Francisco: “Los migrantes solo buscan un futuro mejor, es su derecho”

Carlos Esteban / InfoVaticana

 

 

En Panamá, el Santo Padre ha vuelto a defender su postura maximalista sobre la migración, al tiempo que la Santa Sede extrema la cautela y la equidistancia hacia el régimen de Maduro, que ha provocado un éxodo de 2,3 millones.

 

“Muchos de los migrantes tienen un rostro joven buscan algo mejor para sus familias, no temen arriesgar y dejarlo todo a fin de ofrecerles las condiciones mínimas que garantizan un futuro mejor”, ha dicho el Santo Padre en su discurso a los obispos de América Central, reunidos en Panamá con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, reivindicando una vez más el ‘derecho a la migración’ que ha consagrado la ONU con su ‘Pacto Global’.

 

“Sobre esto no basta solo la denuncia, sino que debemos anunciar concretamente una ‘buena noticia’, ha añadido. “Otro mundo es posible, lo sabemos y los jóvenes nos invitan a implicarnos en su construcción a fin de que los sueños no sigan siendo algo efímero o etéreo, a fin de que den impulso a un pacto social en el que todos puedan tener la oportunidad de soñar un mañana: también el derecho al futuro es un derecho humano”.

 

¿Qué significa ‘derecho al futuro’? Los Derechos Humanos se concibieron originalmente con una mentalidad práctica, para delimitar aquellos que cualquier persona en cualquier circunstancia pudiera reivindicar y que la comunidad pudiera garantizar que no se conculcaran. Pero, ¿quién puede garantizar un ‘derecho al futuro’?

 

Es, por lo demás, curioso que el ‘derecho al futuro’, a ‘una vida mejor’, lo cifre Francisco invariablemente en ese otro ‘derecho a la migración’, y rara vez o nunca en el derecho a no emigrar, en el derecho a tener esa vida mejor en la propia tierra y dentro de la propia cultura. Llama especialmente la atención en el momento exacto en que pronuncia estas palabras, cuando Venezuela vive una situación caótica, al borde de la guerra civil, por la oposición a un régimen que ha provocado el abandono del país -de su casa, de su tierra, de su patria- de cientos de miles venezolanos, una cifra que algunas fuentes elevan a 2,3 millones.

 

La postura oficial del Vaticano ha sido una irenista y equidistante llamada a la ‘conciliación’, como si todo se tratase de un malentendido entre el pueblo venezolano y sus gobernantes, ha enviado a un representante a la toma de posesión de Nicolás Maduro -tras unas elecciones sin garantías de ningún tipo-, a la que apenas han asistido sino los aliados geopolíticos del régimen bolivariano y, en lo personal, es inocultable que el Papa ha derrochado más gestos de favor a Maduro y gobiernos izquierdistas similares que con cualquier mandatario democrático de sistemas de economía de mercado.

 

Y aquí está un poco la contradicción interna de su mensaje: que la ‘vida mejor’ que se busca con la migración consiste esencialmente en salir de regímenes con políticas que Francisco favorece para asentarse en países con un sistema que el Papa no se cansa de atacar y de calificar de injusto. ¿No puede atar esos fáciles cabos? ¿No sería innecesaria la migración si los países de origen no aplicaran políticas que llevan un siglo demostrando su capacidad para generar miseria, represión y falta de libertades?

 

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