“Han utilizado la Sinodalidad para promover su personal agenda ideológica”

10 noviembre, 2018

A continuación, la entrevista de LifeSiteNews a mons. Athanasius Schneider.

  1. ¿Qué opina sobre cómo se ha abordado en el documento final el tema de la conciencia? (Ver ns. 107-109)

Las declaraciones del documento final sobre la conciencia en los números 107-109 reflejan la enseñanza de la Iglesia y son bastante aceptables. Para una comprensión más completa de la conciencia hubiera sido útil, sin embargo, que el documento mencionara también los peligros de los errores de conciencia y los obstáculos a una conciencia justamente formada.

Hubiera sido de gran ayuda para los jóvenes si el documento final hubiera incluido explicaciones sobre la conciencia como, por ejemplo, la siguiente, del Beato John Henry Newman: “El sentimiento de lo justo y de lo injusto, que en la religión es el primer elemento, es tan delicado, tan irregular, tan fácil de confundirse, de oscurecerse, pervertirse, tan sutil en sus métodos de razonamiento, tan maleable desde la educación, tan influenciado por el orgullo y las pasiones, tan inestable en su curso que, en la lucha por la existencia, entre los múltiples ejercicios y triunfos de la mente humana, este sentimiento al mismo tiempo es el mayor y el más oscuro de los maestros; la conciencia no es un egoísmo clarividente, ni el deseo de ser coherentes con uno mismo” (Carta al duque de Norfolk).

  1. ¿Cuál es su opinión sobre el modo cómo el documento final ha abordado el tema de la crisis de los abusos sexuales, que ha afectado de manera especial a unas regiones concretas del mundo? (Ver ns. 29-31). El arzobispo Mons. Charles Chaput ha dicho que los pasajes sobre el tema eran “inadecuados y decepcionantes” y que los líderes de la Iglesia de los países que no han sido sacudidos por la crisis de los abusos “claramente no comprenden su objetivo y gravedad”. “Falta en el texto unas disculpas de corazón”, ha añadido, y el clericalismo “es parte del problema de los abusos, pero no es en absoluto el tema central para muchos laicos, sobre todo para los padres”.

Estoy de acuerdo con las observaciones de Mons. Chaput. La respuesta del documento a la cuestión de los abusos sexuales en la Iglesia es realmente insuficiente. La más dolorosa y, seguramente, una de las heridas más profundas en la vida de la Iglesia -los abusos sexuales de niños y adolescentes por parte de sacerdotes-, no se menciona de manera explícita, y está incluida en una lista de diferentes tipos de abuso, como el abuso de gente joven, el abuso de poder, el abuso de conciencia, los abusos económicos, etc.

El texto esquiva el tema central y no pone el dedo sobre la llaga. Al no hablar sobre el hecho demostrado de que la homosexualidad ha jugado un papel crucial en los abusos sexuales de menores, es deshonesto o está motivado ideológicamente, por ejemplo, se ha hecho para proteger la homosexualidad o por motivos políticos, es decir, para ser políticamente correcto con la opinión dominante, que niega la conexión entre homosexualidad y abuso sexual de menores.

En un estudio académico reciente, la Ruth Institute (situada en Louisiana, EE.UU.) demostró claramente la conexión entre los abusos sexuales de menores y la homosexualización del clero. Según este estudio, el 78% de las menores víctimas de abusos no eran niños, sino adolescentes varones post-púberes. El documento del Sínodo sobre la Juventud 2018 seguramente pasará a la historia como un texto en el que la jerarquía no admitió una de las causas principales del abuso sexual de niños y adolescentes, que es la homosexualidad en el clero. ¿Acaso esta negación de la evidencia en el documento sinodal no es también una forma de clericalismo?

  1. ¿Qué elementos positivos ve usted en el documento final?

Hay, claro está, varios elementos positivos en el documento final. Se podrían mencionar los siguientes:

La llamada a la santidad, sobre todo en el n. 165.

Una descripción hermosa y teológicamente correcta de la Sagrada Liturgia en el n. 134; la importancia del silencio, el temor reverencial ante el Misterio, etc.

La importancia de la oración, la contemplación, la adoración Eucarística, la interioridad, las peregrinaciones y las devociones populares.

La necesidad de dar respuesta y razón de nuestra Fe, citando a 1 Pe 3, 15.

La mención de no crear una nueva Iglesia en el n. 60.

La mención de la gracia – siete veces; sin embargo, la palabra “acción” es mencionada el doble de veces que “gracia”.

La importancia de la dirección espiritual.

La mención de la ascesis y la lucha espiritual, y de la formación de la conciencia.

La oración por las vocaciones.

La hermosa conclusión en el n. 167.

  1. Excelencia, ¿le gustaría añadir alguna cosa?

Para poder evaluar un documento hay que considerar las omisiones y los términos tendenciosos, ya que estos reflejan una ideología concreta. Desde luego, el enfoque básico del documento manifiesta claramente una tendencia hacia el naturalismo, el antropocentrismo, la ambigüedad doctrinal, el sentimentalismo y el subjetivismo. Esta tendencia puede identificarse inequívocamente como un neo-pelagianismo vestido de clericalismo.

Hay que considerar, por ejemplo, las siguientes omisiones, que hablan por sí solas. No hay palabras como: “sagrado”, “santo”, “roca”, “eterno”, “eternidad”, “sobrenatural”, “cielo” (en el sentido de vida eterna), “vencer”, “conquistar”, “resistir”, “defender”, “soldado”, “victoria”, “objetivo”, “fin”, “virtud” (en el sentido teológico), “alma” (en cambio “cuerpo” se menciona 19 veces), “verdad” (no en el sentido teológico o metafísico, sino sólo en relaciones psicológicas y humanas), “objetivo”, “objetividad”, “claro”, “convicción”, “ley de Dios”, “observancia”, “mandamientos”, “arrepentimiento”, “obediente”, “obediencia”, “martirio” (en el sentido de morir por la fe católica y Jesucristo), “reverencia” y “respeto hacia Dios”.

Hay también las palabras tendenciosas: “humano” (20 veces, mientras que “divino” aparece sólo dos), “cuerpo” (19 veces, mientras que “alma” no aparece nunca); “historia” (15 veces); “experiencia” (52 veces); “libertad” (38 veces); “acción y actividad” (25 veces, mientras que “gracia” sólo 7 veces); “tierra” (6 veces); “ecología” (3 veces); “sinodal o sinodalidad” (105 veces).

Es asombroso que las siguientes citas bíblicas, aptas en grado sumo para la formación de los jóvenes, no estén incluidas en el documento final:

“Se acercó uno a Jesús y le preguntó: ‘Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?’. …Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”(Mt 19, 16-17).

“Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad” (1 Cor 15, 19).

“Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire” (1 Cor 9, 26).

“Arraigados y edificado en él, afianzados en la fe” (Col 2, 7).

“Huye de las pasiones juveniles y busca la justicia” (2 Tim 2, 22).

“La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve” (Heb 11, 1).

“Estáis firmes en la verdad que poseéis” (2 Pe 1, 12).

“Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe” (1 Jn 5, 4).

La voz eterna de la Iglesia

Las siguientes palabras de Juan Pablo II y de Pío XII reflejan la voz eterna de la Iglesia en su enseñanza a los jóvenes. Esta voz es intemporal en su contenido y lenguaje:

“¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna? ¿No somos nosotros la generación a la que el mundo y el progreso temporal llenan completamente el horizonte de la existencia? Cuando nos ponemos ante Cristo, cuando Él se convierte en el confidente de los interrogantes de nuestra juventud, no podemos poner una pregunta diversa de la del joven del Evangelio: «¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?». Cualquier otra pregunta sobre el sentido y valor de nuestra vida sería, ante Cristo, insuficiente y no esencial.

Hemos de suponer que en este diálogo que Cristo sostiene con cada uno de vosotros, jóvenes, se repita la misma pregunta: ¿Sabes los mandamientos? Ésta se repetirá infaliblemente, porque los mandamientos forman parte de la Alianza entre Dios y la humanidad. Los mandamientos determinan las bases esenciales del comportamiento, deciden el valor moral de los actos humanos, permanecen en relación orgánica con la vocación del hombre a la vida eterna, con la instauración del Reino de Dios en los hombres y entre los hombres.

Si es necesario, sed decididos en ir contra la corriente de las opiniones que circulan y de los «slogans» propagandísticos. No tengáis miedo del amor, que presenta exigencias precisas al hombre. Estas exigencias –tal como las encontráis en la enseñanza constante de la Iglesia– son capaces de convertir vuestro amor en un amor verdadero” (Juan Pablo II, Carta Apostólica Dilecti Amici a los jóvenes del mundo, 31 de marzo de 1985).

“Jóvenes católicos, queréis ser verdadera y plenamente tales. A la irreligiosidad y la incredulidad que os rodean, oponéis vuestra fe firme, viva y activa. Vuestra fe será firme y luminosa sólo si la conocéis, no superficialmente o de manera confusa, sino clara e íntimamente. Vuestra fe será viva si vivís según sus máximas y observáis los mandamientos de Dios.

El joven que santifica las fiestas afrontando cualquier dificultad o problema, que se acerca a menudo a la Mesa del Señor, que es verdadero y leal, dispuestos a socorrer a los necesitados, que respeta a las jóvenes y a las mujeres y que tiene la fuerza de cerrar los ojos y el corazón a todo lo que es impuro en los libros, las imágenes, las «películas», demuestra tener verdaderamente una fe viva. Observad que si no es viva, la fe ni siquiera es activa. Si otros hacen estos grandes esfuerzos para las obras del maligno, ¡cuán mayor deberá ser nuestro celo por la causa de Dios, de Cristo y de la Iglesia!

Cumpliréis con vuestro deber, también en vuestra vida terrenal, sólo si sois hombres de espíritu sobrenatural, para los que la unión con Cristo, la resurrección gloriosa y la vida eterna valen más que todas las cosas humanas. El mundo católico lleva en sí una fuente inagotable de prosperidad y de bien también en el campo de la vida terrenal, precisamente porque sitúa lo eterno por encima de lo temporal. Si no fuera así, su fuerza se extinguiría.

En nuestros tiempos, la humanidad ha oído el mensaje del «derrumbamiento de todos los valores» (Umwertung aller Werte). Precisamente en estos años de agitación económica y social, los valores religiosos y eternos han demostrado con fuerza su total indestructibilidad: Dios y su ley natural; Cristo y su Reino de verdad y gracia; la familia cristiana, siempre la misma y siempre espina dorsal y medida de cualquier orden económico y público; la dulce y segura esperanza del más allá, de la resurrección y de la vida eterna” (Discurso de Pío XII en el 80 aniversario de la juventud italiana de Acción Católica, 12 de septiembre de 1948).

Es una pena que en el primer sínodo sobre los jóvenes de la Iglesia no se citara una obra importante de un gran santo y Doctor de la Iglesia, san Basilio, que aborda explícitamente el tema de los jóvenes. Vale la pena citar de esta obra patrística los pasajes siguientes, que son intemporales y tan actuales para la juventud de hoy. Escribe san Basilio:

“Nosotros cristianos, hijos míos, sostenemos que esta vida humana no vale absolutamente nada y de ningún modo consideramos ni calificamos de «bueno» nada que nos reporte la plena satisfacción pero sólo restringida a aquella. En nuestras esperanzas vamos más lejos y todo lo hacemos en preparación de la otra vida.

Lo cierto es que quizá́ os lo expondría con suficiente claridad sólo con deciros que si uno con el pensamiento reúne a la vez y agrupa en conjunto toda la felicidad desde que existen seres humanos, no la encontrará equivalente ni siquiera a la parte más pequeña de aquellos bienes, sino que la totalidad de las lindezas de aquí́ por su valor se queda más lejos del más minúsculo de aquellos de lo que la sombra y el sueño lo están de la realidad.

Es más, para servirme de un ejemplo más apropiado, tanto cuanto el alma es en todo más preciada que el cuerpo, tan grande es la diferencia entre una y otra vida. […] No, no hay cosa de la que más deba huir alguien sensato que de vivir pendiente del qué dirán y de tener en cuenta el parecer de la mayoría, y no hacer de la recta razón guía de la vida: en consecuencia, aunque haya que contradecir a toda la humanidad, tener mala fama y correr peligros en favor del bien, no elegirá́ remover nada de lo que se juzga correcto” (San Basilio Magno, A los jóvenes, capítulos 2, 9).

En lugar de dar a los jóvenes, metafóricamente hablando, un pan casero nutritivo y sano, proporcionándoles una formación pastoral, espiritual y doctrinal auténtica en contenido y lenguaje, el documento final de este sínodo ha fracasado en este aspecto y podemos decir, metafóricamente también, que es una “limonada excesivamente edulcorada”.

La limonada dulce no le gusta a todo el mundo y no siempre, mientras que un pan casero, sano y nutritivo, es un alimento que tiene un gusto imperecedero y que da verdadera fuerza. Así han sido los documentos magisteriales auténticos de la Iglesia durante más de dos mil años: reflejaban de manera fiel e inequívoca, en su contenido y lenguaje, la Tradición perenne de la fe católica, testimoniada de manera privilegiada por los Padres y Doctores de la Iglesia, y también por muchos mártires y confesores jóvenes.

Publicado por Diane Montagna en LifeSiteNews; traducido por Elena Faccia Serrano para InfoVaticana.

 

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