España: Arcadi Espada, la eugenesia sin edulcorar

Infovaticana 

 

Para medir el grado de desarrollo de una sociedad se suele atender a su nivel de bienestar material, a la calidad de los servicios públicos básicos, al grado de respeto a las libertades -personales, familiares, institucionales- y a la garantía de los derechos humanos. Pero si queremos medir el desarrollo moral de una sociedad hay un indicador infalible, que consiste en analizar cómo protege dicha sociedad a los débiles. El desarrollo moral de una sociedad va aparejado a cómo evoluciona en su trato y cuidado hacia los más débiles.

Recientemente, en el programa televisivo Chester, Arcadi Espada defendía, por un lado, la supuesta inmoralidad de aquella decisión que suponga dejar nacer a una persona que a la que se ha diagnosticado una discapacidad; por otro lado, exigía que esos padres se responsabilizaran en exclusiva del cuidado de su hijo con discapacidad y que se les negara cualquier ayuda por parte del estado y la sociedad. Una decisión supuestamente “inmoral”, en la opinión de Arcadi España, no puede tener un coste económico para la sociedad.

Asusta esta crudeza en la exposición argumental que, sin embargo, permite mostrar sin edulcorantes la realidad de la mentalidad eugenésica: la discriminación, el rechazo y abandono del débil, del necesitado, del que no puede valerse por sí mismo.

Esta mentalidad eugenésica, en línea con la argumentación de Arcadi Espada, es la que también trasluce en los casos de Stephanie Parker – en California -, Roger Foley – en Ontario – o Randy Stroup – en Oregón – en los que, o bien los hospitales o bien los seguros médicos, se negaron a sufragar el coste de la quimioterapia argumentando que era más barato acudir al suicidio asistido, opción legal en esos estados.

No es habitual, en nuestros días, esta claridad expositiva en el movimiento eugenésico. En la mayoría de las ocasiones esta mentalidad eugenésica oculta su lado oscuro y se reviste de filantropía, de “servicio al enfermo”, de “ayuda” ante el sufrimiento. Sin embargo, detrás de esa cara “bonita” no hay solo una visión economicista de la vida, sino también una incomprensión del valor de la vida humana, de toda vida humana y de su fundamentación.

En el ámbito de la convivencia social, la mentalidad eugenésica supone la ruptura del principio de solidaridad, principio básico y fundamento de toda comunidad. Si los miembros de una comunidad en vez de vivir hacia los demás y para el bien común viven sólo para sí mismos, estamos ante la ley de la selva, ante la ley del más fuerte, en el predominio de la desconfianza, en el sálvese quien pueda, en definitiva, en lo contrario a la vida en comunidad. La comunidad en vez de ser un apoyo y fuente de seguridad, de pertenencia, se convierte en un potencial enemigo.

Estamos ante un debate fundamental, nuclear, en el que están en riesgo los cimientos de la vida en comunidad.

Desde Qveremos participamos en este debate recordando que:

• Toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, tiene una dignidad inviolable.

• La dignidad de toda vida humana no se mide por las capacidades que pueda desarrollar, por los sentimientos que pueda expresar, por las cosas que pueda hacer, ni por el nivel de independencia que pueda adquirir.

• La dignidad de toda vida humana se fundamenta en la realidad personal de cada vida; en la capacidad de amar y ser amada que tiene toda vida humana; en el reflejo del Creador que hay en toda vida humana.

• Esa dignidad hace acreedora a toda vida humana de una serie de derechos inviolables como son: el derecho a la vida, a la atención médica, al acceso a la educación, a la cultura, etc. Derechos que el Estado debe proteger, garantizar y tutelar.

Negar esos derechos a cualquier persona (nacida o no nacida, enferma o sana, con o sin discapacidad, terminal o no) supone una flagrante injusticia, una terrible discriminación y una gravísima violación de sus derechos.

La mentalidad eugenésica provoca una presión insoportable en muchos enfermos, personas mayores, personas con discapacidad al generarles la falsa e injusta sensación de que son una carga para sus familias o la sociedad.

Debido a la mentalidad eugenésica, cada vez más predominante, se está produciendo un genocidio de las personas con discapacidad. En Islandia prácticamente el 100% de los bebes no nacidos diagnosticados con síndrome de down son abortados, en Reino Unido cerca del 90% y en España el 95%.

De ahí la necesidad de promover reformas y medidas para combatir la mentalidad eugenésica de manera que se pueda:

Garantizar jurídicamente el derecho a la vida de todos los no nacidos.

Garantizar que el diagnóstico prenatal se oriente al servicio de la vida y la atención médica.

Desarrollar una ley de cuidados paliativos a nivel nacional y dotarla económicamente para garantizar el acceso de todos los pacientes que lo necesiten y evite el encarnizamiento terapéutico.

Dotar económicamente la ley de dependencia para que pueda cumplir su finalidad.

Aprovechar y apoyar, en aras de la eficiencia y la eficacia, la red de instituciones sanitarias y residencias de iniciativa social que ya existen.

Desarrollar un modelo de colaboración público privada en el ámbito de la atención sanitaria y a la dependencia.

Mejorar el tratamiento fiscal de las donaciones a instituciones sanitarias o de apoyo a la dependencia, ya sean realizadas por personas físicas o jurídicas, garantizando que al menos el 100% de las mismas son deducibles fiscalmente, sin topes ni máximos.

Hay que comprometerse en la lucha que busca la derogación de las legislaciones que abren la puerta al suicidio asistido.

Oponerse a la legalización de la eutanasia y/o el suicidio asistido a todo nivel.

Combatir la mentalidad economicista en el ámbito sanitario.

Hay que reconocer que la eugenesia y la eutanasia suponen la perversión del acto médico que consiste en curar, aliviar, acompañar y cuidar.

Es mucho lo que está en juego: nuestra supervivencia como comunidad, como sociedad; la calidad moral de nuestra convivencia. Para conseguir nuestro objetivo no basta sólo con leyes, con acciones, es necesario desarrollar en nuestra sociedad una nueva cultura de la vida que incorpore: una nueva mirada capaz de apreciar la belleza, bondad y verdad de toda vida humana; una nueva escucha que esté atenta a las llamadas de aquellos que reclaman ayuda, atención y compañía en el sufrimiento, en el dolor; un nuevo corazón, capaz de compadecerse, generoso, entregado sin límites a todos, en especial al débil, al necesitado, al limitado.

Esta renovación es tarea de todos, nadie puede quedarse al margen. Desde Qveremos renovamos nuestro compromiso con una sociedad que no deja a nadie atrás, por una sociedad que da oportunidades – segundas oportunidades -, por una sociedad que apuesta por todos, por un sociedad que cuida de todos, por una sociedad de todos y para todos.

Artículo publicado en Qveremos

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