El Vaticano conocía ‘conductas obscenas’ del obispo Zanchetta en 2015

InfoVaticana

 

 

En, al menos, en dos ocasiones -2015 y 2017- llegaron al Vaticano informes sobre el comportamiento homosexual obsceno del obispo emérito de Orán, Gustavo Zanchetta, nombrado directamente por Francisco, que aceptó su renuncia ‘por enfermedad’ y lo recolocó en un alto puesto en la Santa Sede.

 

La Santa Sede, informa Associated Press, recibió informes en 2015 y 2017 de que el argentino Gustavo Zanchetta, nombrado obispo de Orán por el Papa Francisco a poco de ser elevado al Solio Pontificio, se hizo fotografiar desnudo en actitudes “obscenas” y que presuntamente tuvo conductas sexuales inapropiadas con seminaristas.

 

Sin embargo, esos informes no impidieron que el obispo Gustavo Zanchetta de 54 años, recibiera poco después un importante cargo de asesor en la Santa Sede, la cual lo justificó con el argumento de que las denuncias en contra del religioso se presentaron a fines del año pasado.

 

La noticia es desastrosa, más aún en vísperas de la reunión episcopal que habrá de buscar el próximo mes en Roma una solución ‘definitiva’ al grave problema de los abusos sexuales por parte de clérigos y su encubrimiento, y que con cada noticia que salta a la prensa sobre este asunto hace parecer más y más un nuevo ejercicio de relaciones públicas y gestión de daños de imagen.

 

El caso Zanchetta no es como los anteriores, al menos en dos sentidos. El primero es que afecta directa y personalmente al Papa. No hay modo de eludir esa responsabilidad. No es un McCarrick al que, después de todo, Papas anteriores promocionaron hasta el cardenalato y el arzobispado de Washington, y sobre el que solo se puede reprochar a Francisco que no creyera o ignorara rumores para encargarle algunas misiones en su retiro.

 

No: Zanchetta es ‘suyo’. Lo nombró obispo de Orán, en la provincia argentina de Salta, saltándose todos los trámites habituales y nada más hacerse con el pontificado, su primer nombramiento episcopal. Zanchetta se confesaba con él, eran amigos, y ahí parece acabar todo el mérito del argentino para aspirar al episcopado.

 

El sistema habitual de nombramiento de obispos pretende proporcionar un equilibrio entre el primado de Pedro y su derecho a decidir quién es elevado al episcopado y la autonomía y mayor conocimiento local de la diócesis la iglesia nacional.

 

Así, se le suele presentar al Papa una terna de candidatos, seleccionados a partir de una lista en la que colaboran figuras de la diócesis y futuros colegas compatriotas de los candidatos, y el Papa se pronuncia por uno.

 

Naturalmente, el Papa puede ignorar el procedimiento y nombrar a quien desee, pero hacerlo no dice precisamente mucho en favor de una Iglesia ‘descentralizada’ y ‘sinodal’.

 

El Papa, pues, no solo nombró obispo a un sacerdote sin las cualificaciones habituales por la amistad que les unía, sino que, cuando el nombramiento se reveló como el desastre previsible, primero permitió que ‘huyese’ de su sede alegando una misteriosa enfermedad de la que sanó en seguida ‘milagrosamente’, y luego le dio refugio en Santa Marta y le proporcionó un puesto de campanillas en la APSA, la ‘inmobiliaria’ de la Santa Sede.

 

Es, asimismo, desastrosa porque en esta historia se entretejen a maravilla los dos ‘hilos explicativos’ que unos y otros proponen como motivo subyacente de los abusos: la penetración del ‘lobby gay’ en el clero y el ‘clericalismo’ al que el propio Papa, seguido de cerca por la abrumadora mayoría de los prelados, achaca estos comportamientos.

 

Zanchetta es homosexual. Los testimonios de sus conductas impropias se remontan a su propio nombramiento, cuando aparecieron por primera vez en la prensa argentina. Y si algo ilustra la actitud clericalista por excelencia es la forma y rapidez de su nombramiento como obispo y, tras el fracaso, su recolocación en un puesto creado ‘ex nihilo’ para su provecho.

 

Pero quiere la crónica que el propio Zanchetta fuese también máximo exponente de ese clericalismo que deplora el Santo Padre al tiempo que lo premia. De hecho, la causa principal de su renuncia fue abuso de poder y un comportamiento tiránico que en seguida le valió la hostilidad de sus propios sacerdotes en Orán.

 

Comenta a AP el sacerdote Juan José Manzano, uno de los tres que hicieron llegar a Roma información sobre el obispo, que a poco de ocupar su puesto Zanchetta “se ponía agresivo si se lo confrontaba, manipulaba datos, personas, influencias para lograr sus propósitos”. A ello se sumó que el rector del seminario advirtió “acosos” y “conductas inadecuadas” con seminaristas, algunos de los cuales abandonaron el seminario.

 

Para mayor desgracia, el Vaticano, a través de su portavoz interino, Alessandro Gisotti, mintió. Gisotti dijo en rueda de prensa, tras saltar el escándalo a la luz pública, que la renuncia de Zanchetta se había debido a “acusaciones contra él de autoritarismo”, pero que “no hubo acusaciones de abuso sexual” y que las denuncias se conocieron luego de que fuera designado en Roma, lo que ahora sabemos es falso.

 

Y ni siquiera podemos estar seguros de que el asunto haya terminado con la “suspensión laboral” de Zanchetta en la APSA. Según la periodista Silvia Noviasky, del diario El Tribuno -el diario salteño que destapó el caso-, “hay una segunda parte con más datos que básicamente se contradice con las fechas del mismo Vaticano.

 

Y añade las fechas son importantes porque se confirmaría que Zanchetta fue llevado al Vaticano después de las denuncias por abuso sexual, entonces eso sí lo complicaría al Papa porque se sabe que hay una relación entre ellos dos hace mucho tiempo”.

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