La Didaché: la prueba de que la Iglesia lleva 2.000 años defendiendo al no nacido

En la “Enseñanza del Señor transmitida por los doce apóstoles”, un documento de los primeros siglos de la Iglesia, se dice claramente: “No matarás a un niño con un aborto y no harás perecer al niño ya nacido”.

En 1873, en la biblioteca de un monasterio de Estambul, fue descubierto un volumen compilado en 1053 por un copista llamado León. Entre los textos recopilados, se encontró un documento titulado “Enseñanza del Señor transmitida por los doce apóstoles”, que pronto se empezó a conocer como Didaché. Una obra a la que habían hecho referencia varios Padres de la Iglesia, pero que había desaparecido durante siglos.

Así lo cuenta el doctor en teología y especialista en información religiosa Marcellino D’Ambrosio en su libro Cuando la Iglesia era joven: Las voces de los Primeros Padres, de la editorial Palabra.

D’ Ambrosio aborda en su libro el origen de la Didaché. Según señala, la evidencia sugiere que en la primera mitad del siglo II en Egipto, llegaron a manos de un editor cristiano anónimo de Alejandría dos documentos: “Los dos caminos”-que parece ser el primer catecismo cristiano que se conserva- y el primer “Orden de la Iglesia” o manual de instrucciones sobre cómo dirigir el culto, que recogía la vida de las congregaciones cristianas de Palestina o Siria en tiempos de los apóstoles.

Quien compiló la Didaché no desveló su identidad y los Padres de la Iglesia que mencionan la obra no hablan de la autoría. El objetivo del que compiló la Didaché era dejar por escrito, no su propia enseñanza, sino la del Señor, que ha llegado hasta nosotros desde los apóstoles.

En su primera parte, la Didaché señala: “No matarás y no cometerás adulterio, no serás corruptor de muchachos y no fornicarás, no robarás, no tendrás tratos con magia ni harás hechicerías, ni matarás a un niño con un aborto, ni matarás al que ha nacido”.

D’ Ambrosio sostiene que se trata de la primera vez que se especifica en la literatura cristiana que en el asesinato prohibido por el quinto mandamiento se incluye el aborto. La palabra que se suele traducir como “hechicería” (farmakeusein) significa en realidad “pharma”. La palabra en este contexto, señala el autor, hace referencia a drogas abortivas y anticonceptivas, utilizadas para provocar el aborto o la esterilidad.

En la Declaración sobre el aborto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se recuerda que la tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo. Oponiéndose a las costumbres del mundo grecorromano, la Iglesia de los primeros siglos insistía sobre la distancia que separa en este punto tales costumbres de las costumbres cristianas.

Tertuliano afirma que “es un homicidio anticipado el impedir el nacimiento; poco importa que se suprima la vida ya nacida o que se la haga desaparecer al nacer. Es ya un hombre aquel que está en camino de serlo”.

En relación con el sexto mandamiento, para los primeros cristianos la prohibición del adulterio incluía toda relación entre hombre y mujer fuera del matrimonio, tanto heterosexual como homosexual. D´Ambrosio añade que en la sociedad grecorromana estaba de moda la exploración indiscriminada de la orientación sexual, incluida la pedofilia.

 

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