El Papa encarga a Cupich organizar el encuentro episcopal sobre abusos

Carlos Esteban / InfoVaticana

Su Santidad ha nombrado al cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, miembro de un comité de tres obispos y un sacerdote que organizarán la cumbre vaticana del próximo febrero para tratar sobre los abusos sexuales del clero.

En vísperas de la reciente asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos cayó como una bomba el veto, comunicado apenas 24 horas antes de su inicio, de votar dos medidas ya preparadas para combatir la plaga de abusos y encubrimientos de abusos que asola la iglesia americana.

La orden venía directamente de la Congregación para los Obispos, y el pretexto era que sería mejor esperar a la reunión extraordinaria de febrero, dedicada monográficamente a este asunto, para aplicar métodos iguales a toda la Iglesia, aunque en esas mismas fechas las conferencias de Francia e Italia aprobaban sus propias medidas al respecto.

Al malestar causado por la súbita prohibición se suma ahora la noticia de que Cupich, el cardenal ascendido por recomendación del pederasta McCarrick y el único que habló a favor del veto en la asamblea de obispos, es la persona elegida por Roma para organizar la reunión de febrero junto al cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay, el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, y el jesuita padre Hanz Zollner, presidente del Centro para la Protección de Menores en la Pontificia Universidad Gregoriana.

Los fieles críticos con la inacción vaticana ante las noticias de abusos que han estallado este verano pasado ven este nombramiento como una evidencia de que Roma quiere a toda costa disociar los abusos de lo que, estudio tras estudio, muestra como una de sus causas principales: la vasta infiltración de homosexuales en las filas del clero.

En su algo tardía reacción primera, la carta al pueblo de Dios, el Papa se apresuró a encontrar un culpable, el ‘clericalismo’, y obvió toda referencia al elefante rosa en la sala de estar. El propio Cupich fue más lejos, declarando expresamente que la homosexualidad no era un factor significativo en los abusos, pese a que más del ochenta por ciento de las víctimas fueran varones, e incluso disculpó la inacción vaticana alegando que la Curia tiene “una agencia más amplia”, citando el medio ambiente y la inmigración.

Scicluna, por su parte, se supone que es un experto en estas lides. Recibió en 2002 el encargo de Joseph Ratzinger, entonces prefecto para la Doctrina de la Fe, de investigar casos de abusos sexuales a menores por parte de los clérigos, y fue quien se ocupó, en 2005 por orden del mismo Ratzinger, de dirigir la investigación contra el fundador de los Legionarios de Cristo, padre Marcel Maciel.

Francisco ha seguido empleándole en este cometido, y el pasado febrero fue enviado a Chile a investigar acusaciones de que Juan Barros, nombrado por el propio Francisco obispo de Osorno contra el parecer de una mayoría de obispos chilenos, había sido connivente y testigo pasivo en el abuso de niños por su entonces mentor, el notorio pedófilo padre Fernando Karadima.

La investigación realizada por Scicluna llevó a que el Papa aceptara al fin la renuncia de Barros. Recientemente, el Papa ha nombrado a Scicluna secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ahora encargada de este tipo de casos. Scicluna respaldó para Malta la interpretación pastoral más abierta de la exortación Amoris Laetitia.

Zollner, miembro de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, tiene fama de ser hombre que se toma muy en serio los casos de abusos a menores.

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