Hoy celebramos a 117 santos mártires asesinados por odio a la fe en Vietnam

ACI Prensa

La historia de la evangelización en los actuales territorios de Vietnam empezó en el siglo XVI. A partir de entonces, muchos misioneros llegaron a esas tierras con el deseo de anunciar la Buena Nueva. Entre los vietnamitas, fueron muchos los que acogieron a Cristo con alegría; sin embargo, en la medida en que el cristianismo se fue fortaleciendo y generando un impacto en la cultura, otros eligieron el camino del repudio y la violencia en contra de los miembros de la Iglesia. Especialmente los siglos XVIII y XIX fueron cruentos, y la sangre de muchos hombres de fe fue derramada.

En el siglo XIX, los reyes Minh Mang y Tu Duc organizaron una larguísima persecución que duró décadas. En 1833, Minh Mang emitió una orden que prohibía la actividad misionera y obligaba a todo aquel que se reconocía cristiano a renegar públicamente de su fe, bajo amenaza de severos castigos, la cárcel o la muerte. Este gobernante y su sucesor, Tu Duc, pretendieron imponer el confucianismo de manera excluyente.

Lo peor ocurrió a mediados del siglo antepasado. Entre 1848 y 1860 fueron proclamados hasta seis edictos acusando a los cristianos de conspiradores y representantes de intereses políticos foráneos. Estos años representaron la radicalización de lo que venía pasando en Vietnam desde la llegada de los primeros evangelizadores. El resultado de estas medidas anticristianas y de casi 300 años de persecución fueron miles de vietnamitas y extranjeros -en su mayoría europeos- martirizados y asesinados, entre los que destacan obispos, sacerdotes y religiosos, pero también laicos.

A lo largo del siglo XX, la Iglesia, que preserva la memoria de sus mártires, ha reconocido la santidad y entrega de los mártires de Vietnam. Muchos quedarán en el anonimato, mientras otros, debidamente identificados, forman la lista de hermanos cuyo testimonio fortalece a la Iglesia en Vietnam y a la Iglesia universal. Estos 117 mártires, encabezados por San Andrés Dung-Lac (sacerdote muerto el 21 de diciembre de 1839), fueron canonizados por San Juan Pablo II en 1988 y su fiesta se celebra cada 24 de noviembre.

De los 117, 75 fueron decapitados, 22 estrangulados, 6 quemados vivos, 5 condenados al desgarro de sus miembros y 9 murieron en la cárcel a causa de las torturas.

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