de que son consagrados, son de la jerarquía o son teólogos o laicos comprometidos o muy devotos y siempre van a misa, leen siempre la Biblia, rezan rosarios, adoran al Santísimo, hacen cursos de espiritualidad, van a retiros, alaban a Dios, cantan con emoción y dan gloria a Dios…etc. Eso no asegura el conocer a Dios, sino que lo asegura o pretende la experiencia de Dios en nuestras vidas, es decir, la experiencia de Gratuidad o amor gratuito en nosotros y entre nosotros. El hijo mayor siempre sirvió a su Padre y cumplió todos los mandamientos religiosamente, pero no por ello conoció a su Padre, de lo contrario, al enterarse del motivo de la fiesta en la casa de su Padre, habría comentado: a mí no me extraña en absoluto lo que está haciendo mi Padre, porque Él es de Gratuidad, de Amor Gratuito y se da a Él Mismo a quien no lo merece, por ello su actitud con este hermano mío que despilfarró su parte de la hacienda. En consecuencia, conocer y amar a Dios es conocer y amar al pobre, al privado de libertad, a aquel por el cual no conviene egocéntricamente decidirse, aquel que no nos puede retribuir y por el cual puedo verificar que la gratuidad de Dios actúa a través de mí, que la dejo actuar, que es mi rey y mi Señor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *