Fe y superstición

La superstición es popular y más cómoda en las mentes ignorantes y flojas, poco honestas y realistas o carentes de un genuino sentido común. Ahí la superstición halla más espacio que la fe pura o la pura fe, no religada a ideologías espirituales ni a espiritualizaciones de ideologías de todo orden, que tanto daño han causado a la humanidad a lo largo de su historia. Muchos tienen la pretensión de hacer “todo” por Dios, pero eso los hace fanáticos de Dios, no fieles a Dios. Él no quiere que uno ame a los demás “por” amor a Él, sino que los ame “con” su amor, es decir, a su modo, con amor gratuito. Un fanático siempre tenderá a ser excluyente y se tomará la atribución divina de separar las ovejas negras del rebaño o andará clasificando las “manzanas podridas” en los grupos humanos. Un fiel a Dios, en cambio, será incluyente y se esforzará en no excluir a nadie de su corazón. Cuando una seudo fe pretende objetivar y definir la libertad del hombre como si éste fuera un algo y no un alguien, entonces la fe se convierte en mera superstición, aunque sea de toques sofisticados y doctrinales. Donde hay superstición, sólo puede vencer la fe, no la ciencia. Por lo mismo, el propio R. Dawkins reclama que “los científicos cristianos, lo son por un adoctrinamiento infantil que no son capaces de sacudirse”. Cuando la creencia se reduce a un adoctrinamiento religioso se pone más de lado de la superstición. Se podrá decir en contra que precisamente en virtud de la libertad del hombre es válido pensar, seguir y decir a los demás lo que a uno se le venga en gana, pero la razón naturalmente se niega a contentarse con una estrechez, por seductora que sea y a pasar por alto la potencialidad holística o integradora de la propia razón humana. La creencia meramente religiosa puede terminar siendo superstición al pretender salvarnos de la contingencia o ser un mero refugio ante la parte triste de la vida. Pero la fe, que es certidumbre de trascendencia, supone que salga de mí mismo, y por tanto, supone la pasión por la libertad, que me hace salir del refugio, afrontando como consecuencia, el riesgo del encuentro con lo real, la experiencia de las diversas verificaciones que realizo y la decisión de la interpretación que asumo, de los sucesos vividos.

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