El puritanismo laicista, la nueva religión

De que los seres humanos son (somos) un animal religioso por mucho que le pese a muchos de ellos es algo de lo que da buena cuenta la nueva religión que impera en occidente, el laicismo puritano, o si lo prefieren Vds. el puritanismo laicista. Y se lo voy a demostrar.

Muchos son los que se quejan de los ayunos que nos imponía la Iglesia, cuatro o cinco en todo el año, y hoy no son menos los que, so pretexto de adelgazar o mejorar la figura, se someten a dietas y regímenes eternos, que no acaban nunca y que les mantienen toda una vida hambrientos.

Muchos son los que se quejan de las abstinencias que imponía la Iglesia, y hoy no son menos los que se imponen abstinencias de carne y hasta de pescado no para unos días al año, sino para toda su entera vida.

Muchos son los que se ríen de esa invitación de la Iglesia a ofrecer nuestros esfuerzos y pequeños sacrificios personales por esta o aquella causa y hoy no hace falta sino salir a la calle para ver en cada esquina a hombres y mujeres extenuados, que se alivian los kilos por las calles en forma de sudor, alguno de los cuales hasta la misma vida se ha dejado en el asfalto de un ataque al corazón.

Muchos son los que se alejan del cercano confesionario y gratuito para acudir a lejanos y carísimos psicólogos a los que les cuentan prácticamente las mismas cosas que le contaban al cura.

Muchos son los que se quejan de las pequeñas penitencias que imponía un confesor en forma de tres o cuatro padrenuestros, y hoy, al argumento de “si lo hacen por nuestro bien” aceptan encantados el pago de impagables multas por cualquier estupidez.

Muchos son los que se quejan de los sermones de los curas en las iglesias, y se tragan sin embargo aburridos y soporíferos teleadoctrinarios cada día en los que les dicen como tienen que pensar y que actuar.

Muchos son los que se quejan de que a los que no comulgaban con el credo común les llamaran herejes, pero ellos llaman “fascista” al que diverge en lo más mínimo, y aún tienen todo un arsenal de calificativos descalificadores para cada caso en particular (machista, homófobo, racista, catastrofista…).

Muchos son los que se ríen de las nutridas procesiones para pedir que lloviera o finalizara una epidemia, y hoy no son menos los que hacen lo mismo y con la misma finalidad en forma de manifestación contra el Gobierno, como si sirviera para algo.

Muchos son los que se ríen de la vida eterna, y cada vez que ven desaparecer a alguien querido o cercano expresan ideas como “vivirás eternamente en mi corazón”, “te veo en el arco iris”, “donde quiera que estés, porque en algún sitio estás…” y otras cursiladas por el estilo.

Muchos son los que deploran dedicar una oración tan bella como el padrenuestro para recordar a una persona fallecida, pero aceptan de buen grado pasar en silencio ese mismo minuto que se tarda en recitar un padrenuestro.

Muchos son los que se niegan a acudir a preciosas procesiones con expresiones escultóricas y musicales de elevadísima calidad artística, para acudir en cambio a carnavaladas del peor gusto con escenas que llegan a ser desagradables y alejadas de toda estética entre insoportables ruidos y olores.

Muchos son los que desean excluir de la vida pública toda expresión religiosa tradicional, imponiendo en su lugar una supuesta imparcialidad estatal a la que llaman aconfesionalidad, que no es sino la religiosa imposición de los principios religiosos del puritanismo laico o ateísmo.

Bautismos laicos, primeras comuniones laicas, casamientos laicos celebrados en oscuras salas municipales en lugar de hacerlo en bellísimas iglesias, ¡hasta confirmaciones laicas últimamente!… Como ven, nada nuevo bajo el sol. Los usos siguen siendo los mismos, eso, la verdad, “no hay Dios” que lo cambie. Lo único es que ya no se hacen por el Dios de toda la vida, el que nos unía a todos en la fe y en la esperanza, ¡por Dios, qué antigualla, que horterada! sino por el “nuevo dios”, un ser amorfo e indeterminado a caballo entre el Dios-Estado, el Dios-Yo y el Dios-Cuerpo. Y es que a fin de cuentas, ni eso ha cambiado, y hasta al mismísimo Dios uno y trino seguimos adorando, aunque sus personas no se llamen ya Padre, Hijo y Espíritu Santo, sino más bien Estado, Yo y Cuerpo.

Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *