Fracasos. De momento, dejamos la adoración nocturna

Jorge González Guadalix

 

 

Cuento cosas de mis pueblos y de algunas iniciativas que se nos van ocurriendo. Qué quieren que les diga. Unas salen y otras no hay forma. Por ejemplo, vamos a tener que replantearnos lo de la adoración nocturna porque no hay manera. Tras unos meses, la gente es muy remisa a la hora de acudir y quizá porque la mayoría son mayores, o por lo que sea, el caso es que no cuaja. No pasa nada. Simplemente reconocer que de momento no está de Dios y punto. Ya veremos qué se hace. Tengo claro que la adoración ha de ocupar un lugar clave en la vida de estos pueblos, de hecho tenemos un rato de adoración todas las semanas en cada parroquia, otra cosa es cómo concretarlo.

 

Hablo de esto porque pobre del sacerdote que se asuste ante posibles fracasos pastorales o que se niegue a admitirlos echando la culpa a que la gente es como es. No pasa nada. Jamás me ha dado miedo reconocer que hay que replantear cosas. Solo hay una cosa a la que tengo pánico en la vida pastoral parroquial, y es a caer en ese terrible “para qué”.

 

Puede suceder que uno se esfuerce con todas sus ganas y resulta que no hay forma. La gente no viene a misa, no hay manera de sacar la más mínima iniciativa adelante, las cosas más básicas no producen reacción. Comprendo a los compañeros que se desaniman, se cansan y acaban limitándose a un mantenimiento básico de la vida parroquial como pueden ser las misas y las urgencias. Los comprendo porque uno tiene también esa tentación algunas veces. Si sucede en capitales, imaginen lo que es esto en un pueblo pequeño. No pasa nada.

 

Dios no va a mirar nuestro sacerdocio por los números. Dios va a mirar la ilusión y la entrega. No creo que pase nada al día del juicio final si uno se presenta delante de Dios diciendo: mira Señor, he sido incapaz de atraer a las masas a la fe. Lo he intentado todo, pero nada. Supongo que Dios nos preguntará por lo que hicimos:

 

–          ¿Has rezado con ganas? ¿Celebraste la eucaristía con devoción? ¿Has predicado la fe con fidelidad? ¿Te has preocupado por la gente? ¿Has animado a vivir el evangelio? Pues tranquilo, pasa al banquete de tu Señor…

 

Lo triste es presentarte delante de Dios y tener que reconocer que no hicimos nada porque total, si la gente no viene, y para cuatro viejas, y a la gente le da igual, y que bastante hacía uno con estar…

 

No hay fracaso pastoral si uno trata de ser fiel. No hay fracaso si se celebra cada día la misa con devoción, si cada día tocamos la campana. No hay fracaso si rezamos, paseamos por nuestros pueblos, saludamos a cada uno, conocemos las alegrías y penas de cada uno. No hay fracaso si abrimos la iglesia, exponemos el Santísimo y estamos solos… estaremos juntos. No hay fracaso si somos capaces de sentarnos en el confesionario aunque no venga nadie, atender a cada persona, ayudar, consolar, animar a vivir en Cristo.

 

El fracaso es dejar de vivir en fidelidad. Fracaso es olvidarnos de nuestro ser sacerdotes. Fracaso aceptar la derrota. Fracaso dejar de rezar. Fracaso resignaros a la nada. Y eso no. Eso nunca.

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