La fragilidad de la alianza entre la izquierda posmoderna y el islam

Julio Llorente / Infovaticana

 

 

Algo nos dice que el matrimonio entre la izquierda posmoderna y el islam, tan vigoroso en apariencia, terminará quebrándose. A pesar de que los dos tienen una la aversión a la civilización cristiana y el afán de destruirla, entre ambos media un abismo que no es fácil obviar: la de la izquierda, no en vano, es una visión inmanente y adanista de las cosas; mientras que la del islam es una visión trascendente y tradicional, ajena por entero a las delicuescencias posmodernas.

 

La fragilidad de este matrimonio queda evidenciada por unos hechos recientemente acaecidos en Reino Unido. En este sentido, un concejal musulmán del Partido Laborista en Birmingham, Mohamed Idrees, sugirió que los alumnos de educación primaria son ‘demasiado jóvenes’ para recibir educación ‘LGTB’. Estas declaraciones, como era previsible, levantaron una espesa polvareda.

 

No en vano, ingentes asociaciones LGTB exigieron que el concejal se disculpase, arguyendo que las enseñanzas homosexualistas son parte de ‘la tradición y los valores’ del Partido Laborista: ‘Estamos consternados por los recientes comentarios del concejal Mohamed Idrees, en particular por sus críticas hacia la educación inclusiva LGTB’, señaló un grupo LGTB de los laboristas.

 

Para legitimar su rechazo a las declaraciones del edil, la asociación ha recordado la esencia del Partido Laborista: ‘Siendo el partido que ha descriminalizado las prácticas homosexuales, equilibrado la edad de consentimiento e introducido la Ley de Reconocimiento de Género, los laboristas tenemos un encomiable historial de defensa de las personas homosexuales’.

 

La postura de este concejal musulmán, que representa en esto a la práctica totalidad de la comunidad islámica, coincide con la de muchos cristianos europeos. De esta manera, los matrimonios católicos ven con justificado recelo que a sus hijos se les inculquen códigos morales contrarios a los suyos en la escuela, especialmente en lo que concierne a la sexualidad.

 

En cualquier caso, la postura del concejal musulmán no era demasiado firme; le faltó tiempo para pedir perdón y asumir el carácter ‘inapropiado’ de sus palabras. En este sentido, reconoció haber sobrepasado todos los límites y manifestó un inquebrantable apoyo a las políticas LGTB adoptadas por el Ayuntamiento de Birmingham. Con un matiz, claro: que éstas sean sensibles con los padres musulmanes y con el islam’.

 

En realidad, lo que debería pedir Idrees – y cualquier representante público – es que el poder político respete el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos, siempre que ésta no comprometa verdaderamente la convivencia social. Pero Idrees, musulmán, sólo vela por los suyos, por sus hermanos de religión. El resto poco importa.

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