El Papa y la justicia. ¿Dictar sentencia con una encíclica bajo el brazo?

¿Dictar sentencia con una encíclica bajo el brazo? Se puede. Al menos así está ocurriendo ya en Argentina. “Laudato Si”, la emblemática carta de Francisco sobre la casa común, se ha convertido en una referencia no sólo de científicos y ambientalistas alrededor del mundo. Muchos jueces la leen y meditan e, incluso, varios de ellos la han citado en sus fallos. Consideran a ese documento como un respaldo moral a su trabajo. Y rechazan cualquier tipo de injerencia del Papa que, más allá de ser un líder religioso, consideran -sobre todo- “un estadista”.

“La mayoría de los jueces toman en cuenta a ‘Laudato Si’. Al grado que este año fue citada dos veces en la apertura del año judicial por el presidente de la Corte Suprema de Justicia”, confesó en entrevista con el Vatican Insider Ariel Lijo, titular del Juzgado Criminal y Correccional Federal número 4 de Argentina.

Entusiasta del “respaldo fenomenal” que la encíclica ha brindado a jueces y fiscales, destacó su “gran influencia”. Sobre todo, dijo, porque apunta al corazón del conflicto, que es generar conciencia. Si bien no establece recetas preconcebidas, la palabra del Papa ha dado “enorme legitimidad” a quienes han decidido avanzar contra los estragos ambientales y responder con acciones significativas, incluso desde la justicia.

“Si bien desalienta las prácticas, lo importante es que legitima a quienes se ocupan de esas cuestiones, más allá de ser un apoyo espiritual. El Papa es efectivo primero porque sabe de lo que habla y, segundo, porque no se queda en generalidades. Es un apoyo formal que da mucha fortaleza a los que vamos para adelante”, insistió.

En respuesta a quienes, en su país natal, acusan a Francisco de “injerencia” en la justicia por recibir a jueces o asistir a encuentros con magistrados, Lijo aclaró que el pontífice expresa su opinión “como un estadista”, mientras sus declaraciones “no están dirigidas a una sola persona”, no pide que “se persiga a un determinado sector” o “que un juez particular haga tal o cual cosa”.

“Como contraparte pone sobre la mesa y le echa luz a varios conflictos que son tragedias sociales, como la esclavitud, la trata de personas y qué mundo le vamos a dejar a nuestros hijos, porque si seguimos así no va a quedar nada. No es ni una intromisión ni nada que se le parezca, además porque habla de fenómenos globales. Él menciona crisis generales y pide que nos ocupemos de lo que está pasando, por eso no se puede hablar de injerencia”, insistió.

Lijo y otros jueces federales participaron hace apenas 15 días del VI Congreso de la Red Nacional Antimafia de Argentina. Una manifestación que existe, en buena parte, gracias al empuje de Jorge Mario Bergoglio. En enero de 2013, aún cuando la renuncia de Benedicto XVI al papado resultaba insospechable, el entonces arzobispo de Buenos Aires daba su visto bueno a la realización de encuentros de la incipiente Red Nacional Antimafia. Y lo hizo, incluso, palomeando sobre un papel la lista de los posibles invitados a aquel primer congreso.

La idea había surgido de conversaciones con uno de sus hombres más cercanos, Gustavo Vera, referente de la organización de lucha por los derechos humanos La Alameda y del partido Bien Común. Inspirados en la asociación italiana Libera contra las mafias, se pusieron como meta articular organismos de toda Argentina que combatan la corrupción y la delincuencia enquistada a todos los niveles de la sociedad.

El juez Lijo recordó que cuando todavía era obispo de Buenos Aires, Bergoglio empujó con fuerza la lucha contra la trata de personas. Pero ese llamado de atención del pastor requirió un cambio cultural, porque la misma justicia era capaz de echar para atrás los procesos por tráfico de personas.

“Los primeros casos que tuvimos nosotros, y en los cuales avanzábamos sobre asuntos de trata laboral o sexual, los tribunales superiores los revocaron porque pensaban que teníamos una cruzada moral. Tuvimos que pasar por un cambio en la conducta porque no se percibía como algo malo. Se veía más bien como divertido ir a ciudades que tuvieran prostíbulos en forma de discoteca. En el caso de explotación laboral los tribunales superiores decían que las víctimas estaban mejor acá que en sus lugares de origen”, precisó.

Por eso, consideró como un “respaldo fenomenal” que el Papa alce la voz contra estas injusticias. Destacó la importancia no sólo de sus dichos, sino de sus acciones, y catalogó como “un bálsamo increíble” el discurso del pontífice durante el encuentro internacional de jueces y fiscales, en junio de 2016, en la Casina Pío IV del Vaticano.

En ese encuentro Lijo estuvo presente, junto con una abultada delegación argentina de la cual formó parte otro juez federal, Sebastián Casanello, entre otras cosas responsable del procesamiento a varios ex secretarios de Medio Ambiente de Argentina por haber violado la Ley de Glaciares producto de los derrames de una propiedad de la multinacional Barrick Gold. En su fallo, Casanello incluyó una cita de “Laudato Si”. Y quisieron recusarlo por ello.

Otro juez que participó en el Congreso Antimafia fue Alejandro Slokar, presidente de la Cámara de Casación. También en entrevista, consideró que el Papa “es una referencia ineludible” porque tiene un mensaje “bastante claro y explícito” sobre la misión de los agentes judiciales en la sociedad. Pero, sobre todo, porque él mismo asume un compromiso personal cuando visita las cárceles y lava los pies de presos, sin importar la procedencia de cada uno de ellos.

“Permanentemente hace alusión a la cultura del descarte, se pregunta cómo rechazar esa cultura y eso nos impone una carga, un deber de reconocer la dignidad y la condición de ser humano de aquel sujeto que debe responder ante el sistema judicial. Ese es un mensaje no sólo valioso sino indispensable para todo juez penal”, sostuvo.

Destacó que el pontífice “es categórico” sobre su oposición a la pena de muerte y, al mismo tiempo, rechaza la aplicación de condenas de encierro permanente que se traducen en una “muerte social en vida” o pueden asimilarse a una “pena de muerte extrajudicial”.

Insistió que Francisco no cree en la “vía del endurecimiento de las penas”, porque considera que “más penas durante más tiempo, no necesariamente se está atendiendo el problema de fondo”. Aclaró, al mismo tiempo, que sería un grave error tacharlo de “abolicionista” porque, al contrario, él pide que se respeten los derechos de las víctimas pero advierte que estos no se pueden sostener mediante una “reacción desproporcionada” que anule los derechos de los imputados.

“El Papa es vanguardia, va más allá de los penalistas. Soy reacio a interpretar todo eso como una injerencia; el Papa, insisto, es una referencia ineludible del orden universal, de cualquier ámbito y respecto de cualquier sector es una terminal indispensable. Rescatar los valores de una justicia más humana, para nuestro rubro lo hace mucho más trascendente”, ponderó.

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