La Liturgia no puede reducirse a gustos, recetas y corrientes

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“El punto de partida es reconocer la realidad de la liturgia sagrada como un tesoro viviente que no puede reducirse a gustos, recetas y corrientes, sino que debe ser recibido con docilidad y promovido con amor, como un alimento insustituible para el crecimiento orgánico del Pueblo de Dios”.

El papa Francisco recibió hoy, jueves 14 de febrero, en la sala adyacente al Aula Pablo VI, a los miembros, colaboradores y asesores de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos reunidos en Roma, en su Asamblea Plenaria denominada: La formación litúrgica del Pueblo de Dios.

En su discurso, el Santo Padre comenzó recordando que transcurrieron cincuenta años desde la institución, por el papa san Pablo VI de la entonces Congregación para el Culto Divino, para dar forma a la renovación deseada por el Concilio Vaticano II, señalando que “la tradición de oración de la Iglesia necesitaba expresiones renovadas, sin perder nada de su riqueza milenaria, al contrario, redescubriendo los tesoros de sus orígenes”.

Advirtió sin embargo Francisco que “no basta con cambiar los libros litúrgicos para mejorar la calidad de la liturgia. Hacer esto solamente sería un engaño. Para que la vida sea verdaderamente una alabanza agradable Dios, es ciertamente necesario cambiar el corazón”.

El pontífice señaló “el desafío de la formación”, que justamente es el objeto específico de la reflexión de la presente Asamblea Plenaria: “La formación litúrgica del Pueblo de Dios”.

En este punto Francisco consideró “precioso” el título de su Asamblea ya que “la tarea que nos espera es esencialmente difundir en el Pueblo de Dios el esplendor del misterio viviente del Señor, manifestado en la liturgia” y añadió: “Hablar de formación litúrgica del Pueblo de Dios significa, ante todo, tomar conciencia del papel insustituible que desempeña la liturgia en la Iglesia y para la Iglesia. Y luego, ayudar concretamente al Pueblo de Dios a interiorizar mejor la oración de la Iglesia, a amarla como una experiencia de encuentro con el Señor y con los hermanos y, a la luz de esto, a redescubrir su contenido y observar sus ritos”.

Al mismo tiempo el pontífice advirtió que “la formación litúrgica no puede limitarse simplemente a brindar conocimientos, -esto es un error- aunque sean necesarios, sobre libros litúrgicos, ni siquiera a la defensa del cumplimiento debido de las disciplinas rituales”.

“Para que la liturgia cumpla su función formativa y transformadora, explicó el Papa, es necesario que los pastores y los laicos sean introducidos a la comprensión del significado y del lenguaje simbólico, comprendidos el arte, el canto y la música al servicio del misterio celebrado, también el silencio”.

Y subrayó que “además de la inicial, es necesario cultivar la formación permanente del clero y de los laicos, especialmente de los involucrados en los ministerios al servicio de la liturgia”.

Asimismo Francisco señaló que “el punto de partida es reconocer la realidad de la liturgia sagrada como un tesoro viviente que no puede reducirse a gustos, recetas y corrientes, sino que debe ser recibido con docilidad y promovido con amor, como un alimento insustituible para el crecimiento orgánico del Pueblo de Dios”.

La liturgia no es “el campo del hágalo usted mismo”, sino la epifanía de la comunión eclesial. Por lo tanto, en las oraciones y en los gestos resuena el “nosotros” y no el “yo”; la comunidad real, no el sujeto ideal. Cuando se añoran con nostalgia tendencias del pasado o se quieren imponer otras nuevas, existe el riesgo de anteponer la parte al todo, el “yo” al Pueblo de Dios, lo abstracto a lo concreto, la ideología a la comunión y, en la raíz, lo mundano a lo espiritual.

“Y es bueno, por lo tanto, en la liturgia como en otras áreas de la vida eclesial, no acabar en polarizaciones ideológicas estériles, que nacen a menudo cuando, considerando las ideas propias válidas en todos los contextos, se llega a adoptar una actitud de dialéctica perenne hacia quien no las comparte”, indicó el Santo Padre a los miembros de la Congregación para el Culto Divino.

Agradeciendo la importante y hermosa tarea que tienen por delante: “trabajar para que el Pueblo de Dios redescubra la belleza de encontrarse con el Señor en la celebración de sus misterios y, encontrándolo, tenga vida en su nombre”, los bendijo y concluyó su discurso.

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