La ecocuaresma de Rafaela

Jorge González Guadalix

Hay cosas que se las paso directamente a Rafaela. Mayormente porque ha dado muestras más que sobradas de sentido común y porque uno, en ciertas cosas, va con demasiados prejuicios. Parece mentira que siendo uno de pueblo, y párroco de pueblo, esté tan poco sensibilizado con la cosa de la ecología. O quizá precisamente por eso. Vaya usted a saber.

El caso es que desde Barcelona y Madrid se nos propone una conversión cuaresmal en clave ecológica. Eso de añadir palabras a los conceptos fundamentales siempre me ha parecido una forma sibilina, o no tanto, de aguar lo fundamental. Juventud, democracia, conversión, solidaridad, libertad son cosas que más o menos uno sabe de qué van. El problema es que, en cuanto colocas adjetivos, la fastidias. Por ejemplo: juventud de espíritu, democracia orgánica, conversión ecológica, solidaridad obrera, libertad vigilada. No es lo mismo.

Desde Barcelona don Juan José Omella nos pide, entre otras cosas, “que hagamos un ayuno de agua … acortando el tiempo de la ducha y poniendo lavadoras a plena carga”. Desde Madrid la comisión diocesana de ecología integral, parte de la nueva vicaría de desarrollo humano integral y la innovación nos ofrece un amplio camino cuaresmal desde la perspectiva de la “conversión ecológica integral”.

Rafaela lleva no sé cuántos cursos de informática en el C.A.P.I. del pueblo y de tonta tiene lo justo. Pero es que, además, tiene a su sobrino Toñín que es todo un crack y funciona como un reloj de los de antes.

Me ha respondido en menos de 24 horas.

– Oye, cura, que no me gustan.

– ¿Pero ya te los has leído?

– No. Ni pienso. Pero no me gustan

– Explícate…

– Muy facilito. Se coge el documento y de buscan palabras. Por ejemplo, confesión, confesarse, sacramento de la reconciliación. Si están, el documento se puede mirar. Si no, no merece la pena ni leerlo.

– ¿Y están?

– Ya te lo imaginas… ¿No te digo que no me gustan?

Rafaela es así de clara, como esas piedras berroqueñas de su pueblo y el mío. Dicen que los nacidos y criados entre peñascos solemos ser gente de pocos matices. Yo lo soy. Rafaela me gana.

Me dice que para saber que es bueno ahorrar agua no necesita al cardenal de Barcelona, que con la factura del canal lo entiende estupendamente, y que si el señor cardenal no se podía dedicar mejor a recordar otras cosas como los mandamientos o lo de ir a misa los domingos. Y en cuanto a lo de Madrid que vale, que no le parece mal, pero que se le hace todo muy complicado. Y que lo del cambio climático y esas cosas que vaya usted a saber qué hay de verdad, que malo decían que era el aceite de oliva y luego resultó bueno.

– Feliz cuaresma ecológica, Rafaela

– Vete a hacer puñetas, cura.

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