En efecto, somos más felices

Maricruz Tasies

 

De una noticia reciente leí que, uno de los cinco hallazgos de un estudio de Pew Research Center arrojó la conclusión de que «Las personas activamente religiosas son más propensas que sus pares menos religiosos a describirse como “muy felices”».

No me hace falta un estudio para saber que las personas religiosas practicantes somos más felices aunque me alegra mucho que publiquen esos análisis ya que parece ser la única forma de convencer a los escépticos.

Qué les dire? No solo los religiosos practicantes sino los católicos practicantes y, sobre todo, los católicos que son “como los de antes”.

“Existen estudios que lo demuestren?”
Ninguno que yo sepa pero, como dije, no necesito de estudios para saber ya que me basta con llevar cuenta de lo contentos que se la pasan mis amigos, familiares y conocidos.

“A ver y, cómo lo demuestras?”
Lo demuestro haciéndoles notar cuanto sufren y, si se atreven, a que observen los frutos del sufrimiento. Sí, porque sufren y, a la vez, están más contentos que el resto.

“Pero cómo puede ser eso? Es que Dios los prefiere?”
Pues, no, no me parece, aunque, vaya usted a saber lo que pasa por la mente de Dios.

Solo digo que observen cuánto sufren pero, además, que son católicos que conocen el catecismo, se consagran a Jesús por María, rezan a diario el rosario y algunos “Las Horas”, oran y cumplen con sus deberes y, además, se ofrecen como hostia viva siendo que obedecen sin chistar y no se quejan, practican la benedicencia y se les ve solidarios, perdonan y son amables, más que la mayoría; pero, sobre todo, porque -quienes no gozan de buena salud- aquellos que –incluso- padecen en carne propia una enfermedad terminal o la sufren en algún familiar cercano, saben perfectamente qué hacer con el sufrimiento porque lo que, al final de cuentas, así como participan del dolor participan también del consuelo. Quién no estaría la mar de contento?

Muchos, muchísimos conozco a quienes podría nombrar, incluidas figuras públicas de quienes nadie sospecha sufren de manera indescriptible. Sí, si… están sufriendo pero están contentos y solo puede ser cosa de Dios. El caso es que son felices. Es un hecho.

Ni que se diga cuando además son católicos que frecuentan la misa de antes.
Es una maravilla lo que la amada liturgia hace por ellos.
Y es que, el anterior misal facilita sumergirse en Cristo durante la santa misa; es decir, desde la gravedad y el silencio, facilita que el alma se sumerja en la actualización del Misterio tal como muchas veces ha señalado Benedicto XVI y el Card. Robert Sarah.

“Acaso estás diciendo que esa profundidad no la alcanza el alma con la misa nueva?”
Claro que la alcanza y lo hace, principalmente, porque el Señor es muy grande pese a las gravísimas faltas que nos permitimos bajo el nuevo misal del que, por cierto, no hay forma que la mayoría siga las rúbricas al pie de la letra ni de que parezca la misma misa de una parroquia a otra.

Y es que, con el viejo misal, es imposible desobedecer, por eso y otras cosas, la liturgia de antes enriquece y es una de las razones por las que forma sacerdotes y fieles obedientes.

En resumidas cuentas, cuando un estudio demuestra que los religiosos practicantes son más felices y cuando se les ve hiper-más-felices a una fracción a pesar de que aprecian la tradición, la liturgia y sufren mucho, a un presbítero u obispo debería llamar la atención el hecho y, por caridad, aproximarse en lugar de, como algunos hacen, conducirse de manera vergonzosa.

Un presbítero u obispo tendría que actuar con caridad e inteligencia para darse cuenta que en estos católicos el Señor ha dado forma a un feliz ejército que nada pretenderá que no sea para mayor gloria de Dios y salvación de las almas

Los tendrían que tomar bajo su cuidado, facilitarles el agregarse a la comunidad y favorecer que celebren la misa de antes para, por lo menos, alegrarles la vida un poquito ya que han demostrado su amor a Cristo en la voluntad de crecer en su semejanza auxiliados por Nuestra Señora, administradora de todas las gracias.

Yo, de ser presbítero u obispo, es lo que haría; claro, el asunto es que yo sería un cura u obispo “como los de antes”; sería como el padre Sixto en la parroquia Patriarca San José en Alajuela, Costa Rica quien sufre a la vez que se la pasa re-contento y quien, además- ¡bendito sea Dios!, ha tenido dos magníficos obispos: Mons. Angel Sancasimiro y Mons. Bartolomé Buigués; de suerte, españoles.

 

 

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